CAPÍTULO 12 REALIDADES OCULTAS #3
—No hay nada de ridículo en ver a un hombre siendo tan hombre como lo eres tú. Sin fachadas, sin sonrisitas arrogantes, sin esconder tu preciosa vulnerabilidad, Nick —le contesto entre besos con la respiración acelerada. Nick traga saliva ante mis palabras.
—Sigo siendo un caso perdido para alguien como tú, Salamandra. No lo olvides. Pero ahora mismo vamos a disfrutar los dos de esta pequeña tregua, ¿te parece? —dice con cierta emoción contenida.
Asiento con una sonrisa en la cara. Nick me quita la camiseta que llevo puesta y me pide que no haga mucho ruido.
Entonces nos besamos apasionadamente. Me levanta entre sus brazos sin esfuerzo y me lleva a su cama sin dejar de besarme.
En cuanto me tumba allí comienza a besarme el cuello, los pezones, a restregar su erección por mi sexo húmedo, hasta que, en un momento, comienza a introducirse lentamente en mí y me mira a los ojos.
Abro la boca en un gemido sordo mientras ambos nos miramos.
Nick me besa para ayudarme a acallar mis gemidos mientras me folla maravillosamente bien.
El chico está super bien dotado, pienso, sintiendo cómo me llena por completo.
Y es demasiado sexy para mi estabilidad emocional.
No esperaba sentirme tan bien con él. Más que bien, me siento extremadamente bien.
Seguramente porque no sea mi intención por una vez en la vida gustar a alguien, pues nunca he pretendido gustarle a él.
Y porque también, él tampoco ha hecho nada para querer gustarme a mí.
Al revés, se ha visto obligado a protegerme y me ha mostrado la cara más fea y que intenta ocultar siempre: su madre borracha y su despensa vacía.
Aun así, siento ahora mismo que Nick Stone me pone muy cachonda tras haber visto su lado feo y haber apartado su arrogancia a un lado.
Y posiblemente a él le pase lo mismo conmigo, ya que me ha visto drogada, vomitando y ahora mismo con el pelo hecho un desastre y el maquillaje corrido.
Pienso que la situación entre los dos no podía ser menos glamurosa y, sin embargo, es perfecta, porque es liberadora.
Es tan perfecta que es la primera vez que siento que estoy llegando rápidamente al orgasmo con un chico de mi edad y sin tener que fingir.
Mientras follamos, Nick me sonríe.
—¿Volveremos a no poder soportarnos mañana en el instituto? —pregunta y yo sonrío mientras gimo.
—Por supuesto que así será.
Ambos sonreímos, porque sabemos que ya no será una verdad. Aunque sigamos comportándonos como antes después de esto, ya no podremos vernos con los mismos ojos.
—Entonces mañana volverás a ser la Doña Malgenio que se cree perfecta y toda estirada, ¿no? —bromea Nick, acelerando el ritmo.
—Así es. Y tú volverás a ser el chulo y engreído que piensa que puede conseguirlo todo con una sonrisa arrogante, que no soporto.
Nick se ríe y sigue follándome. Luego me besa en los labios.
—Oh, Salamandra, pero ya sabré que te encanta sentir mi polla dentro de ti y que, aunque lo ocultes bien, te morirás por repetir —dice con voz ronca.
Me comienza a estimular el clítoris con los dedos mientras aviva el ritmo de sus embestidas y comienzo a gemir más fuerte, por lo que me tengo que tapar la boca con las manos. Nick se pone más tenso y gruñe, él también está a punto.
—Vamos, Kass, dámelo. Voy a llenarte y a disfrutarte hasta que expulse la última gota en ti —me pide con voz rasposa y grave.
Ambos nos corremos a la vez. Yo atrapando mi fuerte gemido en mis manos y Nick mordiendo mi hombro e intentando emitir el menor ruido posible. Entonces, se separa de mí y se tumba a mi lado. Nos quedamos quietos tirados sobre la cama con respiración irregular y mirando al techo.
—Bueno, creo que debería volver a casa —siento una enorme tristeza al decir esto. Giro la cara y veo la mirada de Nick, que también parece llena de pesar.
—Vale —susurra. Aunque sus ojos parecen estar diciendo lo contrario.
Nick me trae la ropa que llevaba anoche que puso a lavar y ya está seca. Me visto y Nick también. Una vez vestidos y con una sensación rara en el pecho, dice que me acompaña hasta la puerta.
—Gracias por todo, Stone —le digo con una sonrisa sincera al llegar a la puerta—. Por cuidarme y todo eso…
—Yo también te estoy muy agradecido, Kass, más de lo que piensas y no solo por lo que piensas —dice él con una sonrisa preciosa, una de las que ahora ya no quiero dejar de ver.
Sonrío con timidez y Nick me da un último beso en los labios. Entonces Emma aparece tras la puerta y me mira con una sonrisita pícara preciosa y bastante parecida a la de Nick.
—¿Sois novios? —nos pregunta. Nick y yo nos reímos un poco incómodos.
—No, enana. Ya sabes que yo nunca tendré de eso —responde finalmente Nick.
Lo dice con tristeza mientras me mira y yo interpreto esa tristeza como un: “lo siento, pero tú y yo nunca iremos a más”.
No entiendo por qué, pero de repente ese pensamiento abre una herida profunda en el pecho.
Yo nunca querría un novio como Nick, pero él debería querer una novia como yo.
Aunque ese pensamiento de pronto no tiene sentido.
Si yo no quiero un novio como Nick, entonces, ¿por qué me ha dolido tanto escucharle decir eso?