Todo aquello que soñamos ser Capítulo 20
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Capítulo 20

Gala

A veces una persona mete la pata hasta el fondo y no es plenamente consciente.

Créeme: yo lo soy. Desde el segundo en el que mis labios y los de Naisha se juntaron, me di cuenta de que la había cagado.

Kyle rehuyó mi mirada hasta que nos fuimos y ¿quién soy yo para juzgarlo?

Si hubiera sucedido al revés y fuera él quien hubiera besado a Candy, probablemente ya habría quemado Bibury entero.

Una forma muy sana de lidiar con tus emociones, sí, señor Tengo el estómago revuelto desde que beso a Naisha hasta que volvemos a casa.

Mis ojos siguen a Kyle allá a donde vaya, buscando una sola mirada que me confirme que no la he cagado. No la hay, porque no me la merezco.

Soy muy consciente de cómo el chico se ha levantado y Candy ha ido tras él.

Lo que han llegado a hablar… No quiero saberlo.

Si se confirman mis peores temores, ella le habrá confesado sus sentimientos y él le habrá confirmado que le corresponde.

Es más, seguro que mis actos lo han lanzado directo a los brazos de la chica.

Intento consolarme con que, al menos, existe alguien que le puede dar a Kyle todo lo que desea.

Si ese alguien no soy yo, creo que ella no es mala candidata. Seguro que serán muy felices juntos.

«Bésame», la palabra que nunca llegué a decirle vuelve a mí con la fuerza de un huracán.

Ya empiezo a divisar la casa de piedra donde nos alojamos cuando oigo a Candy preguntarle a Naisha si se quedará a dormir.

«¡No!», quiero gritar, pero mi garganta se asemeja demasiado a una lija como para permitirme hablar.

—Has bebido, no sería recomendable que condujeras.

Naisha sacude la cabeza. Quizá en otra ocasión me gustaría por dónde van los tiros, pero no ahora.

Candy sigue obcecada con que me atrae la becaria y no parará hasta conseguir que pase algo más entre nosotras.

Creo que, en el fondo, solo lo hace para ser mi amiga.

Lo lleva intentando desde el primer día y yo me he negado en rotundo.

—Puedes dormir en mi cama —digo yo.

Tardo más de lo necesario en procesar mis palabras y para entonces todas las miradas están puestas en mí. Levanto las palmas de las manos a modo de defensa.

—¡No, no! —Noto el calor en mis mejillas—. Me refería a que puede usar mi cama… Dios, suena fatal. —Naisha arquea una ceja—. O sea, que yo me voy a dormir al sofá y te dejo mi cama.

Genial, Gala, te has lucido .

—No te preocupes, dormiré en el sofá —responde Naisha.

—¿Seguro?

Ella se encoge de hombros. Me estremezco cuando clava sus ojos en mí.

Esto —lo que sea que causa Naisha en mí— está tan mal.

El hecho de que, nada más entrar, Kyle se dirija a su dormitorio sin siquiera despedirse me lo confirma.

Mis pies empiezan a andar solos en su dirección, pero tengo que retenerme.

«Él quiere estar con Candy, Candy quiere estar con él —me recuerdo—.

Lo de ayer no significó nada». No obstante, cuando miro a la pelirroja, esta parece más distraída que de costumbre.

Se enreda un mechón en el dedo y sus labios, que están eternamente curvados, forman una tímida mueca.

—Hagamos una noche de chicas —sugiere Candy de repente, sonriendo como una estrella. Si me fijo en su mirada, sin embargo, percibo que sus ojos no acompañan al gesto—. Podemos usar mascarillas y ver una película tonta… ¡Por favor!

Naisha y yo intercambiamos una mirada de circunstancias.

Tampoco es que tenga nada mejor que hacer y no creo que a la morena le haga especial ilusión dormir en el sofá.

Quizá esto es justo lo que necesito, lo que he estado buscando toda mi vida: un lugar al que pertenecer.

Un grupo de amigas a quienes pueda considerar familia —como también consideraba a Kyle—, que me escuchen o me distraigan del malestar.

Y quizás también es el mejor incentivo para dejar de pensar en el puto beso y en los remordimientos que me carcomen.

—Vale, veamos El diario de Bridget Jones —acepto.

—¡Bien!

Así es como termino haciendo una rutina de skincare con Naisha y Candy.

Al parecer, la segunda es una experta en el tema y nos cuenta todos sus trucos.

Nos aplicamos las mascarillas con olor a sandía mientras suena una playlist de Candy de fondo, la cual está plagada de temas de One Direction.

No es lo que yo habría elegido, pero reconozco que empiezo a tararear algunas de las canciones más pegadizas sin darme cuenta.

—¿Puedo? —Al cabo de un rato, señalo el móvil de la chica.

—¡Claro!

Candy extiende las manos para que Naisha le pinte las uñas.

No me imaginaba haciendo esto una noche de sábado, pero resulta reconfortante después de una semana llena de agobios.

Nunca he sido una chica de demasiados amigos.

Kyle fue mi relación más duradera e incluso esta se terminó.

