Todo aquello que soñamos ser Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

—Necesitamos limpiar nuestra imagen. Me importa bastante poco si os lleváis bien o mal, pero de cara al público sois los mejores amigos del mundo, ¿me entendéis?

A partir de ahora, debéis estar más activos en redes.

Mínimo una historia al día y dos publicaciones por semana.

Subid fotos del proceso de escritura, del grupo cenando…

, como si queréis subir una foto en el váter, pero compartid vuestras vidas.

—Resoplo. Una cosa es intentar no asesinar a nadie, quizá apoyarme en Naisha o Maude, pero ¿fingir llevarme bien con Frank?

¿Compartir fotos con él? Esto promete—. Gala, sobre todo tú.

Queremos que caigáis bien a la gente, que conecten con vosotros.

Al fin y al cabo, eso es parte de ser escritor.

—¿Desde cuándo? —protesto.

—Alguien tiene que comprar tus libros además de tu familia, bonita —replica Rebecca—. Por cierto, de nada por hacerte famosa.

Me pongo en pie con las manos apoyadas sobre la mesa.

—Para empezar, yo no pedí ser famosa. Es más, dudo que lo sea. Mañana todo el mundo se habrá olvidado de mi nombre.

Una vocecita dentro de mí grita que eso es mentira. Que todos mis errores se van a quedar grabados a fuego en la historia de la humanidad. Si mi hombre prevalece, no será como escritora, sino como un fracaso.

—Mira, Gala, me pagan una mierda —contesta Naisha—. No voy a discutir más de lo necesario. Si quieres hacerlo, hazlo. Si no, te vas del retiro. Tienes que ser consciente de lo difícil que es hacerse un hueco en el mercado editorial si no te conoce nadie.

Por el tono con el que lo dice, percibo que hay cierto resquemor.

—¿Es obligatorio para todos? —interviene entonces Kyle.

—Sí.

Kyle se limita a asentir. Él nunca ha sido mucho de subir contenido a redes sociales, al igual que yo. Es más, tampoco solíamos hacernos muchas fotos juntos por la simple razón de que cuando estábamos en compañía del otro nos olvidábamos del móvil.

—En cualquier caso, lo importante sigue siendo escribir. ¿Cómo vais? —pregunta Naisha.

Rebecca es la primera en decir que va estupendamente bien.

Pongo los ojos en blanco y me escurro en la silla, tratando de hacerme invisible.

Al fin y al cabo, no tenemos por qué decir nada si no queremos, ¿no?

Me cruzo de brazos y esquivo la mirada de Naisha.

Menos mal que Rebecca y Candy hablan por todos nosotros.

—Me alegra ver que avanzáis —dice al cabo de un rato—. Si no necesitáis nada más, yo volveré el sábado.

Frank la pilla por banda antes de que se vaya para preguntarle sobre la posibilidad de tener una habitación individual, porque al parecer no lleva bien lo de compartir habitación con Dennis.

«Ronca como un rinoceronte —sus palabras, no las mías— y se acuesta a las cinco de la mañana.

Yo necesito un horario de sueño equilibrado para alcanzar la perfección en mis novelas».

Dennis se pone en pie, malhumorado, y empieza a gritar que es Frank el que ronca como un animal.

¡Y una noche entró a la habitación y estaba cascándosela!

—¿Podemos hablar?

Joder, ahora que se ponía interesante la cosa… El corazón se me acelera al reparar en Kyle. No me salen las palabras, por lo que solo asiento.

—Vamos a mi habitación mejor —propone.

Pasamos por delante de Naisha —quien nos recuerda que nos verá en unos días y que no cometamos muchas locuras— y el bigotudo. Cuando llegamos a su dormitorio me pongo nerviosa al ver que cierra la puerta. Esto debe de ser algo serio. Me quedo quieta en mitad de la estancia, incómoda.

—No te odio —soy la primera en romper el silencio.

Kyle abre los ojos de par en par. No sé muy bien qué pretendía decirme, pero sé que no se esperaba eso. Ni siquiera yo lo hacía. Se abre la presa y suelto toda el agua, inundando el desierto que habita en mí.

—Creo que sería imposible odiarte. No solo porque antes fueras mi mejor amigo, sino por cómo eres. Incluso después de todo, ayer decidiste cuidarme. Antepusiste mi bienestar a tu enfado. Eres mejor persona que yo, Kyle Walker. Por eso déjame decirte esto hoy: no te odio.

—Gala… —Espero escuchar las mismas palabras de sus labios. Tal vez un «volvamos a empezar», aunque sé que es inútil—. Creo que el mundo es más sencillo si fingimos odiarnos.

¿Significa eso que no me odias? He sido demasiado sincera hoy, ya no me queda ni una pizca de honestidad, por eso no digo lo que pienso.

Kyle me mira como si fuera un agujero negro y me derrumbo.

Está aquí porque le he arrastrado yo, pero de no ser así estaría en cualquier otro lugar del firmamento.

Kyle es su propia galaxia, demasiado brillante para acercarse a mí.

Herida en orgullo, hago lo que mejor se me da.

—Tienes el mismo miedo que hace dos años, que hace cinco, que hace veinticuatro —escupo.

—No tengo miedo —replica al instante, pero creo distinguir una grieta en su convicción.

Dímelo, Kyle . Dime que no me odias .

—Siempre lo has tenido —gruño—. Tú y yo sabemos lo que habría pasado si no te hubieras dejado llevar por el miedo.

Dímelo . Una vez más, Kyle permanece en silencio. Sus músculos se tensan. Mi respiración acelerada es el único sonido que reina en la estancia.

—¿Qué habría pasado, Kyle? —insisto.

No dice nada. Cobarde.

—¿Qué habría pasado?

Dímelo . Kyle se da media vuelta y sale de la habitación.

Cobarde él.

Cobarde yo.