Toda mi culpa no es Capítulo 20
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Capítulo 20

V íctor está apoyado en el coche.

Lleva las manos en los bolsillos del abrigo y levanta la cabeza cuando me ve salir. Su pelo, más largo que cuando nos conocimos, le cae a ambos lados de la cara. Bajo la luz de la farola algunos mechones dorados brillan.

Sonríe.

Esa sonrisa que siempre parece saber algo que los demás aún no saben.

—Pensé que te habías arrepentido.

Niego con la cabeza.

—El taxi estaba a dos calles, ¿no?

Se encoge de hombros y toma mi maleta.

—Me pareció más elegante venir a buscarte. Y no pienso dejarte andar sola por estas calles a estas horas —añade alzando la vista por encima y echando un ojo rápido a la fachada. Ruego en mi interior que Sergio esté realmente de vuelta en la cama y no mirando por ninguna ventana.

Camino hacia él.

Cada paso me aleja de la casa donde he vivido los últimos años.

Cada paso me acerca a lo que todavía no sé nombrar.

Víctor me mira con atención, como si tratara de leerme y averiguar qué me pasa.

—¿Todo bien?

Dudo un instante.

—Sí —miento.

Víctor no insiste.

Abre la puerta del coche para que suba.

—Tenemos un vuelo que coger.

Me siento en el lado del copiloto y cierro la puerta.

Dentro del coche hace calor y huele a su perfume, a cuero y a café.

Víctor rodea el coche y se sienta al volante.

Durante unos segundos ninguno de los dos habla.

Luego arranca.

Mientras el coche empieza a moverse, miro por la ventanilla.

Las luces de mi calle pasan lentamente.

—¿Nerviosa? —pregunta Víctor.

Lo miro.

Sus ojos brillan con una intensidad casi infantil.

—Un poco.

Sonríe.

—Perfecto.

—¿Perfecto?

Asiente, mirando ya hacia la carretera.

—Los viajes importantes siempre empiezan así.