Capítulo 18
Gala
He tenido una noche horrible. Me he despertado cada hora angustiada porque en mi cabeza no paraban de repetirse las imágenes de la tarde anterior en el lago.
Cuando cerraba los ojos y conseguía dormir, Kyle se me aparecía en sueños.
La palabra «bésame» me ardía en la punta de la lengua.
No he parado de dar vueltas, lo que empieza a convertirse en costumbre. Mi corazón latiendo desbocado también.
El sábado amanezco agotada. Para sorpresa de nadie, Candy se ha levantado antes que yo, aunque esta vez las cortinas están cerradas para que no me llegue tanta luz.
No me molesto en mirar mi móvil, pues estoy intentando no hacerle demasiado caso.
En lugar de lo que solía hacer antes —perderme en las profundidades de internet—, me desperezo.
Echo un vistazo rápido a través de las ventanas.
No sé ni qué hora es, pero el sol ya brilla con fuerza en el cielo.
Estamos teniendo unos días de lujo, llegando a temperaturas sorprendentemente elevadas.
La Gala de diez años se asombraría al ver lo poco que está lloviendo en Reino Unido.
Cuando me siento un poco más persona, me percato de que hay una nota en mi mesilla.
Frunzo el ceño mientras la tomo entre mis manos y leo: «Parece que hoy es un día importante :)».
Pero ¿qué…? Me pongo en pie y descubro que hay otra nota pegada en el armario: «Puede que hoy pase algo interesante, ¿qué ropa te vas a poner?
». Y no es la única nota, pues también hay otra en la puerta de la habitación: «¿Estás lista? ».
Se me para el corazón. Recuerdo lo que me dijo Candy ayer, eso de que le hacía ojitos a alguien.
Maude está al tanto de mis sentimientos por Kyle; da igual lo mucho que lo haya negado, juro que esa mujer me lee la mente.
¿Es tan obvio como para que Candy también lo haya notado?
La respuesta es evidente: sí. Entonces, ¿qué pretende ahora con todas estas notitas?
¿Acaso va a hablar con Kyle? Salgo corriendo del dormitorio al imaginarme la situación.
Salto las escaleras de dos en dos, pero al llegar al final me tropiezo y me doy contra el suelo.
—¡Au, mierda!
Como era de esperar, mi grito atrae a todos los presentes. Candy y Kyle salen de la cocina, alarmados, mientras que Rebecca se asoma desde el salón los segundos suficientes como para comprobar que no me he matado. Es Candy quien se agacha para ayudar a que me ponga en pie.
—¿Estás bien?
—Sí, todo perfecto. No os preocupéis.
—¿A dónde ibas con tanta prisa? —inquiere Candy.
Me aclaro la garganta intentando ganar algo de tiempo. Dos pares de ojos me observan con suma curiosidad.
—A correr —suelto lo primero que se me ocurre.
Kyle me analiza. Su mirada me recorre de arriba abajo con lentitud, lo que me pone tan nerviosa que, una vez más, vuelvo a pensar en el casi beso.
Madre mía, ¿en qué estaba pensando? Me tiemblan las piernas al recordar cómo estas se enredaron en torno a su cintura y, a juzgar por el fulgor de sus ojos, él también se acuerda.
Se humedece el labio inferior con la lengua, todavía sin desviar la vista de mí.
Solo entonces caigo en que llevo una camiseta de Ateez que apenas me llega a los muslos.
Por un momento, me siento más desnuda que ayer en el lago.
«¿Vas a decir algo?», quiero preguntarle.
Sé que no lo hará, como tampoco yo. Lo he tachado de cobarde muchas veces, pero yo soy la que siempre huye despavorida.
Si bien hemos acordado que fingir odiarnos es una pérdida de tiempo, parece que hemos pactado de forma silenciosa el fingir que nada sucedió ayer.
Por el bien de mi cordura, se lo agradezco.
—¿Vas a correr solo con eso? —pregunta Kyle tras unos instantes—. ¿Y descalza?
Candy se ríe y le da una palmadita en el brazo.
—Esto es por mis notas, ¿no?
La miro, alarmada. ¿No se supone que eso debería ser secreto, sobre todo teniendo en cuenta que Kyle está frente a nosotras? Candy no deja de reír.
—Lo siento si te he puesto demasiado nerviosa. Quería tener un detalle divertido.
—¿A qué te refieres? —interviene Kyle, intrigado.
—¡A nada! —exclamo alzando las manos para detenerle—. Cosas de chicas.
—Eso es, no te metas —añade Candy con diversión.
Suspiro aliviada. Estoy a punto de dar por terminada la conversación y anunciar que voy a hacerme el desayuno.
Sin embargo, la vida tiene otros planes para mí.
La puerta principal se abre, dando paso a una apurada Naisha.
Carga con tres bolsas de la compra y muestra una expresión de pocos amigos.
Candy es la primera en reaccionar y coger una de las bolsas.
—Buenos días, experimento social —nos saluda, tan agradable como siempre.
Kyle y yo seguimos a ambas chicas a la cocina para ayudarlas a ordenar la compra. Coloco un par de cosas en la nevera y en la despensa, pero algo me dice que estoy demasiado distraída cuando Naisha me riñe por poner los yogures en un cajón y la pasta en el frigorífico.
