Todo aquello que soñamos ser Capítulo 14
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Capítulo 14

Gala

«Yo apuesto por ellos en el #RetiroBlissbridge».

«¿Pareja a la vista?».

«Queda instaurado el shippeo #Kandy».

«Más que un retiro de escritores parece un Gran Hermano cutre. Estoy dentrísimo ».

Esos han sido algunos de los comentarios de la publicación de Kyle.

Sí, de Kyle. Ese que apenas comparte nada en redes sociales ha decidido que su primer post esté dedicado a la pelirroja.

Cero rencor por mi parte, ¿eh? Estoy muy tranquila.

Ja, no te lo crees ni tú . Y para más inri, Candy ha compartido la imagen en su cuenta, la cual, por supuesto, me he metido a cotillear.

No la he seguido todavía y no sé si debería.

Indago a través de la cantidad ingente de comentarios mientras me muerdo las uñas.

La mayoría de ellos dicen que les gusta la pareja que hacen Kyle y Candy, cosa que me pone de los nervios.

Pero no debería, ¿no?

Kyle era mi mejor amigo, nada más. Siempre fue eso. Si hubiera querido que fuera más allá, habría dado el paso.

Además, lo escuché perfectamente: le confesó a Tom que su prototipo de chica es Candy. Nunca lo fue durante nuestra amistad, siempre me decía que le gustaban las morenas, pero todos cambiamos, supongo.

Así pues, el miércoles por la mañana, tras volver de mi sesión de running matutina y después de la ducha pertinente, me dispongo a unirme a los demás en el porche.

Según salgo del baño, sin embargo, algo capto la atención.

No algo, alguien . Una voz estridente que reconozco muy bien y…

¿unos sollozos? La puerta de la habitación de Rebecca está entreabierta y a través de ella se cuela el llanto de la influencer .

—¡Estoy aquí por mis propios méritos! —Debe de estar hablando por teléfono, porque aguarda en respuesta de otra persona. No debería cotillear, pero ¡venga ya! Creo que me lo merezco por que subiera mis fotos borracha—. Eso es lo que tú quieres, Aria.

Aria… ¿de qué me suena ese nombre? Intento hacer memoria, aunque soy pésima para los nombres.

Me acerco un poco más a la puerta, apenas unos centímetros, y veo a Rebecca tirada sobre la cama.

Si bien podría haber pensado en un principio que eran lágrimas de cocodrilo, su aspecto me indica todo lo contrario.

Sigue con el pijama y tiene el cabello revuelto.

En su rostro todavía no hay ni una gota de maquillaje, pero, de haberla, se le habría corrido con el torrente de lágrimas que emanan sus ojos.

—Ser mi hermana no te da derecho a organizar mi vida. —Su hermana, ¡claro! Tom me dijo que ambas eran influencers —. ¡Si me da la gana de escribir un libro lo escribiré! —Otra respuesta que no alcanzo a escuchar. Contengo la respiración—. ¡No te necesito!

Oigo unos pasos subiendo por las escaleras, así que me resguardo en mi habitación a toda prisa.

Cuento sesenta segundos y me vuelvo a asomar, pero descubro que la habitación de Rebecca tiene la puerta cerrada.

El corazón me late con fuerza, consciente de lo mal que está lo que acabo de hacer.

No obstante, una pequeña parte de mí se alegra por haber visto a la influencer en esa tesitura: siendo humana.

Una persona capaz de sufrir y llorar como yo, alguien que tal vez también está en este retiro huyendo de sus problemas.

Todavía dándole vueltas al asunto, me encamino a la planta baja para instalarme junto al grupo habitual.

Candy se anima al verme —lo cual sigo sin entender, porque no le he dado ni un solo motivo para caerle bien—, Tom sonríe y Maude palmea el asiento a su lado.

Suspiro. Tal vez esto no es tan difícil.

Sin duda, puedo hacer como que estas personas me caen lo suficientemente bien como para subir una foto con ellas.

