Todo aquello que soñamos ser Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Pero si os gustáis… Repito la frase en mi cabeza.

Una y otra vez. Una y otra vez. La analizo tanto sintáctica como morfológicamente.

La traduzco en mil idiomas, incluso en esos que no he llegado a aprender.

Y, aún así, soy incapaz de ignorar cuán equivocada está.

Quizás, si la hubiera formulado de otra forma…

Quizás.

Quizás.

Quizás.

Quizás habría estado en lo cierto.

—A Gala no le gusto —se me escapa. Pasan un par de segundos antes de que añada—: y a mí ella tampoco.

Espero no tener que hacerme una rinoplastia tras eso último. Tom continúa descontento con mis respuestas. Pues sí que sé mentir mal.

—Mira, desconozco qué es lo que has escuchado antes, pero te prometo que nada es lo que parece.

—Iré buscándome a un buen cirujano—. Gala ni siquiera es mi tipo, así que no entiendo cómo iba a gustarme.

—Suelto una risita nerviosa. Ahora solo me falta ser de madera y ya tenemos al personaje al completo.

¿Dónde estará mi Pepito Grillo para taparme esta bocaza que tengo? —. A mí me atraen otro tipo de chicas.

Voy a cagarla. Ya está. Como la cagué hace unos años y como la llevo cagando desde que puse un pie en esta casa.

El problema es que no me queda otra que escurrir el bulto.

Ya no me vale con intentar sonar convincente, ahora debo desviar su atención hacia otra parte.

Una que me hace sentir más imbécil que nunca.

Y una que me va a traer problemas, estoy seguro.

—¿Como cuáles?

A ver cómo salgo de esta.

—Pues como… — ¿Como quién, Kyle? Venga, bonito, piensa. Mete la pata hasta el fondo—. ¡Como Candy!

A Tom se le desencaja la mandíbula. A mí se me cae la cara de vergüenza.

—Porque Candy es…

—Yo soy…

Si es que me lo merezco. Su cascada pelirroja me nubla la vista hasta el punto de prever un desmayo inminente.

El mundo me la está devolviendo. Es el karma, burlándose de mí y confirmando su existencia.

Señoras y señores, jamás se os ocurra mentir.

No sé dónde meterme, sobre todo porque ahora tengo dos pares de ojos pendientes de lo que voy a decir a continuación y quedaría bastante raro que me fuera corriendo de repente como si me estuviera persiguiendo un león hambriento.

—Tú eres… —balbuceo.

—¡Una gran escritora! —termina Tom por mí. Creo que voy a ponerme a llorar de alivio. Candy nos dedica una mueca confusa a ambos—. Kyle piensa que tienes potencial para convertirte en la mejor poetisa de todos los tiempos.

A la chica se le iluminan las pupilas al instante. Tiene al sol encerrado en su mirada.

—¿¡En serio!? —chilla—. ¡Pero si aún no has leído nada mío!

La cosa empeora por momentos. Trago saliva para ganar unos segundos de ventaja. Mis dos compañeros me observan a la espera de que conteste. Me niego a seguir mintiendo, pero ¿qué me queda?

—Lo he… —Carraspeo—. Lo he supuesto.

Pues me queda hacer el ridículo.

La cara de Tom es de auténtica desaprobación.

Sé que he conseguido desviar su atención porque no deja de mirarnos a Candy y a mí como si entendiera por qué es ella la que me gusta.

Me pega un codazo disimulado cuando la chica, por primera vez desde que llegamos aquí, se queda sin palabras y sigue con la esperanza de que añada algo más al respecto.

El problema es que no lo hago. Estoy demasiado abrumado, con la mente hecha un batiburrillo de pensamientos sin sentido y el corazón desbocado cuya taquicardia tiene nombre y apellidos y acaba de llamarme cobarde con más razón que un santo. Solo hace falta verme.

—Es por cómo hablas de tu pasión —continúa Tom por mí.

Al final sí que va a ser verdad que quiere ayudarme—.

Alguien con tanto entusiasmo debe de ser bueno en lo que hace, ¿no?

—Candy asiente lentamente con las mejillas arreboladas—.

Por cierto, hay mucha gente que sube sus poemas a redes sociales para que los demás los lean y probar suerte.

¿Tú lo haces? Así Kyle puede seguirte y corroborar lo que va diciendo por ahí.

Otra vez esa tos nerviosa. ¿Acaba de pedirle a Candy que me dé su Instagram?