En el instituto y en la carrera me llevaba con algunos compañeros, pero nuestra amistad no trascendió.

Si obviamos el estúpido beso, tal y como Naisha y yo estamos haciendo ahora, puede que esta se convierta en una noche memorable.

Analizo la lista de reproducción de Candy y me termino decantando por poner mi propia música.

Pulso en «THANK U» de Ateez y me animo al instante.

Naisha no me mira, pero sonríe de lado mientras sigue con su tarea.

Me recuesto sobre la cama y me pongo a ojear Pinterest a la vez que tarareo la canción.

No se me pasa por alto cómo Naisha y Candy mueven la cabeza al ritmo de la música.

—¡Mira! —Candy me enseña sus uñas a juego con el color de su cabello.

—Te pegan —digo con total sinceridad.

—¿Quieres que te las pinte a ti? —pregunta Naisha.

—Oh, mm… —Le echo un vistazo a el poco negro que todavía tengo en mis uñas—. Vale.

Naisha revisa todos los pintauñas que ha traído Candy, los cuales ocupan gran parte de la repisa de la ventana ahora mismo.

Escoge uno verde y me lo enseña con expresión interrogante.

Le tiendo mi mano a forma de visto bueno.

Naisha, muy concentrada, cambia el negro descascarillado por un verde menta.

Aprovecho que Candy está distraída con su móvil para agacharme y susurrar:

—Estamos bien con lo del beso, ¿no?

Naisha apenas alza la mirada un par de segundos, pero solo eso basta para que me ponga nerviosa a más no poder.

—Claro, solo fue un estúpido juego.

—Sí, solo eso —coincido, aunque los retortijones de mi estómago dicen todo lo contrario. La mirada dolida de Kyle también.

—Así que te gusta Ateez, ¿eh? —dice para cambiar de tema, con lo cual me siento mucho más tranquila.

Sonrío ampliamente.

—Sí, ¿quién es tu bias ?

—Hong Joong.

—¡El mío también!

Me invade tal alegría que Naisha suelta una carcajada.

Candy, quien no entiende de qué hablamos, esboza una tímida sonrisa.

Le digo que busque una foto del grupo en internet para que se sienta incluida en la conversación.

Mientras Naisha termina de pintar mis uñas le explicamos con todo detalle los miembros de Ateez.

Me siento bien conmigo misma, integrada.

Me siento tan bien que por poco se me olvida los sucesos de esta tarde y cómo he fastidiado lo que fuera que estaba comenzando a resurgir con Kyle.

Sacudo la cabeza. No pienses en eso ahora.

Disfruta de la única vez en la vida en la que vas a tener amigas .

Claro que, de tener amigas de verdad, podría contarles mis idas y venidas con el chico.

Cómo supo decirme las palabras exactas para calmarme aquel primer verano en Londres.

Cómo siempre sabe qué decir para animarme.

Cómo gracias a él floreció mi pasión por la escritura.

Cómo nos encontramos en una encrucijada de sentimientos.

Pero no puedo hacerlo. Para empezar, no se me ocurrió mejor idea que besar a Naisha cuando mis labios estaban deseando probar los de otra persona.

Y, por si fuera poco, el hecho de que Candy se sienta atraída por Kyle no ayuda en absoluto, mucho menos cuando sé que a él también le atrae la chica.

Al final este retiro sí que se va a convertir en Gran Hermano .

Poco después ponemos El diario de Bridget Jones de fondo.

Mi yo de hace una semana se quedaría atónita al ver la escena que se forma: Naisha, Candy y yo compartiendo una cama, riendo como si nos conociéramos de toda la vida, con moños desechos y rutinas de skincare .

Tengo que contener las lágrimas que pugnan por salir.

Si me preguntaran qué deseo en la vida, esta estampa no se me pasaría por la cabeza en un primer momento.

Sin embargo, me doy cuenta de que es lo que anhelo desde hace mucho tiempo: no estar sola.

«No seas tan dura contigo misma. Ni con los demás, ellos no tienen la culpa», me dijo Maude, y pienso hacerle caso.

«Apóyate en los demás», me aconsejó Gabriel, y pienso hacerle caso.

No puedo borrar cómo me he portado con Candy hasta ahora, pero quiero compensarlo todo lo posible.

Quiero estar ahí para ella, a pesar del dolor que me cause su relación con Kyle.

Candy se queda dormida poco antes del final de la película. Noto cómo Naisha se recuesta en la cama, más cerca de mí. Intento concentrarme en los personajes —ahora está a punto de venir una escena que me encanta—, pero mi cuerpo solo es capaz de pensar en Naisha.

—¿Eres de las que piensan que esta película es un insulto a Orgullo y prejuicio ? —pregunta ella inclinándose hacia mí.

—Me ofendes —replico de forma exagerada—. Es una obra maestra, por supuesto.

Naisha ríe. Cada vez está más cerca y mi cabeza no para de dar vueltas. Salto de la cama como si tuviera un resorte. Naisha me contempla con una expresión indescifrable.

—¿Apago la luz?

—Eh… vale. —Se remueve, incómoda—. ¿Quieres que me vaya?

—No —digo con un hilo de voz.