CAPÍTULO 18 VERDAD Y CONSECUENCIAS #4
—Lo haces constantemente. Con Ryder, conmigo, con cualquiera que no encaje en tu idea de cómo deben funcionar las cosas.
Te crees diferente porque te acercas a nosotros, porque vienes a The Ruins y porque alguna vez te acuestas con un chico al que tus padres no aprobarían, pero en cuanto aparece un rumor vuelves corriendo al mismo lugar que todos los demás.
—El golpe resulta tan directo que siento cómo se me humedecen los ojos, aunque me niego a llorar delante de él.
—No metas lo nuestro en esto.
—No hay un “lo nuestro”, ¿recuerdas? —La frase cae entre ambos con una crueldad limpia. Nick también parece sentirla, porque durante un instante algo se rompe en su expresión, pero no la retira. Yo aprieto los puños junto a los costados y obligo a mi voz a mantenerse firme.
—Tienes razón. No lo hay. Así que no entiendo por qué esperabas que acudiera a ti antes de hablar con mi mejor amiga.
—Porque pensaba que al menos confiabas algo en mí.
—Y yo pensaba que tú no me mirarías como si fuera una basura por intentar protegerla.
—No estabas protegiéndola. Estabas alimentando sus miedos.
—¡No puedo hacer nada ahora! —grito, sintiendo que la impotencia rompe finalmente todas mis defensas—.
¿Qué quieres que haga? ¿Que obligue a Ava a volver con Ryder?
¿Que vaya por el instituto diciendo que el rumor es mentira cuando ni siquiera sé quién lo ha empezado?
No puedo cambiar lo que ha ocurrido, Nick.
No puedo meter las palabras de nuevo en la boca de esas chicas ni borrar lo que Ava escuchó.
Estoy dolida por ella, por Ryder y por todo esto, pero no puedes convertirlo en culpa mía porque necesitas a alguien a quien odiar.
Nick me mira fijamente. Su respiración sigue acelerada, pero no responde de inmediato.
—No necesito a alguien a quien odiar —dice finalmente—. Necesito que, por una vez, alguien admita que sus decisiones tienen consecuencias.
—¿Y tú? —pregunto—. ¿Tú admites las tuyas?
¿Admites que has venido a humillarme delante de todo el mundo porque estás enfadado y sabes que hacerme daño es más fácil que cambiar la reputación de Ryder?
¿Admites que me has llamado consentida y prejuiciosa sin tener ni idea de lo que estoy viviendo?
Mi padre está enfermo, Nick. Estoy aterrorizada cada día y no sé cómo ayudarlo, pero claro, como hay comida en mi despensa y mi madre no bebe, supongo que mis problemas no cuentan.
Su expresión cambia al mencionar a mi padre. La rabia se resquebraja un instante y aparece algo parecido al arrepentimiento.
—Kass...
—No me llames así.
La frase sale más rota de lo que me gustaría. Nick cierra la boca y la mirada que me dedica ya no contiene el mismo odio, pero el daño está hecho. No puedo soportar que intente suavizarlo ahora, como si llamarme así pudiera devolvernos al banco del parque y borrar todo lo que acaba de decir.
—Tú querías que dejara de creer que sabía quién eras —continúo—, pero parece que tú ya has decidido exactamente quién soy yo. Una niña rica y estúpida que se dedica a arruinar la vida de los demás porque no tiene problemas reales. Me alegra saberlo.
—No he dicho que seas estúpida.
—No hace falta. Igual que según tú no hacía falta que yo dijera si creía el rumor o no.
Nick aparta la mirada durante un segundo y sé que he conseguido golpearlo con sus propias palabras. No siento ninguna satisfacción. Solo una tristeza pesada que empieza a extenderse por todo mi cuerpo.
—Kassandra, yo...
—Vuelve con tu amigo.
No espero a que termine. Me giro hacia el entrenador y le digo que necesito irme, aunque mi voz apenas consigue mantenerse estable.
Asiente sin intentar detenerme. Recojo mis cosas del borde del campo sintiendo que todas las miradas continúan clavadas en mi espalda, pero ninguna pesa tanto como la de Nick.
Sé que me observa. Una parte absurda de mí espera que venga detrás, que me agarre del brazo y retire todo lo que ha dicho.
Otra teme que lo haga, porque no estoy segura de poder mantenerme enfadada si vuelve a llamarme con cariño.
Camino hacia los vestuarios con la garganta cerrada y los ojos ardiendo.
No he querido hacer daño a nadie. Esa certeza sigue intacta, pero ya no consigue protegerme de las consecuencias.
Ava está destrozada. Ryder también. Nick me odia y yo no sé si debería odiarlo por lo que acaba de decir o si una parte de mí comprende demasiado bien su rabia.
Tal vez las buenas intenciones no bastan.
Quizá contar la verdad, o lo que una cree que podría ser la verdad, también puede convertirse en una forma de destrucción cuando llega en el peor momento y encuentra a personas que ya estaban llenas de miedo.
Lo más doloroso no es que Nick piense que he cometido un error.
Es descubrir que, en cuanto las aguas se revuelven, todo lo que habíamos construido entre nosotros se hunde con una facilidad aterradora.
Las miradas, los besos, el helado, las confesiones y cada vez que me llama Kass dejan de importar en cuanto tiene que elegir entre confiar en mí o proteger a Ryder.
No puedo culparlo por elegir a su mejor amigo. Yo también he elegido a Ava.