Hoy no están ni Kyle ni Dennis por ninguna parte. Mejor.

—¡Justo a tiempo, Gala! —exclama la pelirroja—. Estábamos diciendo que estaría bien hacer una excursión para ver la zona. Puede ser muy inspirador, ¿no crees?

¿Para qué? ¿Para hacerte más fotos con Kyle y que se crean que sois pareja?

Me muerdo la lengua. «Controla la chispa —me digo—.

No hagas un incendio de todo esto». Antes de contestar, inspiro hondo.

Maude me regala una sonrisa alentadora y se me revuelven las tripas al pensar en defraudarla.

Me conoce de escasos días y, hasta el momento, solo le he dado excusas para no querer verme ni en pintura.

Debería detestarme, todos deberían hacerlo, pero sigue siendo amable conmigo. Y Candy, pese a todo, también.

—Seguro que sí —termino respondiendo.

Enciendo mi ordenador y espero una eternidad hasta que arranca, haciendo ese ruido infernal que deben de escuchar todos los habitantes de Bibury.

No puedo evitar pensar en el comentario que hizo Kyle hace unos días.

Una tontería como «sigue pareciendo que va a estallar» es suficiente para hacer temblar mis cimientos.

¿Cómo se atreve a decirle a Tom que solo nos conocemos de vista después de eso?

No soy capaz de enfrentarme a mi Word en blanco.

Buceo entre las carpetas del ordenador y mis ojos se detienen en una que hacía mucho tiempo que no abría.

Noto un nudo en la garganta. El simple hecho de cliquear en ella parece un delito.

Trago saliva antes de pinchar en la carpeta que reza: «Proyecto Cinco Reinos».

Miro a ambos lados para asegurarme de que nadie se está fijando en mí.

Por el contrario, Candy sigue parloteando sobre la excursión con Maude y Tom.

El corazón me va a mil según leo la primera página del documento.

La profecía de los cinco reinos

Gala Hughes

Kyle Walker

Tomo aire para leer el prólogo. Hace exactamente dos años que no leo estas palabras que tanto daño causaron en su momento.

Prólogo

Allá donde no se distinguen montaña y mar, donde el canto de los pájaros es la melodía que acompaña a los viajeros, donde una vez la magia fue testigo de guerras y pasiones…, allá existen cinco reinos.

Cierro el ordenador con tanta fuerza que temo haberlo roto. El corazón me palpita tan fuerte que lo noto en los oídos.

—¿Gala? —me llama Candy, preocupada.

Me aclaro la garganta.

—Perdona, mi proyecto me tenía absorta.

Su mirada se ilumina y sé lo que va a decir antes de que lo haga. Debería haber puesto cualquier otra excusa.

—¿Ya has empezado? —Asiento—. ¡Cuéntanos!

—Déjame adivinar: es una distopía en la que están divididos por facciones y la protagonista es divergente —bromea Tom, lo que consigue que me relaje e incluso suelte una risita.

—Bueno, no soy muy dada a compartir mis cosas —pongo de excusa.

En ese momento Kyle sale al porche con un vaso de zumo en una mano y el portátil en la otra.

Nuestros ojos se buscan, es inevitable. Si supiera de física, desarrollaría una teoría que explicase por qué las miradas de Gala y Kyle están destinadas a encontrarse para toda la eternidad.

Es como si estuviera escrito en las estrellas.

—En fin, por ser vosotros os lo contaré —añado mientras él toma asiento. La chispa… Pero algo en mí se prende. Llámalo rencor o cobardía, podría ser cualquiera de ambas—. Es una novela de fantasía situada en un mundo mágico con cinco reinos.

Kyle se inclina hacia mí, muy interesado. Sabe lo que estoy haciendo y, por ahora, no hay resquicio de ira en su mirada, sino más bien sorpresa.

—La trama gira en torno a la magia, que les ha sido arrebatada y, según una profecía, solo una persona será capaz de recuperarla.

