Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 18 VERDAD Y CONSECUENCIAS #2
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CAPÍTULO 18 VERDAD Y CONSECUENCIAS #2

—Sigo sin entender cómo puede salir con Knox —dice una—. Yo no me acercaría a ese tío ni aunque me pagaran.

—Ava Monroe siempre ha sido un poco rara —responde otra—. A lo mejor le gusta que la controlen.

La tercera suelta una risa desagradable y yo cierro el gloss despacio, diciéndome que no debería intervenir. El problema es que continúan hablando.

—No es solo que la controle. Mi hermano dice que Ryder ha amenazado a todos los chicos del equipo. Que como alguno se acerque a Ava, lo mata.

—¿En serio?

—Sí. Por eso nadie se atreve ni a hablar con ella. Está como loco. De hecho, casi mató una vez a uno. Un tal Ray Bell.

Siento cómo el enfado desplaza inmediatamente cualquier otra emoción.

Me giro hacia ellas y las tres se callan en cuanto me ven, lo que confirma que saben perfectamente quién soy y que no esperaban que estuviera escuchando.

Una intenta disimular lavándose las manos, otra revisa el teléfono y la que ha contado la historia baja la mirada hacia el suelo.

—¿Qué acabas de decir? —pregunto.

—Nada.

—He escuchado perfectamente que estabas hablando de Ava y Ryder, así que no me tomes por idiota.

La chica del teléfono intercambia una mirada nerviosa con las demás.

—Solo es algo que se comenta.

—¿Quién lo comenta?

—Todo el mundo.

—Todo el mundo no es una persona. Dame un nombre.

—No sé —responde la primera, encogiéndose de hombros—. Lo dijo mi hermano. Está en el equipo y Ryder les ha advertido de que no se acerquen a ella.

—¿Tu hermano lo ha escuchado directamente? —inquiero y la chica duda. Esa vacilación aumenta mi irritación.

—Creo que sí.

—¿Crees o sabes?

—No lo sé, Kassy. Solo te digo lo que se comenta.

Me acerco un paso y apoyo las manos sobre el lavabo, mirándolas a través del espejo.

Sé que mi reacción las intimida. También sé que debería calmarme y comprobar la información antes de convertirla en algo más grande, pero la idea de que Ryder amenace a personas para mantener a Ava aislada despierta todos mis instintos protectores.

Ava acaba de empezar a salir de la jaula invisible en la que lleva años encerrada.

Ha aprendido a confiar en alguien, a desafiar a su padre y a permitirse sentir cosas que antes la paralizaban.

Si Ryder utiliza esa vulnerabilidad para controlarla, ella necesita saberlo.

—¿Qué más se dice? —pregunto.

—Nada más.

—No me mientas.

—Solo que está obsesionado con ella y quitarle la virginidad—añade la chica del teléfono—. Que no permite que ningún chico se acerque y que ha dicho que destrozará a quien lo intente. Pero nosotras no sabemos si es verdad.

Esa última frase llega demasiado tarde para corregir el daño.

Las palabras ya se han instalado en mi cabeza y empiezan a crecer, alimentadas por todo lo que el pueblo cuenta sobre Ryder Knox, por su carácter, por la manera en que todos parecen apartarse cuando camina por un pasillo y por la reputación que lo acompaña desde que llegó.

Una parte de mí recuerda que Nick me ha pedido que no crea saberlo todo de las personas basándome en rumores.

Otra responde que esto no trata sobre mí ni sobre Nick, sino sobre proteger a mi mejor amiga.

—No volváis a hablar de Ava como si la conocierais —les advierto—. Y mucho menos a decir que le gusta que la controlen.

Ninguna responde. Guardo el gloss en el bolso y salgo del baño con el corazón acelerado, repitiéndome que lo correcto es hablar con Ava y permitir que ella decida qué hacer con la información.

No voy divulgando el rumor por el instituto.

No lo cuento para hacer daño a Ryder ni para alimentar el espectáculo.

Se lo cuento a mi amiga porque, si fuera yo, querría saberlo.

Estoy completamente convencida de ello cuando la encuentro.

También cuando veo cómo cambia su expresión y cómo la seguridad que había empezado a construir alrededor de su relación se agrieta delante de mí.

Días después, todo se viene abajo. Ava no aparece en el instituto.

Al principio pensamos que está enferma, pero no responde a las llamadas ni a los mensajes y, cuando finalmente conseguimos hablar con ella, apenas dice nada.

Ha terminado con Ryder. No quiere verlo, no confía en él y se niega a escuchar cualquier explicación que pueda ofrecerle.

Intento recordarle que el rumor podría no ser cierto, que quizá debería preguntárselo directamente, pero las mismas palabras que yo le he contado parecen haber activado todos sus miedos.

Ava siempre ha temido equivocarse con Ryder, descubrir que su padre y todo el pueblo tenía razón y que detrás de la persona que ella conoce se esconde el monstruo que todos describen.

Ahora cualquier detalle del pasado se reorganiza dentro de su cabeza para convertirse en una prueba.

