Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 41 VAMOS, NO ME JODAS… #2
96%

CAPÍTULO 41 VAMOS, NO ME JODAS… #2

Yo apenas consigo concentrarme en nada. Kassandra está sentada frente a mí.

Hay una mesa de por medio, varias personas alrededor y un tipo a su lado que de vez en cuando se inclina para decirle algo al oído, pero ella sigue estando ahí.

A pocos metros. Tan real que me cuesta no mirarla más de la cuenta.

Llevo meses imaginando qué sentiría si volviera a verla y ninguna de esas fantasías se parecía a esto.

En todas ellas yo sabía qué decir. En todas ella sonreía al verme y yo encontraba alguna manera de explicarle que mi vida había mejorado.

En ninguna aparecía otro hombre sentado junto a ella mientras yo fingía que saber que era su cita no me estaba destrozando lentamente.

Kass también está incómoda. Lo sé porque lleva media hora jugueteando con la servilleta.

Porque cada vez que nuestras miradas se cruzan, aparta la suya demasiado rápido.

Porque sonríe cuando Dylan dice algo, pero esa sonrisa no tiene la misma facilidad con la que la recuerdo riéndose conmigo.

No sé si eso debería alegrarme o hacerme sentir todavía peor.

Ryder me ha mirado al menos cinco veces con una expresión que significa claramente no hagas ninguna estupidez o Ava nos mata . Como si no me conociera. Podría hacer diez.

Cuando terminamos de cenar, Kassandra mira discretamente la hora en el móvil y noto cómo se endereza en la silla.

Su acompañante hace lo mismo. Sé que está a punto de marcharse y, de pronto, la ansiedad me aprieta el pecho.

No puedo dejar que se vaya sin hablar con ella.

No después de descubrir que está aquí, en California, probablemente en la residencia, a menos de veinte minutos de mi casa.

—Creo que nosotros deberíamos irnos ya —dice Kass dirigiéndose a Ava con una sonrisa educada—. Mañana tenemos cosas que hacer y ha sido un día bastante largo.

Ava abre la boca pero me adelanto.

—Espera un momento, Kass —le pido. Ella gira lentamente la cabeza hacia mí y tengo la sensación de que se prepara para defenderse de algo. Intento sonreír con naturalidad—. Todavía falta el postre. Sé que Ava ha comprado helado de chocolate con avellanas.

Sus ojos se quedan clavados en los míos y sé perfectamente lo que acaba de entender.

Sí, me acuerdo. ¿Cómo coño iba a olvidarme?

Es su helado favorito. Fue el primer helado que compartimos.

El que utilicé para conseguir que me hiciera preguntas aquella noche en mi cocina.

El sabor que probablemente podría reconocer incluso con los ojos cerrados porque, desde hace demasiado tiempo, cualquier cosa relacionada con chocolate y avellanas termina conduciéndome a ella. Kass traga saliva.

—No sé si...

—Ven conmigo —la interrumpo antes de que consiga marcharse—. Me ayudas a servirlo para todos.

Durante un segundo nadie habla. Después ocurre exactamente lo contrario.

—Yo quiero —dice Raina inmediatamente.

—Yo también —añade Steven desde el otro extremo de la mesa, levantando la mano casi con timidez.

—A mí ponme bastante —interviene Ryder, con una naturalidad tan falsa que casi me hace reír.

—Sí, sí. Perfecto. Helado para todos —añade Ava con entusiasmo.

—Si queréis, os acompaño y os ayudo —Dylan empieza a levantarse de la silla.

—¡No! —responde Ava con tanta rapidez que todos giramos la cabeza hacia ella.

Se queda completamente quieta. Ryder cierra los ojos un instante.

Yo tengo que mirar hacia otro lado para que no se me note la risa.

Ava carraspea y recompone la expresión—.

Quiero decir... quédate. Precisamente quería preguntarte algunas cosas sobre la universidad.

Me interesa mucho saber qué tal os está yendo a los nuevos este año.

Dylan parece desconcertado, pero vuelve a sentarse. Estoy bastante seguro de que, a estas alturas, sospecha que todos somos retrasados.

Kass me mira. Después mira a Ava. Después a Ryder. Finalmente se levanta.

—Está bien, Nick. Vamos.

La sigo hasta la cocina intentando controlar el corazón, que parece haberse convertido de repente en un tambor. En cuanto atravesamos la puerta, Kass se gira tan rápido que casi chocamos.

—¿Qué cojones es esto, Nick? —pregunta y me quedo mirándola.

—¿Qué cojones es qué?

Ella abre los brazos con desesperación, señalando de manera general la casa, el salón, probablemente California entera.

—¡Esto! Tú aquí. Viviendo con Ava y Ryder. Apareciendo por una escalera medio desnudo como si fuera lo más normal del mundo. ¿Qué demonios haces aquí? —inquiere y no puedo evitar arquear una ceja.

—¿Yo? Dímelo tú. ¿Qué haces tú aquí? Se suponía que ibas a Nueva York.

Kassandra exhala con fuerza y se pasa una mano por el pelo, todavía bastante alterada.

—Cambié de opinión. No quería estar allí sola. Ava estaba aquí, mis amigos estaban más cerca y... necesitaba estar en un sitio donde tuviera a alguien en quien confiar. Así que pedí el traslado.

La observo unos segundos, intentando procesar la información. Entonces es cierto. Está aquí de forma definitiva.

—Entonces... ¿vas a estudiar en California?

—Sí —¡Flipa! Antes de que pueda reaccionar, ella vuelve a hablar—.

Pero tú no me has contestado. ¿Qué haces aquí, Nick?

¿Qué pasa con Emma? ¿Dónde está? ¿Y tu madre?

¿Qué ha pasado con Claire? ¿No tienes que seguir viéndola?

Pensaba que precisamente por eso tú no podías...

—Se detiene. La veo recordar de repente dónde estamos y qué conversación estamos teniendo. Me acerco un poco, no demasiado.

—No, Kass.

—¿No qué? —pregunta frunciendo el ceño.

—No tengo que volver a verla.

—¿Cómo? —pregunta con la expresión congelada y tragando saliva. Apoyo ambas manos sobre la encimera, intentando explicarlo sin atropellarme porque llevo meses imaginando poder decirle esto y ahora que la tengo delante no sé por dónde empezar.

—Emma está con mi tía Maggie. Contactamos con ella hace unos meses, Ryder y yo.

Mi madre llevaba años prácticamente aislada de su familia y Maggie no tenía ni idea de hasta qué punto estaban mal las cosas.

Cuando se enteró, aceptó ayudarnos. Va a hacerse cargo de la custodia de Emma mientras yo estudio, pero está aquí, en California.

Puedo verla siempre que quiera. Voy a seguir estando en su vida, Kass.

Solo que... ya no tengo que ser su padre y su hermano al mismo tiempo —Kassandra me observa sin pestañear.