Capítulo 54
S alí corriendo del escenario tan pronto como terminó el evento.
Ya se estaba formando una multitud junto al podio de gente que quería obtener ejemplares firmados de mi libro.
Con rapidez guardé mis notas en el maletín y me escabullí detrás de la gruesa cortina de terciopelo para dirigirme hacia la salida por un pasillo oscuro.
Tan pronto como llegué a la puerta, lo oí.
—Espero no haberte asustado —susurró.
Me quedé paralizada.
Muy despacio, me di la vuelta.
Vikram dio un paso adelante y emergió de entre las sombras proyectadas por las vigas.
Parecía más alto de lo que recordaba y más viejo, por supuesto. Su cabello estaba salpicado de canas. Llevaba un traje verde oscuro a medida con una camisa blanca y en el centro de su cuello abierto podía ver el colgante de oro de su padre.
—¿Qué haces aquí? —balbuceé.
Sentí que la habitación daba vueltas.
—No es la reacción que esperaba —se rio Vikram nervioso—, pero quizás sea la que merezco.
Dio un paso hacia mí.
Pude oler su colonia amaderada, la misma mezcla de oud y loción para después del afeitado.
Los recuerdos se agolparon en mi cabeza:
La cama.
El baile.
La llamada telefónica.
El bebé.
—Han pasado. . .
—Cuatro años —respondió Vikram.
Me ajusté la correa del maletín sobre el hombro.
—Supe que ibas a dar una charla aquí y tenía que verte —tragó saliva.
Silencio.
—¿Puedo invitarte a un café? ¿A cenar, tal vez?
Podía oír el nerviosismo en su voz.
—No sé, Vikram. . . —Miré a mi alrededor, buscando una excusa para marcharme—. Se está haciendo tarde, acabo de llegar hoy, el jetlag. . .
—Una copa —insistió—. Y si no es tan buena como el Cambridge «T» Shop, entonces puedes marcharte. Enseguida.
Esta vez, me vinieron a la mente los recuerdos de la nieve sucia y de las farolas con sus cálidas luces amarillentas.
Ensayé una sonrisa.
—Una copa —cedí.
—Una copa —prometió.