Ryder deja de parecer humano. Lo veo de lejos durante los días siguientes y veo que el abandono de Ava lo ha destrozado de una forma que ni se molesta en disimular.

Camina por el instituto con los hombros hundidos, no habla con nadie y durante los entrenamientos se mueve como si el cuerpo continuara obedeciendo mientras su mente está en otro lugar.

Nick está siempre cerca, pero no bromea como de costumbre.

La preocupación endurece su rostro y lo convierte en una versión distinta de sí mismo, más silenciosa.

Intento convencerme de que no tengo la culpa.

Yo no inventé el rumor. No obligué a Ava a terminar con Ryder ni decidí por ella que no debe escucharlo.

Solo le conté algo que afecta a su relación porque creo que tiene derecho a conocerlo.

La lógica, sin embargo, no sirve para protegerme de la sensación de que he empujado la primera pieza y ahora observo cómo cae todo lo demás.

Durante el entrenamiento de las animadoras intento concentrarme en la coreografía, pero el ambiente en el campo resulta extraño.

El equipo de fútbol entrena al otro lado y, aunque me prometo no buscar a Nick, lo hago en cuanto escucho un silbato.

Lo encuentro hablando con Ryder cerca de la banda.

Ryder asiente sin mirarlo, con una expresión vacía que me hace sentir una punzada de culpa.

Nick se gira entonces hacia nuestro grupo y nuestras miradas se cruzan.

Mi reacción es automática. Estoy a punto de sonreírle, como hago desde hace semanas, esperando esa conexión breve que se ha convertido en una parte secreta de mis días.

La sonrisa no llega a formarse. Nick me observa con un odio tan claro que siento cómo algo se hunde dentro de mí.

No hay ironía en sus ojos, ni afecto escondido, ni siquiera decepción. Solo rabia.

Aparto la mirada y pierdo el siguiente movimiento de la coreografía.

El entrenador grita mi nombre, obliga a empezar de nuevo y yo me disculpo, aunque apenas lo escucho.

El corazón me golpea con violencia mientras intento entender qué significa esa expresión.

No tengo que esperar demasiado. Nick abandona el entrenamiento y cruza el campo hacia nosotras con una determinación que hace que varias chicas dejen de moverse.

Su entrenador le grita algo desde lejos, pero él no se detiene.

Yo permanezco en mi sitio, sintiendo cómo la atención de todo el mundo se centra sobre nosotros.

Cuando llega frente a mí está con la respiración agitada y la mandíbula tensa.

—¿Ya eres feliz? —pregunta. El tono me desconcierta más que la pregunta.

—¿Qué?

—Te he preguntado si ya eres feliz, Kassandra —utiliza mi nombre completo, pero no de la manera cercana de siempre. Esta vez suena como una acusación.

—No sé de qué estás hablando.

—Claro que lo sabes. Ryder no duerme, no come y apenas consigue mantenerse en pie porque Ava ha decidido que es una especie de psicópata controlador.

Ella lleva días encerrada en su casa pensando que el hombre del que está enamorada la ha engañado y tú estás aquí como si no hubiera pasado nada. Así que dime, ¿ya eres feliz?

La vergüenza por tener a todo el mundo observándonos se transforma rápidamente en enfado.

—Yo no he hecho nada —me defiendo.

—No, por supuesto —dice soltando una risa seca—. Tú nunca haces nada. Solo escuchas un rumor y corres a contárselo a Ava sin molestarte en averiguar si es cierto.

—Es mi amiga. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Que le ocultara algo así?

—Esperaba que utilizaras la cabeza antes de destrozar la vida de dos personas —el comentario es como una bofetada, pero levanto la barbilla y me niego a permitir que lo note.

—Yo no he destrozado la vida de nadie. Han sido los demás quienes han difundido el rumor. Yo lo he escuchado y se lo he contado a la persona a la que afecta. No tengo la culpa de que la gente diga esas cosas de Ryder.

—No, tú solo te las crees.

—Nunca he dicho que me lo creyera.

—No ha hecho falta. Sabías exactamente qué iba a pensar Ava cuando se lo contaras —continúa con su acusación.

—No soy responsable de lo que Ava decide hacer con la información.

—Esa es una forma muy cómoda de quitarte la culpa.

Mi entrenador intenta intervenir, diciendo que este no es el lugar para discutir, pero ninguno le presta atención. La rabia de Nick parece ocupar todo el espacio entre nosotros y la mía empieza a crecer para protegerme del dolor que me provoca verlo mirarme de esa manera.

—¿Qué querías que hiciera, Nick? —pregunto, elevando la voz—. Imagina que fuera verdad. Imagina que Ryder estuviera amenazando a todos los chicos para que no se acercaran a Ava y yo lo supiera. ¿También me culparías por decírselo?

—La cuestión es que no es verdad.

—Yo no podía saberlo.

—Podías preguntar.

—¿A quién? ¿A Ryder? ¿Crees que habría venido corriendo a confesarme que amenaza a la gente?