Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 41 VAMOS, NO ME JODAS…
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CAPÍTULO 41 VAMOS, NO ME JODAS…

VAMOS, NO ME JODAS…

Nick

Llevo toda la mañana pensando que Ryder está raro.

Desde que hemos vuelto esta mañana me ha repetido al menos dos veces que esta noche viene gente a cenar y que, antes de bajar, lo avise porque necesita hablar conmigo de algo.

No ha querido decirme de qué. Solo ha insistido en que es importante y que no quiere que me entere de eso de cualquier manera.

El problema es que ahora mismo cualquier advertencia que me haya hecho durante el día acaba de desaparecer de mi cabeza por culpa de algo bastante más urgente.

El agua caliente. O, mejor dicho, la absoluta falta de ella.

Salgo del baño todavía con el pelo empapado, una toalla alrededor de la cintura y la camiseta limpia atrapada entre las manos mientras sigo maldiciendo por lo bajo.

Llevo un semestre viviendo en esta casa y ya he descubierto que compartir vivienda con una pareja que parece haber pasado demasiados meses separados tiene ciertas consecuencias logísticas que nadie se molestó en incluir en las condiciones del alquiler.

Ava y Ryder son capaces de gastar agua caliente rápidamente porque a los cabrones siempre les da por follar en la ducha.

Consigo ponerme los pantalones a toda prisa, agarro la camiseta y salgo al pasillo todavía secándome el pelo con una pequeña toalla mientras bajo los primeros escalones.

Escucho voces en el salón, varias. Sé que venía gente a cenar, pero joder lo mío es más importante.

—¡Ryder! —grito desde mitad de la escalera mientras intento meter la cabeza por el cuello de la camiseta—.

Tío, otra vez se ha acabado el agua caliente.

De verdad, vosotros dos vais a tener que dejar de follar en la ducha si pretendéis que el resto podamos lavarnos sin sufrir hipotermia —escucho un ruido raro, parecido a alguien atragantándose.

Consigo sacar finalmente la cabeza de la camiseta mientras sigo bajando y termino de pasar los brazos por las mangas con un bufido—.

Lo digo completamente en serio. Un día voy a salir de ahí con neumonía y pienso poner tu culo en remojo para que...

Levanto la vista. Y me paralizo. Durante un instante no entiendo absolutamente nada de lo que tengo delante.

Kassandra López está en mi salón. Está aquí.

De pie. A menos de cinco metros de mí. Se ha quedado tan inmóvil como yo.

Tiene los labios ligeramente separados, los ojos abiertos de par en par y una expresión de incredulidad tan absurda como seguramente la tenga yo.

Mi corazón da un golpe tan violento contra el pecho que casi me obliga a agarrarme al pasamanos.

—¿Kass...? —consigo pronunciar al fin. Ella parpadea. Después vuelve a mirarme de arriba abajo como si necesitara comprobar que soy real.

—¿Nick? —su voz suena tan sorprendida como la mía.

Entonces mira a Ava. Después a Ryder. Vuelve a mirarme a mí.

Y finalmente dirige los ojos hacia el tipo que está junto a Ryder y se dirige hacia donde está Kass.

Un tío que se pone demasiado cerca de ella y que ahora mismo también me observa con curiosidad.

No sé quién cojones es este tipo. Lo único que sé es que Kassandra está aquí, delante de mí, acompañada por otro hombre, y tengo que hacer un esfuerzo considerable para que todo lo que siento no se refleje directamente en la cara.

—¿Qué cojones es esto? —pregunta ella finalmente, y su mirada vuelve a recorrer alternativamente a Ryder y Ava antes de clavarse otra vez en mí—. ¿Qué significa esto?

Ava reacciona al fin. Se adelanta un poco, nerviosa, mientras Ryder permanece junto al sofá observándonos con cara de tener unas ganas tremendas de salir corriendo.

—Chicos... —empieza Ava levantando las manos en un gesto apaciguador—. Queríamos decíroslo. De verdad. Solo que todo ha sido bastante precipitado y Ryder y yo no sabíamos muy bien cómo hablar con vosotros sin...

—¿Sin qué? —interrumpe Kassandra, todavía completamente rígida—. ¿Sin provocarnos un infarto?

Hay algo casi cómico en su indignación, pero yo no estoy en condiciones de reírme.

Sigo mirándola. No puedo evitarlo. Tiene mejor aspecto que nunca en su jodida vida.

Muchísimo mejor. Está preciosa. Más que preciosa.

Joder, está perfecta. Ese pensamiento consigue imponerse durante un segundo incluso a los celos.

Hasta que el chico que está junto a ella habla.

—Perdona... —dice con evidente desconcierto mientras alterna la mirada entre todos nosotros—. ¿Qué está pasando exactamente? ¿Quién es este, Kass?

Veo como Kass se tensa porque seguramente piense que él no tiene ninguna culpa de estar en medio de esto. Kass respira hondo, se recompone con una rapidez que conozco demasiado bien y adopta esa expresión elegante y controlada que utiliza cuando decide que nadie va a verla tambalearse.

