Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 7 SORPRESAS GRATAS #2
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CAPÍTULO 7 SORPRESAS GRATAS #2

No puedo evitar reírme. He escuchado ese tipo de cumplidos tantas veces que hace mucho dejaron de producirme el menor efecto.

Y, sin embargo, mientras ella sigue hablándome tan cerca que apenas distingo sus palabras, descubro que mi cabeza continúa en la pista de baile.

Sigue pensando en esa sonrisa inesperada, en esa chica que siempre encuentra una razón para discutir conmigo y que, por primera vez desde que la conozco, me ha mirado como si yo no fuera el enemigo.

No entiendo por qué me afecta tanto un gesto tan pequeño.

Pero me obligo a apartar su imagen de mi cabeza y concentrarme en el caramelito que tengo entre mis brazos.

La pelirroja tampoco pierde el tiempo. En cuanto la aprieto contra mí, se lanza a mi cuello.

Sus labios son ansiosos, húmedos, y sus manos recorren mi pecho con urgencia, alabando en voz baja lo duro que están mis músculos después del entrenamiento, lo ancho de mis hombros, la forma en que mi cuerpo parece hecho para follar.

Me dejo llevar, aunque en la cabeza me sigue rondando esa imagen de Kassy sonriéndome con esa sonrisa traviesa, casi desafiante, que me ha puesto la polla dura antes incluso de subir las escaleras.

Para mi sorpresa, cuando abro un instante los ojos en mitad de un beso acalorado con la pelirroja, me encuentro con que Kassandra López está apoyada en el quicio de la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa en la cara.

Ojos oscuros brillantes, pelo negro cayéndole por los hombros, esa postura que dice “Te pillé, Stone”.

Joder. Mi polla da un salto dentro de los pantalones.

¿Qué cojones hace aquí? ¿Me ha seguido? Maldita sea…

¿querrá follar conmigo por obra de cualquier milagro?

Porque si es así, a la mierda la pelirroja.

Nada me apetece más en estos momentos que enterrársela hasta el fondo a esa morena desafiante, provocadora y malhumorada y quitarle todo ese malhumor a base de embestidas.

Rompo el beso con la pelirroja. Ella, confundida, empieza a besarme el cuello para no perder el ritmo, pero yo ya solo tengo ojos para la morena que acaba de aparecer como si fuera una puta fantasía hecha realidad.

Le regalo a Kassy una de mis sonrisas cautivadoras, esa que sé que suele desarmar a la mayoría, y le pregunto con voz ronca:

—¿Quieres unirte a la fiesta o solo eres una mirona? A mí no me importa que mires… pero mucho menos me importaría que te unieras a nosotros.

Kassy se muerde el labio inferior en actitud provocadora y se acerca contoneando las caderas con esa seguridad que le caracteriza y que me pone cachondo de ella.

La sangre me hierve. La verdad es que es todo un reto para mí captar la atención de esta chica.

La mayoría se me abre de piernas con solo una mirada. Ella, en cambio, me hace trabajar.

—No me importaría acercarme a ti —responde con voz segura, casi desafiante—, pero la otra chica sobra —la pelirroja la mira indignada al escuchar su declaración de guerra.

—¿Quién te crees que eres? ¡Estás interrumpiendo!

—¡Hey, Daisy! ¿Por qué no me esperas abajo y acabamos esto otro día? —le digo a la pelirroja sin poder apartar la mirada de Kassandra. Me encanta llamarla por su nombre entero—. Tengo cosas que solucionar con Doña Malgenio.

—¡Me llamo Donna, idiota! —me grita la pelirroja y se va indignada. ¡Auch! ¿Por qué soy tan malo recordando nombres? Normal que se me den de puta pena los estudios.

La pelirroja se va indignada y maldiciendo. Quedamos frente a frente Kassandra y yo, ambos con nuestras sonrisas de suficiencia, como si estuviéramos midiendo quién va a ganar esta partida.

—¿Realmente serás capaz de hacer locuras en un lugar tan poco glamuroso como este?

—le pregunto, acercándome hasta que hay escasos centímetros entre nosotros.

Puedo oler su perfume mezclado con el olor a alcohol y humo de la fiesta.

Kassy tiene que levantar la cabeza para mirarme a los ojos.

Me encanta lo pequeña que se ve frente a mí.

—Ya he hecho innumerables locuras aquí —responde con esa chulería inherente a ella—. No te sientas especial.

Sonrío, la cojo de la cintura con ambas manos y elimino la distancia entre los dos, impulsándola contra mi cuerpo. Su calor me golpea como una ola. Comienzo a besuquear su cuello, lamiendo la piel suave justo debajo de la oreja.

—¿Qué quieres que te haga, princesa? —le susurro con voz ronca y seductora. Kassandra se estremece visiblemente. Yo sonrío más. La tengo. O al menos eso creo.

—Dado que tienes tanta información valiosa de mí, yo también necesito información valiosa. Y solo pasaré al siguiente nivel contigo si me aportas esa información. Si no, tendré que buscarme a otra persona que sea más valiosa para mí.

Gruño disgustado y la miro con el ceño fruncido, apretando un poco más mis dedos en su cintura.

—¿Qué es lo que quieres saber? —pregunto, desesperado por ir a más. Ella pasa un dedo lentamente por mis pectorales, trazando los músculos con una lentitud que me vuelve loco, y me mira con intensidad.

—¿Qué es lo que van diciendo por ahí de mi amiga Ava? Y no me digas que nada, porque sé que no es verdad.

Suspiro. Sé exactamente lo que van diciendo.

El bulo de que Ryder y yo amenazamos con matar a cualquiera que se acerque a ella.

Es mentira, la cosa no fue exactamente así, pero ahora mismo le está beneficiando a Ryder para acercarse a Ava.

No seré yo quien revele ese secreto. Sin embargo, hay más gente que podría informarle a Kassandra.

Y a mí me apetece muchísimo probar esos labios y ese cuerpo de infarto.