Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 36 VOLVER A RESPIRAR #2
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CAPÍTULO 36 VOLVER A RESPIRAR #2

Tanto Jannet como yo seguimos automáticamente la dirección de su mirada.

Carter y Nicholas avanzan tranquilamente por la acera, completamente absortos en una conversación que parece tener entretenido sobre todo a Carter.

Él habla sin descanso, moviendo las manos exageradamente, mientras Nick camina a su lado con las manos metidas en los bolsillos de la sudadera, escuchándolo con esa media sonrisa distraída que tanto he echado de menos.

Amo esa sonrisa. La amo. Me quedo observándolo unos segundos más de la cuenta.

No sé si es porque hace semanas que procuro no mirarlo demasiado o porque, sencillamente, llevaba demasiado tiempo sin permitirme hacerlo con calma, pero me sorprende descubrir algo que no esperaba. Necesito escuchar su voz. Necesito mirar esos ojos color whisky. Aunque no sea buena idea…

—¡Eh, vosotros! —grita Selena levantando el brazo para llamar su atención—. ¡Venid un momento!

Los dos levantan la vista casi al mismo tiempo.

Carter nos localiza enseguida y sonríe con naturalidad antes de cambiar el rumbo hacia nuestra mesa.

Nicholas, sin embargo, tarda apenas un segundo más.

Un segundo que me deja sin aire. Porque no está mirando a Selena.

Ni a Jannet. Ni siquiera a Carter. Está mirándome a mí.

Y cuando nuestros ojos por fin se encuentran, todo el bullicio de la terraza parece alejarse unos metros, como si el resto del mundo hubiera decidido concedernos, sin saberlo, un instante completamente nuestro.

No sonríe enseguida. Primero frunce un poco el ceño, con esa expresión prudente que ha aprendido a ponerse desde que nuestras vidas se complicaron demasiado.

Después levanta muy ligeramente una ceja y hace un gesto casi imperceptible con la mano.

Pero yo sé perfectamente lo que significa.

"¿Quieres que me acerque o prefieres que siga de largo? "

Hace apenas unos meses se habría sentado directamente a mi lado sin pedir permiso y me habría provocado con esa desfachatez tan suya que conseguía sacarme de quicio.

Ahora, en cambio, espera. Espera porque sabe que hay heridas que todavía están cicatrizando y porque, aunque nunca me lo haya dicho, sospecho que tiene tanto miedo de volver a hacerme daño como yo de volver a dejar que me lo hagan.

Y no sé por qué esa prudencia consigue enternecerme.

Sin dejar de mirarlo, levanto apenas la barbilla y hago un gesto casi imperceptible con la cabeza.

"Ven." La reacción es inmediata y sonríe suspirando como si acabara de quitarse un peso enorme de encima.

Nicholas intercambia una mirada rápida con Carter y ambos terminan acercándose hasta nuestra mesa.

Carter arrastra una silla hasta la mesa y se deja caer sobre ella con un resoplido exagerado.

—Menos mal que por fin me encuentro unas chicas guapas con las que mantener una conversación interesante, porque llevo toda la mañana intentando explicarle a este idiota cómo se hace una mezcla de cemento y empiezo a sospechar que nació sin esa parte del cerebro.

Nick apoya los antebrazos sobre la mesa y finge sentirse profundamente ofendido.

—Perdona, pero que no sepa hacer una mezcla de cemento no significa que sea un inútil. Cada uno tiene sus talentos.

—¿Ah, sí? Ilumínanos. ¿Qué talentos son los tuyos exactamente? —dice Carter levantando una ceja burlona.

—Pues mira... —responde Nicholas enumerándolos con los dedos como si estuviera recitando un currículum de prestigio—.

Hago unos macarrones con tomate y atún que deberían ser patrimonio de la humanidad, soy una auténtica estrella del fútbol americano y, además, tengo un encanto natural del que tú careces por completo.

Todos soltamos una carcajada. Incluso yo.

Y, como si hubiera estado esperando precisamente ese momento, Nick gira la cabeza para comprobar si también me he reído.

Cuando descubre que sí, sus ojos se iluminan durante un instante con un brillo que llevaba demasiado tiempo sin ver.

No pienso dejar pasar la oportunidad de provocarlo una vez más.

—Stone... —digo apoyando tranquilamente el codo sobre la mesa—. No eres tan bueno como te crees.

—¿Ah, no, Salamandra? —dice llevándose una mano al pecho con dramatismo. Sacudo la cabeza con toda la arrogancia que soy capaz de reunir.

—Desde luego que no —continuo con mi provocación y Nick entrecierra los ojos divertido y sonríe de medio lado.

—Pues no deberías decir esas cosas. Se supone que las animadoras estáis para animarnos, no para hundir nuestra autoestima.

—Ya sabes que, para ti, siempre seré tu desanimadora favorita —no puedo evitar decirlo devolviéndole la sonrisa.

Durante un segundo él se queda completamente quieto, como si aquella frase hubiera despertado un recuerdo que llevaba demasiado tiempo guardado.

Después baja la vista un instante, deja escapar una risa suave y vuelve a mirarme.

—En eso sí voy a darte la razón —hace una pausa deliberada—. Eres mi favorita.

—Uy... —suelta Selena abriendo mucho los ojos. Jannet gira inmediatamente la cabeza hacia ella.

—¿Qué "uy"? —añade Jannet.

—Aquí hay tema.

—¿De qué estás hablando, Selena? No digas tonterías —bramo nerviosa.

—Vale, vale... no he dicho nada —dice levantando las manos, fingiendo inocencia.

Jannet, gracias al cielo, decide cambiar de conversación antes de que ninguno de los dos tenga que seguir justificándose.

—Por cierto. Hay fiesta dentro de unos días en The Ruins y queremos reunir otra vez a todos los veteranos. Le hemos escrito a Ava y le hemos dicho que, cuando termine los exámenes, se venga al pueblo. ¿Qué os parece? ¿Os apuntáis?

—Yo me apunto. Hace siglos que no vamos allí —dice Carter sin pensárselo. Nicholas tarda un instante más en responder. Primero me mira a mí, como si la respuesta que realmente le interesara no fuera la de nadie más.

—A mí me apetece muchísimo —dice con una sonrisa tranquila—. ¿Y a ti, Salamandra? —pregunta y mantengo la expresión altiva unos segundos más de la cuenta, solo para hacerlo sufrir un poco.

—Supongo que podéis contar con mi maravillosa presencia.

—Eso espero —dice soltando una risa baja. Selena vuelve a mirarnos alternativamente, incapaz de ocultar la curiosidad.

—Pero vamos a ver... ¿vosotros no os odiabais?

Nicholas y yo cruzamos una mirada rápida.

—Sí —responde él con absoluta solemnidad—. Nos odiamos profundamente.

—Muchísimo —añado yo sin poder evitar sonreír—. Profundamente.

Y resulta que volver a jugar con Nicholas Stone resulta tan peligroso como siempre. Y exactamente igual de irresistible.