CAPÍTULO 40 NUEVA VIDA #2
Cuando llegamos a casa de Ava ya ha empezado a anochecer.
Dylan llama al timbre y apenas transcurren unos segundos hasta que la puerta se abre.
Espero encontrarme a Ava al otro lado, pero es Ryder quien aparece, vestido de manera informal y con una expresión relajada que cambia de una forma bastante curiosa en cuanto sus ojos pasan de mí al chico que tengo al lado.
Primero sonríe. Después mira a mi acompañante.
Luego vuelve a mirarme a mí y durante un instante parece haberse olvidado completamente de que acaba de abrir una puerta porque se queda inmóvil, sujetando el pomo y observándonos con cara de imbécil.
—Dios de mi vida, lo que faltaba... —murmura tan bajo que casi podría convencerme de que lo he imaginado. Entrecierro los ojos.
—Hola a ti también, Knox. Qué recibimiento tan entrañable.
Ryder parpadea, parece darse cuenta de que lleva varios segundos comportándose como un completo idiota y recupera inmediatamente la compostura.
La sonrisa vuelve a aparecer en su cara, aunque ahora tiene algo extraño, una tensión diminuta en las comisuras que me hace preguntarme qué demonios le ocurre a todo el mundo desde que he llegado a California.
—Kassy, qué alegría verte —dice finalmente mientras se aparta para dejarnos entrar y me da un abrazo rápido al pasar junto a él—. En serio. Me alegro muchísimo de que estés aquí. Ava está en el salón esperando para recibirte.
—Eso ya suena bastante mejor.
Entro todavía extrañada por su reacción y le presento a Dylan antes de avanzar hacia el salón.
La casa me gusta todavía más ahora que puedo verla por dentro sin tener a Ava bloqueándome absurdamente la entrada como esta mañana.
Hay algo acogedor en ella a pesar del caos evidente de una vivienda compartida entre universitarios: libros abandonados por ahí, alguna chaqueta sobre el respaldo de una silla, varias tazas diferentes en la mesa...
Ava está en pie en el salón y su cara se ilumina al verme, pero su sonrisa también sufre una diminuta alteración cuando descubre que no he venido sola.
Sus ojos se detienen sobre mi acompañante y después regresan hacia mí.
¿Qué cojones les pasa a estos dos con Dylan? Yo lo miro y no veo nada raro en él.
—¡Ya estáis aquí! —exclama acercándose para besarme en la mejilla antes de mirar a Dylan—. Y tú eres...
Los presento, y Ava le estrecha la mano con una sonrisa educada mientras lo estudia durante un segundo demasiado largo. No hay hostilidad en su gesto, pero sí una especie de cálculo mental que empieza a resultarme bastante divertido.
—Encantada —dice ella antes de volver a mirarme—. Entonces... ¿desde cuándo estáis juntos? —añade y se me escapa una carcajada.
—Ava, por favor. Respira. No estamos juntos. Esta es nuestra segunda cita y, si continúas interrogándolo antes de que haya podido sentarse, probablemente lo asustes y no lleguemos a la tercera. Solo nos estamos conociendo.
—Vale, vale —responde levantando ambas manos con una inocencia absolutamente falsa—. Segunda cita. Ninguna presión. Yo no he preguntado nada.
Eso consigue hacerme reír. Ava nos conduce hasta el salón, donde me presenta a los otros dos habitantes de la casa.
Raina me recibe con una sonrisa abierta y enseguida empieza a hablarme como si nos conociéramos desde hace meses, mientras Steven apenas levanta la mano a modo de saludo antes de dedicarme una sonrisa tímida un rincón del sofá.
No parece antipático; solo parece tímido y…
bueno, un poco raro. Sobre la mesa hay varias bandejas con aperitivos, bebidas y algo que huele tan bien desde la cocina que mi estómago protesta inmediatamente, así que terminamos todos alrededor de la mesa baja mientras Ryder sirve unas copas y Ava intenta que Raina deje de contarme historias comprometedoras sobre sus primeras semanas viviendo juntas.
Al fin me relajo y comienzo a disfrutar de la conversación, del ruido, de estar rodeada de personas en un ambiente nuevo, pero acogedor, porque está Ava. Durante unos minutos siento que realmente podría empezar de nuevo y ser muy feliz aquí. Entonces vuelvo a fijarme en la casa.
—Por cierto —comento aprovechando una pausa en la conversación mientras miro alrededor—, esta mañana prácticamente me echaste de aquí antes de que pudiera cotillear nada. Y ahora entiendo todavía menos por qué, porque la casa es preciosa.
—No te eché —contesta Ava escandalizada.
—Me cerraste la puerta prácticamente en la cara —comento entre risas. Raina se ríe también al otro lado de la mesa mientras Ava pone los ojos en blanco y termina levantándose.
—Venga, pesada. Te enseño la casa antes de que montes uno de tus numeritos.
Me levanto detrás de ella y comenzamos una pequeña visita por la planta baja.
Ava me enseña la cocina, el pequeño patio trasero, un cuarto que utilizan para estudiar y algunos rincones de la casa mientras yo hago comentarios sobre absolutamente todo porque de verdad me fascina esta casa.
Dylan se queda conversando con Ryder, Raina y Steven, lo que agradezco porque me permite recuperar durante unos minutos la intimidad con Ava que tanto había echado de menos.
Cuando volvemos hacia el recibidor, mis ojos van hacia la escalera.
—Bueno —digo señalándola—, y arriba están las habitaciones, ¿no?
¿O esa parte de la mansión está reservada para miembros VIP?
—Ava se queda quieta. Otra vez. Y entonces empiezo a cansarme de verdad de tanto misterio— ¿Qué pasa contigo?
—pregunto entre divertida y desconcertada—.
¿Tienes un cadáver escondido arriba o qué?
—No. —Su respuesta sale demasiado deprisa y termina soltando una pequeña risa nerviosa—. Es solo que... tenemos otro compañero de casa. Es nuevo. Se está duchando ahora y prefiero que esperemos a que termine antes de subir —miro hacia las escaleras y después vuelvo a mirarla a ella.
—¿Y tengo que esperar a que vuestro compañero misterioso termine de ducharse para descubrir cómo es tu habitación? Joder, Monroe, espero que al menos esté bueno para justificar tanto suspense.
Ava no se ríe. Y ahí es cuando algo dentro de mí empieza a ponerse realmente alerta.
Su expresión cambia. La veo inspirar despacio, como si estuviera reuniendo valor para decirme algo que lleva intentando decirme desde que me ha visto esta mañana plantada delante de su puerta.
Después se acerca un poco a mí y baja la voz.
—Kass... acerca de eso hay algo importante que tengo que contarte —me dice y la sonrisa se me borra lentamente mientras observo su cara.
—Vale —murmuro finalmente, sosteniéndole la mirada—. Ahora sí estás empezando a preocuparme.