—Nadie —responde primero, demasiado deprisa, y noto cómo una punzada desagradable me atraviesa el pecho antes de que continúe—.

Bueno... un viejo amigo. Todos fuimos juntos al instituto.

Somos del mismo pueblo —después me mira directamente.

Hay tanta tensión escondida detrás de su sonrisa que debe doler— ¿Verdad, Nick?

—no es realmente una pregunta. Es una advertencia.

No montes una escena. Me obligo a sonreír.

—Claro.

Bajo los últimos escalones intentando parecer mucho más tranquilo de lo que estoy. Cada paso hacia ella consigue que todo se vuelva todavía más real. El olor de su perfume. La forma de sus labios. Esa pequeña arruga que aparece entre sus cejas cuando intenta controlar una emoción demasiado grande.

—Hola, Nick —dice con una formalidad tan exagerada que resulta casi ridícula—. ¿Cómo estás? Me alegro de verte.

Me quedo mirándola durante un segundo. Podría responderle exactamente con la misma frialdad. Debería. Pero llevo meses sin verla. Y soy incapaz. Así que dejo que una pequeña sonrisa ladeada aparezca en mi cara.

—A mí también me alegra verte, Kass —veo cómo sus ojos cambian. Solo un instante. Después vuelve a controlar la expresión— ¿Qué haces por aquí? —pregunto mientras termino de acercarme—. ¿Has venido de visita?

—No exactamente.

Hay algo en su tono que me pone todavía más nervioso. Pero antes de que pueda seguir preguntando, recuerdo que existe otra persona en el salón y que ese pobre desgraciado lleva varios minutos mirando nuestra conversación como si necesitara subtítulos. Extiendo una mano hacia él.

—Perdona. Soy Nick.

—Dylan —responde el tipo estrechándome la mano con educación. Nos miramos unos segundos. No parece un gilipollas. Eso casi lo empeora.

—Encantado —digo, aunque probablemente sea la mentira más gorda que he echado.

—Igualmente. Soy la cita de Kassy.

Siento cómo algo dentro de mí se desploma directamente al suelo.

No cambio la expresión. O eso espero. Mantengo su mano apenas un segundo más antes de soltarla y vuelvo a mirar a Kass.

Ella también me está observando, intentando probablemente descifrar qué demonios está ocurriendo detrás de mi sonrisa.

—Ah —respondo finalmente. Me meto las manos en los bolsillos porque necesito hacer algo con ellas—.

Qué bien, Salamandra. Me alegro mucho por ti —mi voz suena perfectamente normal.

La sonrisa también. Solo yo sé el esfuerzo que me cuesta mantener ambas cosas.

Kassandra sostiene mi mirada durante un instante más de lo necesario.

—Gracias.

Una sola palabra. Y tan incómoda que prácticamente puedo escuchar el crujir en mi pecho.

Ava, que debe de estar viviendo la peor cena imaginaria de su existencia incluso antes de que nadie haya probado un aperitivo, decide intervenir.

—Bueno... —dice dando una palmada suave con una sonrisa demasiado entusiasta—. ¿Por qué no nos sentamos todos? Comemos algo tranquilamente, hablamos como personas civilizadas y pasamos una buena velada.

Miro a Ryder. Ryder mira a Ava. Levanta lentamente una ceja.

No necesita pronunciar una sola palabra.

Su expresión significa con absoluta claridad: ¿Tú estás completamente loca?

Tengo que morderme el interior de la mejilla para no reírme.

Kass también lo ve. Lo sé porque durante un segundo sus labios tiemblan.

Ava ignora deliberadamente a su novio y empieza a señalar la mesa como una azafata intentando evacuar un avión en llamas.

—Hay aperitivos, Raina ha cocinado, Steven ha conseguido elegir la bebida después de cuarenta minutos de crisis existencial y todos vamos a sentarnos, comer y comportarnos con normalidad.

—Plan impecable —murmura Ryder desde detrás de ella. Ava le lanza una mirada asesina.

—Colabora o duermes en el sofá —le amenaza Ava.

Y por fin Kass deja escapar una pequeña risa.

Y Mi cuerpo reacciona a ese maravilloso sonido que llevo tanto tiempo sin escuchar.

La miro. Ella levanta los ojos y nuestras miradas vuelven a encontrarse.

No puedo creer lo caprichoso que es el destino.

Henos aquí a Kassandra y a mí, en California.

Después de meses creyendo que nunca volveríamos a cruzarnos.

Y sé que mi nueva vida acaba de mejorar y complicarse muchísimo.

La cena avanza con una normalidad tan exageradamente fingida que empieza a resultar agotadora.

Ava está especialmente habladora. Cada vez que el silencio amenaza con durar unos segundos, ella saca otro tema con una energía que roza la desesperación, mientras Ryder la observa de vez en cuando con una expresión de ternura hacia ella muy cuqui, porque sabe exactamente qué está intentando hacer: facilitarnos las cosas a Kass, a mí y al pobre diablo de su cita.