Durante unos segundos todo es quietud. Temo haber hablado demasiado o que les haya parecido una tontería.

Recuerdo lo mucho que me costaba crear el worldbuilding de una historia y lo bueno que era Kyle en ello.

Podía llenar páginas y páginas enteras detallando la forma de vestir de los habitantes de un reino o incluso un plato típico que ni siquiera saldría en la novela.

Así es él, lo hace todo con esmero. Por eso sé que la mirada que me dedica a continuación, esa teñida de pena, me ruega que pare.

Candy es la primera en romper el silencio.

—¡Guau! Eso es una auténtica pasada.

—Además, ahora la fantasía está en auge —comenta Tom.

—¿Y cómo se te ocurrió esa maravillosa idea? —interviene Kyle, más curioso que enfadado.

Me muerdo el labio durante unos breves instantes. «No permitas que te haga sentir pequeña», me recuerdo. Alzo la barbilla. La puta chispa, Gala…

—Simplemente se me ocurrió. Puedo ser muy ingeniosa, ¿sabes? —replico.

—Ya veo. —Se apoya en el respaldo de la silla y se cruza de brazos—. ¿No te ayudó nadie? ¿En serio?

—No.

—Increíble. ¿Ni siquiera en el worldbuilding ? Mira que es difícil construir un mundo de la nada.

No va a parar hasta hundirme y no lo pienso permitir.

No mientras mi cabeza me repita constantemente «Creo que el mundo es más sencillo si fingimos odiarnos».

¿Y si me he cansado de fingir? Tengo un punto a mi favor: sé que Kyle no admitirá que esa obra es suya.

La enterró en el pasado junto con mi amistad.

— Nope . De hecho, no me ha costado nada lo del worldbuilding . ¿Qué tal tu obra policiaca, por cierto?

Se masca la tensión. Tom alterna la mirada entre Kyle y yo, mientras que Candy se enreda un rizo en el dedo, inquieta.

—Genial, creo que la voy a hacer sobre un asesinato en un pueblo de la campiña inglesa.

—Basado en hechos reales… —musita Tom por lo bajini.

—¡Buenísima idea! —irrumpe Candy, dando una palmada para llamar nuestra atención. Si bien sus palabras indican una cosa, su expresión intranquila demuestra todo lo contrario. Sé lo que pretende: reconducir la conversación—. ¿Por qué no nos hacemos una foto trabajando en nuestras novelas?

Chasqueo la lengua. Lo que me faltaba.

—Creo que deberíamos dejarnos de tanta fotito y dedicarnos a lo que nos toca: escribir. —No hago más que soltar veneno por la boca, joder. Me voy a poner cinta americana en los labios, a ver si me callo de una vez—. Como a algunos nos gusta tanto posar…

Si no fuera ridículo, me daría cabezazos contra la mesa.

Tom abre los ojos, sumamente interesado.

Por su parte, Kyle frunce el ceño. En cuanto sume dos más dos comprenderá que mis palabras se refieren a la parejita de moda en las redes: Candy y Kyle.

En un primer momento hubiera pensado que lo peor sería recibir esa mirada acusatoria por parte de Maude.

O el hecho de que una becaria de Blissbridge haya tenido que venir a echarme la bronca como si fuera una cría.

O incluso ver la expresión dolida de Kyle, consciente de que he fingido que esa novela que tanto nos costó escribir es solo mía.

Pero no. Por muy humillantes o desalentadoras que sean esas cosas, lo peor de todo es el rostro compungido de Candy, quien garabatea en su cuaderno con desánimo. Mierda, la he cagado. Otra vez. Entreabro los labios para arreglarlo, justo cuando Rebecca hace acto de presencia.

—¡Volvemos a ser tendencia!

Me masajeo las sienes. Dadme paciencia, que no fuerza, porque creo que la mato. El recuerdo fugaz de su conversación atraviesa mi mente. Sus lágrimas, su dolor… parecían genuinos.

