CAPÍTULO 15 BUENA SUERTE, CAMPEÓN #4
No le doy tiempo a responder. La cojo otra vez por la cintura y la empujo hacia mi habitación entre besos y manoseos, sin dejar de tocarle la piel, sin dejar de morderle el labio inferior, sin dejar de sentir cómo su cuerpo responde al mío.
Cuando cruzamos el umbral, cierro la puerta con el pie y la empujo hacia la cama.
Kass cae de espaldas sobre el colchón y yo me coloco encima de ella sin perder un segundo, levantándole el vestido hasta la cintura y deslizando los dedos por el interior de sus muslos hasta encontrar la tela húmeda de sus bragas.
—Joder, Kass… —gruño contra su cuello—. Llevas toda la noche poniéndome así de duro y ahora resulta que tú también estás empapada.
Ella se ríe bajito, una risa ronca y cargada de deseo, y levanta las caderas para que le quite las bragas.
Las tiro al suelo sin miramientos y bajo la cabeza para besar el interior de sus muslos, subiendo despacio hasta su coño.
Kass se arquea en cuanto mi lengua la encuentra, y el gemido que suelta es tan sincero que me pone todavía más cachondo.
La chupo con ganas, lento al principio, saboreándola, y luego más rápido cuando siento cómo se agarra a mi pelo y empieza a mover las caderas contra mi boca.
—Nick… —jadea—. No pares…
No pienso parar. La follo con la lengua y los dedos hasta que se corre la primera vez, con las piernas temblando y un gemido ahogado que intenta contener con el dorso de la mano.
Cuando levanto la cabeza, ella me mira con los ojos oscuros y la boca abierta, y esa imagen sola ya merecería todo el escozor de haberme sentido tan ignorado por ella durante toda la semana.
Me quito la camiseta y los pantalones en segundos.
Kass se incorpora lo suficiente para ayudarme con los bóxers y, en cuanto mi polla queda libre, la rodea con la mano y me masturba despacio, mirándome a los ojos.
—Eres demasiado grande para alguien que se comporta como un niño la mayor parte del tiempo —bromea, aunque la voz le tiembla de deseo.
—Y tú eres demasiado descarada para alguien que se hace la intocable por los pasillos —le respondo, empujándola otra vez hacia atrás.
Me coloco entre sus piernas y froto la punta de mi polla contra su coño mojado, sin entrar todavía. Kass se muerde el labio y levanta las caderas, buscando más.
—Métela —ordena.
—Pídelo bien —le provoco con una sonrisita socarrona.
—Métela, Stone. Ahora.
Obedezco. Entro en ella de un solo empujón profundo y ambos gemimos al mismo tiempo. Está tan apretada, tan caliente, tan perfecta, que por un segundo tengo que quedarme quieto para no correrme como un principiante. Kass me rodea la cintura con las piernas y me clava las uñas en la espalda.
—Muévete —me dice contra la oreja—. Fóllame como si quisieras romperme en dos.
Joder… Y lo hago. La follo con fuerza, con embestidas profundas y rápidas, sujetándole las caderas para poder entrar todavía más.
Kass se vuelve salvaje. Más salvaje que la primera vez.
Me muerde el hombro, me araña la espalda, gime mi nombre sin intentar contenerse.
Me gusta. Me gusta demasiado. Pero una parte de mí se pregunta si esta intensidad viene de lo que sea que le está pasando y no quiere contar.
Si está usando el sexo para apagar algo que le duele.
Y, aunque la idea me inquieta, también me hace querer dárselo todo.
Si así es como puedo ayudarla, bienvenido sea.
—Más fuerte —me pide, y yo obedezco, cambiando el ángulo para frotar su clítoris con cada embestida.
Kass se corre otra vez, apretándome con fuerza, y el sonido que hace me vuelve loco.
Le doy la vuelta, la pongo a cuatro patas y vuelvo a entrar en ella desde atrás, agarrándole el pelo con una mano y la cadera con la otra.
Desde esta posición puedo ver cómo su culo rebota contra mí, cómo su espalda se arquea, cómo se agarra a las sábanas.
La follo como un animal, sin delicadeza, sin contención, y ella responde con la misma ferocidad.
—Voy a correrme dentro —le digo, inclinándome sobre su espalda para morderle el hombro—. Quiero sentirte correrte tú también cuando lo haga.
—Hazlo —jadea—. Lléname.
Eso es todo lo que necesito. Unas cuantas embestidas más y me corro con un gruñido largo, vaciándome dentro de ella mientras ella se corre por tercera vez, temblando bajo mi cuerpo.
Nos quedamos así unos segundos, respirando agitados, con mi polla todavía dentro de ella y el sudor pegándonos la piel.
Cuando por fin me retiro y me tumbo a su lado, Kass se queda mirando el techo durante un momento, con la respiración irregular. Luego empieza a buscar su ropa.
—Me voy a ir… —comienza a decir y yo me incorporo de inmediato y le sujeto la muñeca.
—Ni hablar —sentencio y ella me mira, sorprendida.
—Es muy tarde, Nick. Debería…
—Quédate —le digo, más serio de lo que pretendo—. Quédate la noche. Además… —sonrío, tirando de ella hacia mí otra vez— yo no he acabado contigo.
Kass se queda quieta un segundo. Luego suelta una risa baja y se deja caer otra vez sobre la cama, permitiendo que la atraiga contra mi pecho.
—Eres un cabrón engreído, Stone.
—Ya… como sea… pero tú te quedas —respondo, besándole la frente—. Ahora duerme un rato. Luego seguimos.