Todas las orquídeas me llevan a ti (Tres vidas y sigues siendo tú 1) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

(Luz propia)

¿Cuál es el propósito de soñar mientras dormimos?

Pienso que los sueños son un portal.

Un lenguaje que mi alma entiende mejor que yo.

Mientras duermo,

algo dentro de mí despierta.

Danza.

Se expresa.

Se libera de todo lo que la realidad intenta contener.

Y en ese estado…

sin ruido,

sin miedo…

encuentro el camino.

Soñar me trajo a ella.

Quizá ese sea el verdadero propósito de los sueños:

guiarnos sin que lo notemos,

empujarnos suavemente hacia aquello

que, aunque no entendamos,

necesitamos vivir.

Como si todo ya estuviera escrito…

y los sueños fueran las migajas de pan que nos llevan hasta ahí.

Hay sueños que se sienten tan reales…

que al despertar dudamos

de qué lado estamos.

Y eso era Prim para mí.

Un sueño del que no quería despertar.

Cada minuto a su lado tenía esa textura irreal,

esa sensación de estar flotando entre dos mundos.

Nuestro encuentro en su apartamento

lo llevo tatuado en la piel.

El primer beso en su auto…

vive en mis labios.

Y nuestra primera cita

quedó grabada en mi memoria

como si siempre hubiera estado ahí.

Como si no fuera la primera vez.

Quizá no lo fue.

Quizá esas memorias

no nacieron en esta vida.

Prim…

donde sea que estés,

en esta vida o en la que sigue,

seguiré siendo el clima perfecto

en el que puedas florecer.

Pero el amor,

incluso el más profundo… también sabe asustar.

Desde la muerte de mis padres

no había sentido un miedo tan crudo,

tan paralizante,

como el día en que nos arrebataron

el final de nuestra primera cita.

—

Desperté en el suelo del restaurante.

El dolor en mi cabeza latía con violencia.

Mi corazón latía aún más rápido.

Descontrolado.

Desesperado.

—Prim…

Salí corriendo.

No sé cuánto tiempo estuve inconsciente.

No sé cuánto tiempo pasó.

Solo sé

que cuando abrí los ojos… ya era tarde.

La calle estaba vacía.

Demasiado.

Ese tipo de vacío

que no solo se ve… se siente.

Un gato descansaba sobre el cofre de un auto.

Su ronroneo era lo único que rompía la quietud.

Me miraba fijo.

Como si pudiera ver el caos dentro de mí.

El miedo intentó tomar el control.

Lo sentí.

Mis manos hormigueaban.

Mis piernas temblaban.

Mi respiración se rompía.

Mi cuerpo entró en modo supervivencia… pero mi mente estaba a punto de colapsar.

Miré la hora.

Medianoche.

Bangkok seguía viva.

Yo no.

Y fue ahí cuando lo entendí.

La luz nunca ha estado afuera.

Aun en la oscuridad más profunda… podemos ver.

Solo hay que aprender a mirar.

Pero en ese momento… yo estaba cayendo.

Un pozo profundo.

Sin fondo.

Cubierta de pensamientos que no me dejaban respirar.

¿Y si no la vuelvo a ver?

¿Y si le pasa algo?

¿Y si alguien nos roba esta vida juntas?

Cada pregunta era una sombra.

Cada miedo, una capa más de oscuridad.

Pero entonces… algo dentro de mí se resistió.

Porque yo ya había estado ahí antes.

Había sobrevivido a la pérdida más grande de mi vida.

Me había reconstruido desde cero.

Había cruzado el mundo para encontrarme.

Había aprendido a sostenerme.

Esa…

esa era mi luz.

No aparece cuando todo está bien.

Se elige…

cuando todo se rompe.

Cerré los ojos.

Inhalé.

Exhalé.

Otra vez.

Y otra.

Hasta que mi respiración encontró el ritmo de mi corazón.

Poco a poco,

las sombras dejaron de dominar.

Mis pensamientos reventaban como burbujas al tocarlos.

Y entonces… volví.

A mí.

Tomé un taxi, rumbo al único lugar donde podía encontrar respuestas.

—

Entré al bar de Naree.

El mundo seguía igual.

Yo no.

—¿Qué te trae por aquí? —preguntó Naree.

—¿Tienes un minuto?

Entramos a la oficina.

Som llegó.

El silencio se cerró.

—Se la llevaron —dije.

Y todo cambió.

—¿A quien? —preguntó Naree.

—Prim, se la llevaron a la fuerza.

Intenté detenerlos… pero me golpearon.

—Dejamé revisarte—interrumpió Som buscando la herida.

—Necesito encontrarla.

El ambiente se tensó.

—¿Quién se la llevó? —insistí.

Ellas se miraron.

Y lo entendí.

Sabían.

—El mundo de Prim no es el tuyo —dijo Naree.

—Su padre controla todo —añadió Som—.

Su tiempo.

Su imagen.

Su libertad.

—Y cuando algo se sale del plan… lo corrigen.

—Eliminan distracciones —dijo Naree.

El aire se volvió frío.

—¿Yo soy una distracción?

Silencio.

—Si significas algo para ella… te conviertes en un problema.

—Y los problemas… se eliminan.

Sentí el golpe.

Pero no retrocedí.

—No voy a alejarme de ella.

—

Al salir del bar, la ciudad se volvió irreconocible.

—No te metas en esto —dijo Som mientras condudía a casa.

—¿Y si ella necesita que alguien sí lo haga?

Silencio.

—Entonces ese alguien no puedes ser tú.

Entré a casa.

Cerré la puerta.

Y el silencio… ya no era refugio.

Era abandono.

Me dejé caer.

Miré mis manos.

Las mismas que no pudieron sostenerla.

Respiré.

Nada.

Busqué mi centro.

No estaba.

La oscuridad no se movía.

—Se supone que soy fuerte… Pero no lo estaba logrando.

No podía calmar mi mente.

No podía traerla de vuelta.

Y entonces… la grieta.

La duda.

¿Y si mi luz no es suficiente?

Apoyé la frente en mis rodillas.

Y por primera vez… no intenté ser valiente.

Me rendí.

—

El reloj marcaba la 1:46 a.m.

Y en algún lugar de esta ciudad… ella estaba lejos de mí.

Esa noche… no fui luz.

Esa noche…

solo fui una mujer perdida en la oscuridad,

intentando recordar

cómo volver a encontrarse a sí misma.

No todas las raíces crecen en la luz...

algunas crecen en la orcuridad para volverse fuertes.