Toda la vida es ahora Capítulo 55 #3
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Capítulo 55 #3

Vikram retiró la mano. Las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos terminaron por caer. Parecía sorprendido por la dureza de mis palabras, acuchillado por la verdad.

—Pagué un precio muy alto, Lily. Nadie lo sabe mejor que yo.

¡Pero tenía veintiséis años! ¡Solo veintiséis!

—susurró, casi con un tono estridente; su sien palpitaba—.

¿A quién no se le concede un poco de indulgencia para crecer?

¿Sobre todo cuando esa vida es la única que has conocido?

Y para ser justos, Lily, no creo que esto —señaló el espacio entre nosotros— tuviera que ver con la raza, al menos no para mí.

Tenía que ver con la cultura. Mi familia.

El honor. La cohesión. Carajo, yo elegí la paz, Lily.

Quería una vida jodidamente tranquila. Ya había sufrido suficiente agitación con mis padres, a puerta cerrada.

No quería crear problemas. Tener la misma cultura implicaba una elección más fácil, lo que en última instancia significaba más paz.

Para todos. Así que, si la raza fue alguna vez parte de la ecuación, desde luego no lo consideré un rechazo a la tuya, solo estaba abrazando la mía.

Parpadeé, con los ojos llenos de lágrimas.

La verdad era que lo entendía.

Su respuesta era sincera.

—Aunque así fuera, ¿por qué hacer todo eso por tus padres?

¿Por su aprobación? —pregunté, esta vez con mejor tono—.

¿Mereció la pena? Siempre hablabas de lo difícil que era su dinámica.

Nunca olvidaré cuando nos sentamos en el césped después de clase y la calificaste de «obediente, pero sin alegría». ¿Por qué diablos querrías repetir eso?

—Porque era una dinámica que funcionaba, Lily. Terminaron esta vida juntos, ¿no? Construyeron un sistema, una familia, una unidad. No tenían la pasión que crecimos viendo en las películas occidentales, pero tenían estabilidad. Y eso es algo que valoraban más.

—Bueno, si funcionaba tan bien, ¿cuál es el problema? Parece que eso es lo que tenías con Radhika.

—Porque no era suficiente para mí, Lily.

Había visto la alternativa. Y ahora no puedo dejar de verla.

Mis padres nunca supieron cómo era el amor romántico, cómo se sentía.

Nunca supieron lo que era que se me parara el corazón solo porque tu mano rozara la mía.

Nunca vieron cómo me contagiaba con tu felicidad, cómo se movían mis pies solo con verte bailar en la biblioteca a medianoche.

Nunca supieron lo que era estar triste el día de mi boda, montado en un maldito elefante, añorando que, si cerraba los ojos, la mujer con la que realmente quería pasar el resto de mi vida estuviera allí cuando los abriera.

Pero yo sí lo sé. Y si crees en la redención, Lily, entonces tienes que creer en mí.

En nosotros. Solo porque no lo hicimos bien una vez.

. . o incluso dos. . . no significa que nuestra historia no esté escrita en las estrellas tal y como debe ser.

Quizás nos ha llevado un tiempo llegar hasta aquí, pero todavía tenemos toda la vida por delante.

¿Y si esto es solo el principio? ¿Nuestro principio?

Las lágrimas tibias corrían por mi rostro. Esta vez no intenté ocultarlas.

Mi mano volvió a buscar la suya, debajo de la mesa, la apretaba con más fuerza después de cada palabra, como si fuera arena movediza que se deslizaba entre mis dedos.

—Vikram. . . —comencé.

Vikram me miró suplicante. Sabía que había algo más importante que decir; su instinto hacia mí seguía intacto.

—Hubo un bebé.

—¿Qué bebé? —preguntó.

—Después de la boda. Después de nuestra noche en Londres —tragué saliva—. Hubo un bebé.

Los ojos de Vikram se agrandaron.

—¿Un bebé mío? —repitió incrédulo.

—Nuestro —respondí rotunda.

Los ojos de Vikram se llenaron de lágrimas.

—¿Dónde está. . .?

No pudo terminar la pregunta.

—Lo perdí. Poco después de enterarme.

—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó, abatido.

—Porque la última vez que hablamos estabas construyendo una vida.

Una nueva vida que no me incluía. Y yo no iba a suplicar ser el premio de consolación de alguien, solo porque las circunstancias habían cambiado.

El amor es libertad, Vikram. Y yo te quería lo suficiente como para dejarte libre para tomar tus propias decisiones.

—Pero no me diste a elegir, Lily —susurró—. Al no decírmelo, me quitaste la posibilidad de elegir.

Bajé la mirada hacia mis manos; de repente me sentí avergonzada.

El maítre se acercó a nuestra mesa y, al ver que nuestros platos seguían intactos, se armó de valor para interrumpirnos.

—Con todo respeto, señores, si no van a cenar con nosotros esta noche, ¿podrían visitarnos en otra ocasión? —Sacó con rapidez la cuenta del bolsillo de su chaleco.

Vikram puso un puñado de billetes sobre la mesa.

—Vik, déjame. . . —empecé a decir.

—Por favor —dijo y levantó la mano—. Saltémonos este juego, ¿de acuerdo? Ambos sabemos que nunca te dejaría pagar y sabemos también que todas tus costumbres sureñas me condenarían al infierno si lo hiciera.

Dejé la servilleta sobre la mesa y sonreí.

—Gracias —dije sin más.

—Vámonos de aquí. —Vikram se secó los ojos con la servilleta y rodeó la mesa para apartar mi silla.

Salimos del restaurante y nos dirigimos hacia el norte sin rumbo fijo; el silencio entre nosotros volvía a ser cómodo y familiar. Podía sentir cómo Vikram se apoyaba en mi cuerpo, sus pasos coincidían con los míos, nuestros hombros se tocaban.

Vikram dudó antes de dejar que su mano encontrara de nuevo la mía.

Caminamos juntos, tomados de la mano, con las luces de la ciudad de Londres brillando detrás de nosotros.

Necesitaba este momento.

Necesitaba, solo por esta vez, vivir en un vacío sin pensamientos de Chris, Hana, Radhika o cualquier otra persona que penetrara en nuestra burbuja. Los dos precisábamos existir en este plano, en esta realidad, tal y como éramos, tal y como habíamos sido ocho años atrás.

—¿Qué estamos haciendo, Vikram? —pregunté y miré nuestros dedos entrelazados—. ¿Ya hemos roto las reglas? ¿Estamos retrocediendo en el tiempo?

—Rompimos las reglas entonces, Lily. Ahora no.

Rompimos las reglas porque a pesar de la diferencia de continentes y de tiempos, un joven de Yorkshire y una chica excepcional de Elk River pudieron coincidir en la mejor universidad del mundo.

Desafiamos las probabilidades. Incluso creamos una vida. . .

Vikram hizo una pausa, las lágrimas corrían por sus mejillas.

—Y no escuchamos. Estábamos llenos de nuestra propia arrogancia, la arrogancia de la juventud. Y yo no fui valiente. Estaba decidido a seguir las reglas del hombre, en lugar de las reglas del universo. Pero yo merecía algo mejor. Tú merecías algo mejor. Y ahora podemos hacerlo mejor.

Vikram dejó de caminar y se volvió hacia mí, tomó mis dos manos entre las suyas.

—Vuelve conmigo, Lily. Hay mucho más que decir. Necesito esto. . . y te necesito a ti.

Las lágrimas corrían por mis mejillas.

—Te he vuelto a encontrar, Lily. Y esta vez no te dejaré ir.

Vikram se inclinó para besarme.

Mi mente se quedó en blanco.