Cupido se tiene que estar revolviendo de envidia desde ahí arriba.

Tom parece tener las flechas aún más afiladas y está dispuesto a usarlas.

En otra época se habría tomado las licencias de convertirse en mi celestino, pero en esta sabe que un solo like basta para empezar una historia de amor.

—¡Oh, claro, qué tonta! —exclama, saliendo del trance—.

Pues no, nunca se me había ocurrido. Pero después de la charla que nos ha dado Naisha creo que debería empezar a subir más cosas aparte de las fotos que le hago a traición a mi conejo.

Mi usuario es @CandyCane . —Sonríe—. No prometo convertirme en vuestra nueva influencer favorita, pero podemos seguirnos entre nosotros para que a la gente les sea más fácil encontrarnos. ¿Cuál es el vuestro?

Mientras Tom se hace con el teléfono de la chica para buscar su cuenta —¿acabo de leer que se hace llamar @SweetTomato ?

— mi vista se queda clavada en un punto fijo demasiado cercano a las escaleras como para tener el valor de admitirlo en voz alta.

Me imagino a Gala bajándolas una a una con tal de venir hasta aquí y disculparse.

Me diría que nunca he sido un cobarde y que para ella siempre seré la persona más valiente sobre la faz de la tierra.

Sentiría su mirada, esos ojos marrones que bien podrían saber a chocolate u oler a café recién hecho, suavizarse nada más conectar con la mía y recordar, en tan solo un pestañeo, que hubo una época en la que nos habría sido impensable tratarnos tan mal.

Escondería un mechón de pelo detrás de su oreja y le suplicaría que me perdonase a mí también con voz melosa.

Luego le prometería hasta la luna, incluso volver a brillar como lo hacía antaño y dejar de ser ese ente oscuro en el que parezco haberme convertido.

Desearía volver a reconocerme en sus pupilas, pero ¿cómo voy a hacerlo si no lo hago ni en un espejo?

—¿Kyle? —La voz de Candy me hace reaccionar y su teléfono frente a mis narices me ilumina hasta la arruga que se me ha formado en la frente—. ¿Te parece bien que nos sigamos, entonces? Si no, no pasa nada. Ya me he dado cuenta de que no te ha llamado mucho la idea de usar tus redes.

Sacudo la cabeza. Si no espabilo, Tom solo va a tener que sumar dos más dos para comprender que nunca ha dejado de estar en lo cierto.

—Claro, dame. —Escribo mi usuario en su pantalla, que es mucho más aburrido que el de ellos, y le devuelvo el aparato después de darle al botón azul oscuro.

Después saco mi móvil del bolsillo y hago lo mismo con el perfil de ella—.

No hay mucho que ver. Ni una publicación, en realidad.

Como a Naisha le dé por investigarme me va a querer matar.

Candy se ve obligada a aguantarse la risa en cuanto se percata de que no miento. Mi foto de perfil es ese muñecajo predeterminado que no tiene ni facciones y, si no fuera porque me sigue mi familia y unos cuantos conocidos más, tendría que comprar bots para que no me echen del retiro a patadas.

—¡ Buah , tío! ¡Acabas de dar en el clavo!

Esa chica sí que tiene pinta de película de terror cuando se enfada.

No pienso dejar que le haga nada a mi nuevo mejor amigo y compañero de habitación.

—Me guiña un ojo. No descubro cuáles son sus intenciones hasta que no me da otro codazo, esta vez más fuerte, consiguiendo que mi brazo y el de Candy se rocen—.

Así que tengo la solución perfecta: vas a subir tu primera foto.

Estoy a punto de replicar, pero la tercera en discordia se me adelanta:

—¡Qué buenísima idea!

—Venga, posad—. Tom es tan rápido que me quita el teléfono en un abrir y cerrar de ojos. Lo maldigo con la mirada y me maldigo a mí mismo por haber dejado mi cuenta abierta—. Que con lo guapos que sois seguro que os hacéis virales en cuestión de segundos.

Ni. De. Coña.

—Chicos, no creo que…

Pero Candy ya se ha colocado a mi lado con la sonrisa más radiante que le he visto nunca y Tom no tarda ni un segundo en capturar el momento y publicarlo como si fuera el dueño de mi Instagram. Cuando se acerca para enseñárnosla, me susurra al oído:

—Ya me lo agradecerás.

…