CAPÍTULO 34 LA VERDAD TAMBIÉN ALIMENTA #3
—Entonces... —mi voz apenas es un hilo—.
¿Todavía tienes que verla? —Él simplemente asiente.
Trago el helado con dificultad— ¿Cuántas veces...
? —Nick desvía la mirada hacia la mesa, hacia la comida de nuevo.
Yo siento cómo la ansiedad empieza a subirme por el pecho— ¡No!
—doy un pequeño golpe con la palma sobre la madera, incapaz de soportar un segundo más de incertidumbre—.
Ya está bien con el trato, Nick. Ya he comido.
Ya no puedo pensar ni en un bocado más. Dímelo. Por favor. Solo... dímelo de una vez.
Nick permanece callado unos segundos. Después levanta lentamente la cabeza y clava los ojos en los míos.
—Prométeme primero una cosa.
—¿Qué? —pregunto frunciendo el ceño.
—Prométeme que vas a volver a ser tú. Que vas a comer. Que vas a dejar de castigarte. Que vas a pedir ayuda si hace falta. Prométeme que vas a aprender a mirar a esa chica del espejo con los mismos ojos con los que la miro yo.
Siento un nudo enorme en la garganta.
—¡No puedo volver a ser la chica que tenía un padre maravilloso! —La voz se me rompe por completo—. ¡No puedo volver a ser la chica que no sabía que estaban abusando del hombre del que está enamorada!
Él cierra los ojos apenas un segundo y niega muy despacio.
—Sabes perfectamente que no me refiero a eso.
—¿Entonces a qué?
—A que vuelvas a cuidar de ti. A que vuelvas a entender que nunca tuviste que cambiar absolutamente nada para que alguien pudiera enamorarse de ti. A que dejes de escuchar esa voz, tanto la que oyes en tu cabeza como la de tu madre, que lleva demasiado tiempo diciéndote que no eres suficiente.
Me quedo completamente inmóvil. ¿Cómo...? ¿Cómo sabe eso? ¿Cómo puede saber exactamente lo que llevo escuchando de mi madre desde que era una niña? Abro la boca para preguntárselo, pero él se adelanta.
—Sí, Kass. Sigo viéndola. Cinco... seis veces al mes, depende.
Me lleva a su cama y cada vez salgo de allí sintiéndome un poco más vacío.
¿Recuerdas el juicio de Ryder? Para poder ganarlo necesitó un buen abogado.
Fui yo quien lo pagó. Después de todo lo que pasó necesitó ir a terapia para ponerse bien.
También la pagué yo. ¿Y sabes con qué dinero, Kass?
Las lágrimas vuelven a inundarle los ojos.
—¿Qué...? —susurro y Nick rompe a llorar. Ver a Nick llorando es tan demoledor que me rompe por dentro.
—¡Lo hice porque no podía perder a mi mejor amigo!
¡Y ahora tampoco pienso perder a la mujer de mi vida!
Quiero que vayas a terapia. Quiero ayudarte.
Verte reír otra vez. Volver a discutir contigo como siempre.
Volver a verte comer un puto helado sin que parezca que estás cometiendo un crimen.
Pero no puedo darte lo que tú quieres ni pedirte que seas mi novia mientras le debo mi cuerpo a otra persona.
Sería condenarte a vivir esperando algo que yo, ahora mismo, no puedo darte.
Mi cuerpo no aguanta más la distancia y me levanto y me acerco a Nick poco a poco hasta que estoy frente a él. Levanto una mano despacio y le acaricio la mejilla. Está empapada de lágrimas.
—No me vas a pagar ninguna terapia —susurro con la voz completamente rota—.
Iré yo. Buscaré ayuda. Haré lo que tenga que hacer.
Pero... por favor... no me apartes de tu vida.
Me da igual cómo se llame esto. Me da igual si no puede ser una relación como las demás.
Me conformo con cualquier rincón en el que todavía pueda seguir estando contigo.
Nick aprieta los ojos con fuerza y niega una y otra vez.
—No, mi amor... precisamente eso es lo que no quiero.
Porque ese es tu problema. Siempre te conformas con menos de lo que mereces.
Y tú no mereces migajas. No mereces esperar a que otro tenga un hueco para ti y tener que compartir a alguien que te ama con otra mujer.
Mereces que alguien pueda darte todo. Y ahora mismo... yo no puedo.
Apoyo mi frente contra la suya mientras los dos seguimos llorando.
—Entonces... ¿esto es un adiós? —pregunto apenas en un susurro—. ¿Aunque me recupere?
Él inspira con dificultad antes de responder.
—Solo ponte bien, Kass. Mi Kass... Te lo suplico.
No me hagas verte desaparecer. No podría soportarlo.
Haré todo lo que esté en mi mano para cambiar mi vida.
No sé cuánto tardaré. No sé cómo lo conseguiré.
Pero mientras Emma siga necesitando que yo sea el adulto que nunca tuvo... todavía no soy libre.
—Entonces... concédeme una cosa —le suplico cerrando los ojos. Me duele tanto el pecho que me cuesta respirar.
—Lo que quieras —dice, asintiendo inmediatamente.
—Si consigo recuperarme de aquí al baile de graduación... ¿me regalarás una última noche contigo? —le pido y Nick deja escapar un sollozo que parece nacerle de algún sitio muy profundo. Después sonríe entre lágrimas.
—Por supuesto, Salamandra. Una noche más... si mi chica vuelve.
Me acerco despacio y beso sus labios. No hay nada de bonito en este beso. Solo dos personas despidiéndose de la vida que habían imaginado. Cuando me separo de él, siento que una parte de mí se queda para siempre en aquella cocina.
—Adiós, Nick.
Él cierra los ojos con fuerza. No intenta detenerme.
Y, mientras abandono su casa con el corazón hecho pedazos, una idea se abre paso entre todo el dolor.
Nunca fui insuficiente. El problema jamás fui yo.
El problema era todo aquello contra lo que Nicholas Stone llevaba luchando completamente solo desde mucho antes de que nuestras vidas se cruzaran.