—¡Mira! —Rebecca le pone el móvil a Candy a centímetros de la cara. La chica tarda unos segundos en reaccionar—. ¡Kandy! ¿No es una monada?

Candy vacila sin dar con las palabras exactas. Se me encoge el corazón. Parece que tenemos algo en común: nuestra aversión por la influencer y lo poco que nos gusta ser el centro de atención. Por otro lado, Kyle suspira mientras Tom le zarandea del brazo con gran emoción.

—¡Tío, sois famosos! ¡La pareja del año! ¡Mis padres!

—No, yo… no… —Kyle se pasa una mano por el cabello, agobiado.

—No son más que tonterías —se atreve a decir Candy, quien tiene la cara más roja que un tomate.

Cualquiera diría que… No, no puede ser .

¿Le gusta Kyle?—. A la gente le encanta hablar sobre la vida de los demás.

¡Lo importante es que les hemos caído bien!

Seguro que estarán muy interesados en leer nuestras obras.

—Exacto —coincide el chico.

Entrecierro los ojos. Si tuviera un angelito en el hombro me diría: «Gala, no lo hagas, es mala idea». La cuestión es que no lo tengo.

—No les hagáis caso, solo son habladurías tontas. —Elevo las cejas de forma inquisitiva—. Porque lo son, ¿no? —Ambos asienten—. ¿Sabéis qué? Candy tenía razón, deberíamos hacer más planes juntos.

—¿Ah, sí? —murmura ella, descolocada.

—¡Claro! Perdóname, estaba un poco agobiada antes. —Al menos no todo es mentira en esa disculpa—. Y para que Candy y Kyle no se sientan tan cohibidos con la tontería esa de su shippeo … —Me pongo otra vez en pie y me dirijo hacia Kyle—. Deberíamos hacernos una foto. Todos somos amigos, ¿no?

Es una encerrona. Lo sabe. Alza la mirada en mi dirección y durante un solo segundo que se me hace eterno veo cómo pasa la lengua por sus labios. Siento como si todo el oxígeno del mundo hubiera desaparecido. Me veo obligada a continuar con mi propuesta para no llamar demasiado la atención.

—¿Qué dices?

La sonrisa que esbozo no es amable, sino de quien ha ganado la partida.

—Claro, ¿por qué no? —termina respondiendo.

Saco mi móvil y me dispongo a sacarnos un selfie . Espero que no note cómo me tiembla el pulso, cómo mis latidos incrementan la velocidad, cómo siento que me ahogo.

—Sonríe —digo.

Y Kyle lo hace. Vaya si lo hace. Aunque solo veo su sonrisa a través de la pantalla de mi teléfono, me doy cuenta de que, cuando quiere, es igual de radiante que la de antes.

Quizá es que es demasiado buen actor. Mi gesto, en cambio, es un patético intento por imitar a Candy.

Ni siquiera sonrío enseñando los dientes, sino que más bien estiro los labios con timidez.

¿A quién quiero engañar? Sé por qué estoy haciendo todo esto.

«A mí me atraen otro tipo de chicas», afirmó Kyle.

La palabra es como un nubarrón negro sobre mi cabeza: celos.

No debería afectarme, pero siento el veneno corriendo por mis venas.

Todo se emponzoña con los celos, con la idea de que Kyle se aleje de mí…

, a pesar de que hace años que lo ha hecho.

Tan solo quiero demostrarles que Kyle y yo también podríamos ser tendencia.

«Menuda estupidez», pienso mientras contemplo la fotografía.

—Ha salido bien —comenta Tom con tono sugerente.

—Mm, sí.

Kyle no dice nada, tiene la mirada perdida.

Entro en mi cuenta de Instagram y subo una publicación. Decido que es mejor no pensármelo mucho, así que tardo apenas unos segundos en subir la imagen con un simple pie de foto: «Amigos #RetiroBlissbridge».

Si esto no se hace viral ni nos convertimos en un shippeo habré hecho un ridículo tremendo.