CAPÍTULO 7 SORPRESAS GRATAS #3
—No lo sé —respondo, acercando mi boca a su oreja—. Pero prometo que lo averiguaré para ti si tú me prometes que pasarás un buen rato conmigo —Kass sonríe y asiente.
—Sabía que podíamos llevarnos bien —susurra con voz grave y, cuando intenta irse, la sostengo con más fuerza contra mí, pegándola a mi cuerpo para que sienta lo duro que estoy.
—¿Vas a irte y dejarme así? —le pregunto desesperado, con la voz ronca. Ella me mira con una ceja levantada, claramente disfrutando del poder que tiene en este momento.
—¿Es que acaso me has dado algo de información? —inquiere y suspiro.
—Pregúntame otra cosa. ¡Cualquier cosa! Pero no te vayas ahora, pequeña. Estaba empezando a divertirme mucho —suplico y Kassandra sonríe con malicia.
—No sabías el nombre de esa chica —dice y asiento— ¿Sabes el nombre de alguna de las chicas con las que has tenido algo? —pregunta. Yo niego. Siempre he sido muy sincero.
—No necesito saber sus nombres para compartir solo un buen rato.
—¿Y por qué sabes el mío? —pregunta con mirada coqueta, pasando otra vez un dedo por mis pectorales. Trago saliva.
—Porque es imposible ignorar a alguien que hace que todo el mundo gire a su alrededor —respondo mirándola fijamente a los ojos. Kassy parece más impactada con la respuesta de lo que esperaba. Su respiración se acelera ligeramente.
—¿Lo dices en el mal o buen sentido?
—Bésame y lo averiguarás tú solita.
La acerco a mí y por fin saboreo esos labios carnosos que me están poniendo malo.
Nos damos un beso de película. Un beso que sabe a lo más parecido que puede haber a estar en la puta gloria, porque, joder, jamás he besado a alguien con unos labios tan apetecibles.
Mis manos recorren su cintura, bajan hasta su culo y lo aprietan con fuerza, pegándola más contra mi erección.
Ella gime contra mi boca y me tira del pelo, respondiendo con la misma hambre.
Después de un buen rato de frotamiento intenso, mis dedos se cuelan bajo su falda, encontrando su coño ya empapado y caliente, le aparto el tanga y los deslizo dentro de ella con facilidad mientras ella jadea contra mi boca.
Ambos nos perdemos en un ritmo desesperado y salvaje.
Mis dedos entran y salen de su coño mojado, curvándose para frotar ese punto que la hace temblar, mientras sus uñas se clavan en mi pecho y su mano baja hasta llegar a mis pantalones, los desabrocha y me libera la erección, para después agarrarla con fuerza.
La masturba con ganas, subiendo y bajando la mano con un ritmo perfecto, esparciendo el líquido preseminal por toda mi longitud.
Gimo contra su cuello, mordiéndole la piel mientras mis dedos la follan más rápido, sintiendo cómo sus paredes se aprietan alrededor de ellos.
—Joder, Kass… estás empapada —gruño contra su oreja, con la voz ronca de deseo—. Mira cómo me tienes, pequeña. Me encanta que estés tan mojada para mí…
Ella gime más fuerte, acelerando el movimiento de su mano sobre mi polla, apretándola justo como me gusta.
Joder, esta tía es perfecta en el sexo. Nos miramos a los ojos sin parar, respiraciones entrecortadas, frentes pegadas, como si el resto de la fiesta hubiera desaparecido.
Solo estamos nosotros dos, perdidos en este juego peligroso.
Kass se corre primero, con un gemido ahogado que me pone todavía más cachondo. Su coño se aprieta fuerte alrededor de mis dedos, temblando, empapándome la mano mientras su cuerpo se arquea contra el mío. La sostengo con el otro brazo, sintiendo cada espasmo, cada contracción de su placer.
Cuando su orgasmo empieza a bajar, saco los dedos lentamente y, con una risita pícara, me los meto en la boca delante de ella, saboreándola con gusto.
—Mmm… sabes jodidamente bien, Salamandra —digo con voz ronca, lamiéndome los dedos sin apartar la mirada de sus ojos.
Kassandra se muerde el labio, excitada y desafiante al mismo tiempo.
Acelera su mano sobre mi polla, masturbándome con más fuerza, más rápido, apretando en la cabeza.
Yo gruño, presionando mi frente contra la suya, respirando su aliento—.
Así… así, pequeña —le digo con voz rota, casi suplicante—. Mira cómo me pones, joder… no pares…
Me corro con fuerza, gruñendo su nombre contra su boca, eyaculando sobre su mano y mi abdomen mientras ella sigue moviendo la mano hasta sacarme hasta la última gota.
Nos quedamos así, mirándonos sin aliento, con las frentes pegadas y la respiración entrecortada, todavía temblando por el orgasmo.
Nuestras miradas siguen echando chispas.
Y ambos nos extrañamos de que el calor de antes no haya mermado para nada a pesar de todo lo que ha pasado entre los dos.
Al final es Kassandra la que me da un sonoro beso en los labios.
—Vuelve a buscarme cuando tengas lo que necesito, y quizá podamos entonces dar el siguiente paso —me dice con voz ronca.
Se va contoneando las caderas, dejándome allí, sin aliento, sonriendo como un idiota.
¿Me acaban de dominar? Sí, eso parece sin duda. Y la verdad… es que me ha encantado.