Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 41 VAMOS, NO ME JODAS… #3
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CAPÍTULO 41 VAMOS, NO ME JODAS… #3

—¿Y tu madre?

—Ingresó voluntariamente en un centro de tratamiento. Esta vez de verdad. No una terapia a medias ni promesas de que puede dejarlo cuando quiera. Está interna y, por ahora, está funcionando —veo cómo algo empieza a cambiar en su cara.

—¿Y qué pasó con Claire? —pregunta finalmente, y su voz baja varios tonos. Inspiro despacio.

—Mi tía se hizo cargo de gran parte de mi deuda con Claire y Ryder me dio el resto. Me dio el dinero para terminar de saldar la deuda con ella.

—¿Ryder hizo eso? —pregunta cada vez más sorprendida. Asiento.

—Dice que me lo debía. Yo no estoy muy de acuerdo, pero discutir con Knox cuando se le mete algo en la cabeza es bastante inútil —no sonríe. Sigue mirándome como si intentara comprender todo lo que significa.

—Entonces... ¿ya está? —pregunta y yo asiento.

—Sí.

—Ah —parpadea. La palabra resulta tan pequeña después de todo lo que acaba de escuchar que me hace gracia— Bueno... me alegro muchísimo por ti, Nick. De verdad. Te lo mereces. Espero que todo salga bien —lo dice sin mirarme. Después gira hacia la puerta.

—Kass —la llamo, pero no se detiene. Le cojo la mano antes de que consiga salir y se queda quieta—. Por favor —le digo, bajando la voz—. No te vayas así —finalmente vuelve la cabeza. Tiene los ojos brillantes.

—¿Así cómo? —pregunta, pero me cuesta encontrar las palabras. Hay demasiadas.

—No lo sé. Como si fuéramos dos personas que se conocieron hace muchos años y ya está.

Necesito saber... —me paso una mano por el pelo y noto cómo la ansiedad empieza a ganarme—.

¿Eres feliz con ese chico? ¿Lleváis mucho tiempo viéndoos?

¿Quieres algo serio con él? ¿Te has olvidado de nosotros? Porque, joder, Kass, yo...

—Nick, por favor —su voz se rompe y unas lágrimas llenan sus preciosos ojos. Eso consigue callarme inmediatamente. Ella cierra los ojos un segundo y, cuando vuelve a abrirlos, las lágrimas caen con furia por su hermoso rostro—. No quiero tener esta conversación —susurra y suelto lentamente su mano.

—Vale.

—Me ha costado muchísimo superarte —la frase me rompe.

Kass respira con dificultad antes de continuar—.

Muchísimo, Nick. Y no estoy segura de haberlo conseguido del todo.

De hecho, ahora mismo estoy bastante segura de que no.

Pero llevo meses intentando aprender a vivir sin pensar continuamente en lo que podría haber pasado entre nosotros.

He trabajado demasiado para volver a ser yo y esto...

—señala entre nosotros con una mano temblorosa—.

Esto no entraba en mis planes. No quiero que mi mundo vuelva a girar en torno a otra persona. Necesito que solo gire en torno a mí.

No sé qué responder. Lo único que sé es que sigue sintiendo algo. Y debería preocuparme por todo lo demás. Pero una parte miserablemente egoísta de mí quiere sonreír, pero me contengo.

—No quiero hacerte recordar las cosas malas, Kass.

—Entonces ¿qué quieres? —pregunta elevando la mirada hacia mí. Me acerco un poco más. No la toco.

—Si me dejas... quiero hacerte recordar las buenas —pido y la confusión aparece inmediatamente en su rostro.

—Nick...

—No te estoy pidiendo nada ahora mismo.

—Ya nos despedimos.

—Lo sé.

—Nos despedimos para siempre —cada palabra suya pesa. Asiento lentamente.

—También lo sé.

Kassandra se seca las lágrimas con rapidez, casi enfadada consigo misma por haberlas dejado escapar.

—Entonces entenderás que no sé qué hacer con esto.

Pensaba que tú ibas a estar en el pueblo, que yo iba a estar lejos, que nuestras vidas iban a separarse y que...

con el tiempo... terminaríamos aceptándolo.

Pero ahora apareces aquí y me dices que todo lo que nos impedía estar juntos ha desaparecido. ¿Qué se supone que hago con eso?

La pregunta consigue dejarme sin respuesta.

Porque tiene razón. Esto tampoco formaba parte de mi plan.

Aunque mentiría si no dijera que he soñado con esto desde que la conocí.

Me paso una mano por la cara y termino soltando una pequeña risa, no porque nada tenga gracia, sino porque la situación es tan absurda que no sé qué otra cosa hacer.

—Joder —Kass me observa.

—¿Qué? —pregunta nerviosa. La miro. Por primera vez desde que ha entrado en esta casa, dejo que la sonrisa aparezca sin intentar esconderla.

—Eres la nueva estudiante de California de la que Ryder quería hablarme —ella asiente muy despacio.

—Y tú eres el misterioso compañero de Ava y Ryder.

—Parece que sí —digo y durante unos segundos solo nos miramos. Después niego despacio con la cabeza.

—Maldita sea... Creo que estamos condenados a tener que soportarnos para siempre, Salamandra.

Sus labios tiemblan. Intenta contenerlo.

Pero finalmente aparece una pequeña sonrisa.

La primera sincera que me dedica desde que he bajado aquellas escaleras.

Y después de tantos meses creyendo que había perdido hasta el derecho de provocarla, esa sonrisa consigue parecerme algo peligrosamente parecido a una segunda oportunidad.