—No la culpes demasiado, Naisha —comenta Candy con una sonrisa de oreja a oreja—. Está un poco dispersa hoy.
—Pero ¿qué dices? —replico, alterada. Tomo aire antes de volver a hablar—. Estoy perfectamente.
Candy me guiña un ojo, ¿y qué narices debo interpretar de eso? Vuelvo a mis quehaceres y saco una botella de vino de la bolsa. Me giro en dirección a Naisha, botella en mano.
—¿Esto es algún tipo de broma?
Los penosos recuerdos de mi noche de borrachera me invaden.
Lo peor no fue solo hacer el ridículo frente a mis compañeros, sino frente a todo internet.
Esas imágenes me van a perseguir toda la vida, sumadas a la fantástica foto con Kyle y los bellísimos comentarios que he recibido desde entonces.
Una gran manera de ganarme la aprobación del público y tener contenta a la editorial con mi presencia en redes.
—Ah, perdona. —Naisha me arrebata la botella—. Eso es para mí. Necesito una noche de sábado tranquila.
Se echa el pelo hacia atrás, dejando un rastro de aroma frutal.
Mientras la observo, me pregunto a qué se referirá con «tranquila».
Quizá, como yo, se dedique a buscar fanfics de coreanos muy fuera de su alcance a las tres de la mañana.
¿Mis esenciales para trasnochar? Archive of Our Own y una tarrina gigantesca de helado.
—¿Qué planes tienes? —pregunto tratando de sonar amigable.
Me analiza con la mirada, como si debatiera si merece la pena contármelo o no. Se rasca la barbilla y me fijo en que se ha hecho las uñas en colores pastel, cada una de un tono. Las mías están hechas un desastre, con todo el negro descascarillado.
—No mucho, en realidad. —Se encoge de hombros—. Quería grabar un par de vídeos de vuestra vida en el maravilloso retiro Blissbridge —dice con ironía—. Luego iré a casa a beberme una botella de vino, cenar cereales y muy probablemente volver a ver El diario de Bridget Jones .
—¿Y por qué no pasas la tarde con nosotros? —sugiere Candy.
Naisha y yo rompemos el contacto visual. Observa detenidamente a la pelirroja para después sacudir la cabeza. Candy, en cambio, se gira hacia mí para dedicarme una mirada sugerente.
—Qué va —responde Naisha.
No obstante, hay algo en su voz —un tinte de tristeza, quizás— que me hace pensar que sí quiere quedarse.
—Bueno, cuanto antes me ponga a grabar los vídeos, antes termino —resuelve Naisha—. Haced como que estáis desayunando.
—Es que estábamos desayunando —musita Kyle.
Naisha pasa la mañana sacando tomas de nuestra vida.
Graba a los que escriben en el porche, a Maude leyendo tranquilamente en el salón, a Rebecca haciendo un vídeo de Tik Tok…
Y, para mi sorpresa, también me saca a mí.
Siento su presencia mientras miro de forma distraída por la ventana en busca de una inspiración que no llega.
Si bien creía que me sentiría menos incómoda cuando Naisha se va a grabar a otro lado, no es para nada cierto.
Dejo que mis pies se muevan sin pensar. Termino en la cocina, echando un vistazo a los ingredientes de los que dispongo.
Sonrío al reparar en que Naisha no se ha olvidado de renovar mis provisiones de tofu.
De repente, una receta de mi padre me viene a la mente.
Junto todo lo que necesito sobre la encimera y me pongo manos a la obra.
Estoy tan concentrada que no me doy cuenta de cuando Naisha entra en la cocina.
Me dedico a remover la salsa de tofu y champiñones en la sartén mientras espero a que se cuezan los espaguetis.
Cuando le dije a mi padre que quería ser vegetariana se volcó de lleno: preparó una lista de las mejores recetas y cada día probaba a hacer una con mi ayuda.
De hecho, hasta se abrió un blog para recomendar sus favoritas.
Jamás podré competir con su talento, pero este plato de pasta con crema de tofu y champiñones es bastante sencillo como para hacerlo mal.
—Aquí tenemos a Gordon Ramsay en plena faena —bromea Naisha, todavía grabando.
Me llevo una mano al corazón fingiendo humildad. Por una vez, Naisha parece relajada, dejándose llevar por lo divertido de la situación.
—Gala Hughes. —Hago una reverencia en dirección a la cámara—. Hija de Robert Hughes, el mejor cocinero de Londres. Acompáñenme en este viaje de sabores…
Naisha ríe, lo que me hace detenerme. Una sonrisa se dibuja en mis labios.
Es mucho más guapa cuando se deshace de la fachada de tía dura.
Sin embargo, se me van los ojos al ver pasar a Kyle por detrás.
Sube hacia su habitación, ni siquiera se gira hacia nosotras, pero mi corazón se salta un latido.
Dímelo . Aferro el mango de la sartén con fuerza.
El «bésame» sigue ardiendo en mi lengua.
La chica corta el vídeo y se guarda el móvil en el bolsillo. A continuación, se asoma para ver el contenido de la sartén.
—Huele muy bien.
—¿Quieres quedarte a comer? —las palabras salen de mi boca, imparables.