Todas las noches, todas las ciudades (Los Valles Tranquilos 3) 33 #2
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Nash apreció el coqueteo en su matiz. La frase, junto con su sonrisa, fue como una puerta que él abrió deliberadamente a su vida privada.

Nash sintió el calor del halago. Fue agradable, una caricia directa a su ego.

Pero su mente analítica no se detuvo ahí: catalogó el gesto.

Táctica de apertura. Reducción de la distancia profesional.

Creación de un vínculo personal. Era bueno en su trabajo. Muy bueno.

—Me encargo también de las relaciones con la prensa y, como imaginarás, un autor como Benedict recibe peticiones a diario, así que cuando se empezó a rumorear que nos confinarían, y con todo el trabajo que teníamos por delante para la campaña de salida de Todas las noches, todas las ciudades , Benedict me lo propuso y me pareció una excelente idea.

Mientras hablaba, su movimiento dejó de ser un paseo distraído por la estancia para convertirse en un avance deliberado.

No se limitó a acercarse; fue conquistando el espacio entre ellos con una seguridad felina, usando la librería como ancla.

Cuando se detuvo frente a ella, el aire pareció espesarse.

Estaba tan cerca que Nash podía percibir el aroma limpio de su perfume, como lima sobre mármol.

Sintió el calor que emanaba de su cuerpo y tuvo que reprimir el impulso de retroceder un paso, o de avanzar dos.

Él la estaba acorralando con sutileza, usando su presencia física como una forma de presión, una pregunta silenciosa.

Y aunque una parte de ella respondió con una vibración de pura expectación, la otra, la profesional, observaba con una frialdad absoluta.

«Este es el movimiento clave —pensó—. Ahora viene el objetivo.

» Su sonrisa no fue solo una reacción, sino un escudo.

Dejó que un guiño coqueto se dibujara en su boca y preguntó a bocajarro:

—¿Qué opinas de Benedict?

—Es uno de los mejores... —contestó Karim sin titubear.

Ella lo interrumpió.

—¿Te cae bien?

—Nash, es mi jefe —dijo dando un paso y acortando aún más la distancia entre ellos—.

No es necesario que me caiga bien para admirar su trabajo.

Además, mi labor dentro de la Fundación Newman me ha permitido conocer los entresijos de su creación, y eso es simplemente fascinante.

Estoy seguro de que obnubilará a las generaciones futuras.

—Háblame de la fundación, Karim.

Él tomó aire, asintió e hizo un gesto amplio, abarcando el despacho, como si fuera el punto de partida de todo.

—Cuando la gente oye hablar de la Fundación Newman, muchos piensan en un proyecto de vanidad, un mausoleo que un escritor rico se construye a sí mismo.

No podrían estar más equivocados. Benedict siempre ha dicho que una novela terminada es solo el fósil de una idea que una vez estuvo viva.

Lo que a él lo obsesiona, lo que de verdad quiere legar, es el proceso.

La chispa. Por eso nacimos. Fui muy afortunado.

Margot me presentó a Benedict cuando yo era apenas un aspirante a escritor, y él tuvo la generosidad de acogerme como su secretario.

Vi de primera mano la génesis de sus mundos y juntos empezamos a dar forma a esta idea: crear un lugar que no solo conserve la obra, sino que proteja el acto mismo de la creación.

Nash observó a Karim; se movía con confianza por la estancia. De vez en cuando se apoyaba en una de las estanterías, en un gesto teatral que parecía el de un actor en el escenario.

—La fundación se sostiene sobre tres pilares. El primero, por supuesto, es el Archivo. Todo lo que ves aquí, cada nota, cada borrador de cada novela, cada carta pasarán a formar parte de un legado custodiado para académicos y estudiosos. Es la historia de cómo se construye una imaginación.

Karim señaló con la mano el armario que acababa de abrir, y la dejó así un instante, como si quisiera que el objeto validara sus palabras.

—El segundo pilar mira al futuro: son nuestras Becas de Creación. Buscamos nuevas voces, talentos que, como yo en su día, solo necesitan una oportunidad. Les damos los recursos para que puedan dedicarse un año entero solo a escribir, sin las ataduras del mundo real.

Se apoyó con el hombro en la estantería, el gesto preciso de quien ya ha dado esta conferencia antes.

—Y eso nos lleva al tercer pilar, que es donde nos encontramos ahora mismo: la Residencia. Este lugar, sobre todo el pabellón de invitados, se convierte en un santuario para nuestros becados. Un lugar para el retiro y la escritura, donde la única exigencia es crear.

Hizo una pausa y la miró directamente a los ojos, bajando un poco la voz para crear intimidad.

—Y luego está el Fondo de Arte, «La fuente».

Benedict cree que la literatura no nace en el vacío y no bebe solo de la literatura.

Se nutre de la pintura, de la música, de la escultura...

Adquirimos piezas que han sido importantes en su proceso creativo o que dialogan con los temas de sus libros.

Es... la parte más sofisticada de nuestro mecenazgo.

Yo tengo el honor de ser el director ejecutivo.

Ayudo al Patronato y a Benedict a que toda esta maquinaria funcione.

—Se diría que adoras tu trabajo —observó ella.