Todas las noches, todas las ciudades (Los Valles Tranquilos 3) 80
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Noah marcó el número de Nash. El tono sonó una, dos, tres veces, y saltó el buzón de voz. Colgó sin dejar mensaje y volvió a intentarlo. El mismo resultado.

Gibson permanecía en silencio junto a él, apoyado en el coche. El anciano fotógrafo había entrado hacía unos minutos, arrastrado por una enfermera hacia un comedor que olía a sopa de verduras. A través de las ventanas de la residencia se veía el brillo del lago Lomond bajo el sol de mediodía.

—¿Cómo se nos pudo pasar? —murmuró Gibson.

Noah no respondió. Buscó otro número en su teléfono y pulsó la llamada.

—Socio —dijo en cuanto Lizarso descolgó—. John Biblia dejó embarazada a su joven esposa antes de que salieran del país. Necesito fotos de todas las personas, hombres o mujeres, entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco años, que formen parte de la camarilla de Benedict Newman.

—Me llevará un rato —respondió Mikel Lizarso—. Pero te las enviaré en cuanto las tenga.

—Date prisa. Creo que Nash está volviendo a esa casa.

Colgó. Alzó la vista hacia Gibson, que le miraba con una mezcla de admiración y desconcierto, y volvió a marcar el número de Nash.