CAPÍTULO 38 FIN DE CURSO Y DESPEDIDAS #2
—Dímelo, Kass. Por favor. Si esta va a ser la última vez que estés conmigo así, necesito saberlo todo.
Ya hemos perdido demasiado tiempo ocultándonos cosas, fingiendo que sentíamos menos, intentando proteger al otro de verdades que acababan doliendo mucho más cuando se ocultaban.
Esta noche no quiero eso. Esta noche quiero que hagamos como Cenicienta y nos creamos nuestro propio hechizo hasta que llegue la hora de volver a la realidad.
Solo por unas horas, déjame fingir que esto es nuestro.
La garganta empieza a dolerme antes de conseguir hablar. Bajo la mirada hacia su pecho, hacia esa pequeña flor amarilla que eligió porque sabía perfectamente qué vestido iba a ponerme, y necesito varios segundos para ordenar todo lo que llevo semanas intentando no pensar.
—Siento no haberte conocido en otras circunstancias —confieso finalmente, obligándome a volver a mirarlo—.
Siento que cuando por fin entendí quién eras de verdad ya hubiera tantas cosas entre nosotros que no podíamos cambiar.
Siento no poder ayudarte a salir de donde estás y siento muchísimo que querernos no haya sido suficiente para arreglarlo.
Me voy a Nueva York, voy a intentar construir mi vida y sé que tengo que hacerlo, Nick.
Sé que necesito hacerlo. Pero también sé que una parte de mí se va a quedar aquí contigo para siempre.
Y eso es lo que más miedo me da, porque no sé cómo se empieza una vida nueva cuando dejas una parte de ti tan enorme en la antigua.
Nick cierra los ojos durante un instante y noto cómo sus brazos se tensan alrededor de mi cintura. Cuando vuelve a abrirlos, el brillo húmedo que encuentro en ellos hace que me cueste respirar.
—Yo siento exactamente lo mismo —responde, y por una vez no intenta esconderse detrás de ninguna broma—.
Te vas a llevar a Nueva York mi corazón, Kass.
Puede sonar cursi de cojones y mañana negaré haberlo dicho si alguien pregunta, pero es la verdad.
El resto de Nicholas Stone se quedará aquí intentando solucionar este desastre de vida, pero esa parte ya es tuya.
No voy a olvidarte. No podría aunque quisiera.
Has estado conmigo en momentos en los que ni siquiera yo quería estar conmigo mismo y me has visto entero, incluso las partes que más vergüenza me daban. ¿Cómo coño se olvida a alguien así?
Sonrío con tristeza y termino escondiendo la cara contra su hombro.
Aspiro su olor como si pudiera memorizarlo, como si dentro de unos meses pudiera cerrar los ojos en Nueva York y regresar exactamente a este instante.
Siento que él hace lo mismo; hunde durante un momento la nariz entre mi pelo y me estrecha un poco más contra su cuerpo.
Es entonces cuando recuerdo otra cosa que llevo pendiente desde la conversación en su cocina y la culpa me aprieta el estómago.
—También tengo que pedirte perdón por algo —murmuro sin separarme todavía—.
La otra noche en The Ruins. Estaba muy borracha y acabé contándoselo todo a Ava.
No quería traicionar tu secreto, Nick, te lo juro.
Simplemente... necesitaba soltarlo. Llevaba demasiado dentro y ella me preguntó y yo empecé a hablar y después ya no supe parar.
Nick no se aparta. Al contrario, me aprieta todavía más contra su pecho y deja un beso largo sobre mi pelo antes de contestar.
—No tienes que pedirme perdón por eso, Kass.
Al principio me cabreé, no voy a mentirte, pero lo entendí.
Tú has cargado también con cosas que nunca te correspondieron y yo fui quien te metió en medio de todo sin explicarte nada durante demasiado tiempo.
Si alguien está en deuda aquí soy yo. Siento todo lo que te hice pasar mientras intentaba convencerme de que alejarte era protegerte.
Siento haberte hecho creer cosas que nunca fueron verdad y siento no haber podido darte lo que necesitabas cuando me lo pediste.
Entiendo perfectamente por qué hablaste con Ava.
Y te quiero, Kass. Te quiero ahora y probablemente voy a quererte durante el resto de mi vida — levanto la cabeza de golpe y lo miro directamente a los ojos, sintiendo que el pecho se me encoge.
—No puedes decirme esas cosas si se supone que vamos a despedirnos hoy —le reprocho en un susurro, aunque no hay enfado en mi voz; solo una tristeza tan grande que casi me avergüenza dejarla salir.
Nick me observa durante unos segundos, acariciándome lentamente la cintura con los pulgares, y después niega muy despacio.
—Puedo y lo hago precisamente porque esta es nuestra última noche. ¿Recuerdas? Hemos prometido no escondernos nada. Mañana volveremos a ser sensatos, responsables y todas esas mierdas que aparentemente hacen los adultos, pero esta noche quiero que sepas exactamente lo que significas para mí.
Asiento porque no confío en mi voz. Seguimos balanceándonos durante unos segundos que parecen existir fuera del tiempo y entonces veo cómo la mirada de Nick desciende lentamente desde mis ojos hasta mis labios. Cuando vuelve a mirarme, hay una pregunta en su expresión antes incluso de formularla.
—¿Puedo besarte, Kass? —susurra, y esa petición sencilla consigue atravesarme entera. Después de todo lo que hemos vivido, todavía me pregunta. Todavía me deja elegir. La sonrisa que consigo dedicarle tiembla en las comisuras mientras acerco un poco más mi rostro al suyo.
—Estás tardando demasiado en hacerlo, Stone.
Nick sonríe, pero la sonrisa apenas dura un segundo antes de que cierre la distancia entre nosotros.
Sus labios encuentran los míos con una intensidad que me desarma por completo.
Un beso en el que solo está él, sujetándome como si quisiera fundirme entre sus brazos, y estoy yo, aferrándome a su cuello mientras lo beso con todo lo que no sé decirle.
Hay amor en ese beso. Hay dulzura, deseo contenido, gratitud y una cantidad insoportable de dolor.
Y mientras seguimos moviéndonos lentamente en mitad de la pista, rodeados de gente que celebra un final feliz, cierro los ojos y me permito creer durante unos minutos en el hechizo de Nicholas Stone.