CAPÍTULO 36 VOLVER A RESPIRAR
VOLVER A RESPIRAR
Kassy
Hay una frase que mi psicóloga repite tanto que ya empieza a resultarme insoportable.
"No todo lo que duele tiene que resolverse inmediatamente.
" Las primeras veces que la escuché tuve ganas de levantarme del sillón, abrir la puerta de la consulta y no volver jamás.
Me parecía una estupidez enorme. ¿Cómo no iba a intentar resolver aquello que me hacía daño?
¿Qué clase de persona acepta convivir con un dolor pudiendo luchar contra él?
Con el paso de las semanas he descubierto que quizá tenía razón, porque llevaba meses confundiendo insistencia con valentía.
Pensaba que seguir dándole vueltas una y otra vez a Stone significaba no rendirme.
Que buscarlo con la mirada por los pasillos, imaginar conversaciones que nunca sucedían o convencerme de que quizá, si esperaba un poco más, el mundo terminaría poniéndose de nuestra parte era una forma de luchar por nosotros.
No lo era. Era cavar. Cada pensamiento repetido abría un agujero un poco más profundo que el anterior, hasta que un día descubrí que no podía salir de él.
Mi psicóloga nunca me dijo que Nick fuera malo para mí.
Ni siquiera insinuó algo parecido. Me dijo una verdad mucho más difícil de aceptar.
"Hay personas maravillosas con las que la vida no coincide en el momento adecuado.
Insistir en vivir permanentemente alrededor de ese imposible solo consigue que dejes de vivir alrededor de ti. "
Aquella frase me enfadó muchísimo. Hoy empiezo a comprenderla.
No porque haya dejado de querer a Nick. Eso sigue siendo igual de imposible.
Sino porque, por primera vez, desde hace meses, vuelvo a despertarme algunas mañanas y descubro que llevo varios minutos pensando en cualquier otra cosa antes de acordarme de él. Y eso también es avanzar.
James ha tenido bastante culpa de todo eso.
Nunca habría imaginado decir una frase semejante.
No estoy enamorada de él. Ni de cerca. Sería tremendamente injusto hacerle creer algo así.
Sin embargo, salir algunas tardes al cine, ir a cenar o simplemente caminar durante horas hablando de cualquier tontería ha resultado mucho más terapéutico de lo que esperaba.
No es que tengamos charlas profundas. Simplemente escucha cuando necesito hablar y calla cuando me ve ausente.
Es fácil. Y, después de todo lo vivido durante el último año, descubrir que alguien puede ser sencillo resulta casi un lujo.
Todo sigue siendo infinitamente más fácil con él que con Nicholas Stone.
Y ahí está precisamente el problema. Porque la facilidad nunca ha conseguido que mi corazón lata frenético.
Cuando recibí su mensaje preguntándome si seguía en pie lo del baile de graduación, tardé varios minutos en atreverme siquiera a abrir la conversación.
Después pasé otros tantos escribiendo una respuesta, borrándola, volviéndola a escribir y volviendo a borrarla.
Una parte de mí quería decirle que no. Que lo mejor para los dos era dejar que aquello muriera definitivamente.
Otra necesitaba verlo una última vez, aunque solo fuera para despedirme de la persona que más había cambiado mi vida en tan poco tiempo.
Al final terminé respondiendo con la mayor frialdad que fui capaz de fingir.
"Merecemos un cierre digno."
Todavía recuerdo cómo me temblaban las manos al pulsar enviar.
No se lo he contado a mi psicóloga. Supongo que algún día tendré que hacerlo.
Porque, si soy completamente sincera conmigo misma, sigo echándolo muchísimo de menos.
Echo de menos que me saque de quicio, que me llame Salamandra con esa sonrisa de idiota que siempre consigue que quiera estrangularlo y besarlo exactamente al mismo tiempo.
Pero también echo de menos a la chica que era con él y reía con él.
Y esa es la chica que realmente estoy intentando recuperar. No a Nick.
—¡Kassandra López! —me detengo en seco mientras voy andando por la calle al oír mi nombre de una voz familiar.
Levanto la cabeza justo a tiempo para ver a Selena prácticamente lanzándose sobre mí en mitad de la plaza.
No me da tiempo ni a reaccionar. Sus brazos ya están rodeándome con tanta fuerza que casi consigue tirarme al suelo.
—¡Sel! ¡Qué alegría volver a verte! ¡Déjame respirar, loca! —protesto entre risas.
—¡No! ¡Llevo muchos meses sin verte!
—¡Dios mío, Kassy! ¡Eh, gruñona, ven aquí y abrázame a mí también! —oigo la voz de Jannet decir y mi felicidad se multiplica por dos en ese instante al verla a ella también allí.
Las tres terminamos abrazándonos, diciéndonos tonterías y riéndonos.
Una risa tan natural y tan fresca que hace tiempo que no salía de mí.
Nos sentamos en la terraza de una cafetería y las horas empiezan a desaparecer sin que ninguna se dé cuenta.
Selena habla sin parar de profesores demasiados exigentes en la Universidad de Nueca York, donde estudia artes escénicas, de compañeros extravagantes y de su vida de universitaria en general.
Jannet cuenta historias todavía más absurdas sobre sus estudios de psicología y yo descubro que había olvidado lo fácil que era reírme cuando ellas estaban delante. Hasta que llega la pregunta inevitable.
—¿Y tú? —pregunta Selena con más suavidad—. ¿Cómo estás? Me enteré de lo de tu padre, Kass. Lo siento mucho. Intenté llamarte varias veces, pero al notar tu silencio supuse que necesitabas espacio —añade y bajo la mirada.
—Mejor. Estoy mejor —digo y ambas aguardan en silencio. Saben que esa respuesta no basta. Sonrío un poco—. Estoy yendo a terapia.
—¿Y funciona? —pregunta Jannet. Pienso unos segundos.
—Hay días que sí. Otros no tanto. Pero... creo que vuelvo a reconocerme algunas veces.
—Estás bastante más delgada —dice Selena, observándome con cariño.
—Y un poco pálida —añade Jannet enseguida, con muchísimo cuidado. Noto cómo mi cuerpo se tensa de forma automática.
—No quiero hablar de eso todavía. —afirmo y las dos levantan las manos inmediatamente.
—Vale —dice Sel.
—Perdón —añade Jannet.
—Estoy trabajando en ello —añado como punto final a esa conversación.
—Pues eso es lo único importante —Selena estira la mano por encima de la mesa y aprieta la mía. El silencio dura apenas unos segundos antes de que Jannet sonría con picardía.
—Bueno... cambiemos de tema —añade Sel.
—Por favor —suplico.
—¿James? —pregunta de nuevo Selena. ¿Qué sabe?
—¿Qué pasa con James? —pregunto levantando una ceja.
—¿Te gusta? Me ha dicho un pajarito que sales a veces con él —dice y yo sonrío.
—A ver si lo adivino. Ese pajarito es mi madre —añado, aunque sé la respuesta.
—Bueno, sí. Es que hemos ido antes a tu casa a ver si te veíamos de sorpresa y ella nos dijo que a lo mejor habías salido con él —me informa Selena, corroborando mis sospechas.
—Me cae muy bien —digo simplemente.
—Eso no es una respuesta —me regaña Jannet.
—Porque no hay mucho más que responder. Salimos algunas veces. Es buena persona. Me hace sentir tranquila —Selena me observa.
—Pero no estás enamorada —sentencia.
—No —.
—Pues vaya rollo —Jannet suspira exageradamente. Entonces miro alternativamente a las dos.
—¿Y vosotras?
—Bueno... hay alguien... —comienza Selena. Jannet gira la cabeza hacia ella tan deprisa que casi tira el café.
—¡Lo sabía!
—No es para tanto. Solo es un chico mono. Vaya, que está bueno. La verdad es que está para hacer muchas locuras, chicas —dice Selena soltando una risita.
—¿Quién?
—Nadie importante.
—Eso significa que sí es importante —añado yo, porque ya tengo la experiencia suficiente para saber que se está pillando. Selena termina sonriendo mientras baja la vista hacia su taza. Una sonrisa distinta. Más tímida.
—Digamos... que hay alguien que me hace bastante tilín.
—¡Nombre! —grita Jannet dando un golpe en la mesa.
—Ni hablar —Selena medita unos segundos antes de hablar.
Después levanta los hombros con fingida indiferencia—.
Todavía no estoy enamorada. ¡Cambiemos de tema!
—propone dando su conversación por finalizada también— va a haber un fiestote en The Ruins antes del baile de graduación del instituto, que por cierto, Kass, ¿vas a ir con James?
—me quedo blanca como la pared y sin saber qué hacer simplemente asiento—.
Vale. ¡La cuestión es! Tenemos que ir a esa fiesta y recordar nuestros viejos tiempos, chicas.
Y, no sé qué pensaréis, pero hay que traer a Ava como sea.
—Me parece buena idea —digo—. Déjame anunciarlo a mí. Hace mucho que no hablo con Ava también y ya va siendo hora que la Kassy de siempre vuelva.
Y, mientras saco el móvil para volver a abrir aquel viejo grupo de WhatsApp que llevaba meses completamente muerto, siento esperanza.
Escribo el primer mensaje. "Se informa oficialmente a Ava Monroe de que las Brujas de The Ruins vuelven a reunirse."
Selena añade inmediatamente: "En cuanto termines los exámenes vuelves al pueblo. Hay fiesta en The Ruins y tenemos demasiados meses de cotilleos acumulados."
Jannet remata con un emoji de amenaza y otro de corazón. Miro la pantalla unos segundos antes de escribir una última frase. "Te echamos muchísimo de menos, Ava."
Me siento muy feliz. Siento que no solo estoy recuperando una parte de mí. También estoy recuperando a mi familia elegida. Selena está terminando de mandar un mensaje al grupo, cuando de pronto gira la cabeza hacia la calle con una sonrisa enorme, como si acabara de descubrir un tesoro.
—¡Eh! ¡Mirad quiénes vienen por ahí!