Tocables Intocables (The Ruins 2) CAPÍTULO 5 TOUCHÉ
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CAPÍTULO 5 TOUCHÉ

TOUCHÉ

Nick

Hay amistades que no necesitan grandes planes para funcionar.

Basta una hoguera mal encendida, cuatro cervezas calientes y un descampado perdido a las afueras del pueblo para sentir que, durante unas horas, el mundo deja de pesar tanto.

Carter y Justin llevan casi diez minutos comportándose como dos niños pequeños.

Han decidido que la mejor forma de demostrar su hombría consiste en saltar una hoguera cada vez más alta mientras discuten quién lo hace con más estilo.

Justin aterriza de cualquier manera y Carter rompe a reír antes de volver a coger carrerilla.

Los observo desde la roca donde estoy sentado junto a Ryder y no puedo evitar sonreír.

Hay momentos en los que me pregunto si esos dos llegarán a cumplir los veinte años o morirán antes haciendo alguna estupidez.

A mi lado, Ryder da una calada lenta al cigarrillo mientras contempla el fuego con la vista perdida. El humo asciende despacio hacia el cielo oscuro y yo niego con la cabeza.

—Deberías dejar esa mierda —Él arquea una ceja sin siquiera mirarme.

—¿El tabaco?

—Sí. Eres demasiado bueno para el fútbol como para ir estropeándote los pulmones. Hacemos un buen equipo y no necesito que un cigarrillo termine haciendo lo que ningún defensa ha conseguido —Ryder se gira por fin hacia mí y una sonrisa torcida aparece en su cara.

—Curioso consejo viniendo del mismo idiota al que hace un mes le pareció una idea fantástica comerse unas setas alucinógenas conmigo —no puedo evitar echarme a reír.

—Touché —admito, levantando la cerveza a modo de brindis—.

Pero no lo haré más. Mis alucinaciones no fueron tan buenas como las tuyas.

Tú veías a tu preciosa Ava en la chica que te follaste.

Yo veía a todas las tías con la cara de Pepa Pig.

Todavía no entiendo qué trauma oculto tiene mi cerebro para hacerme semejante putada.

Ryder rompe a reír de verdad. Esa risa grave y poco frecuente que siempre consigue contagiarme. Durante unos segundos los dos acabamos doblados sobre las rodillas mientras Carter y Justin nos miran desde la hoguera sin entender absolutamente nada.

—Estáis fatal —grita Carter.

—Habla por ti, pirómano —le responde Ryder antes de volver a mirarme.

La risa se le va apagando poco a poco hasta desaparecer del todo. Lo conozco demasiado bien. Cuando se queda callado de esa manera, algo le ronda la cabeza.

—¿Qué pasa? —pregunto, dando otro trago a la cerveza. Permanece unos segundos mirando el fuego antes de responder.

—Es con respecto a Ava —dice en voz baja.

Se queda callado unos segundos, como si estuviera buscando las palabras.

Yo espero. Con Ryder siempre hay que esperar.

No es de los que sueltan todo de golpe—.

La vi casi desnuda en su ventana un día —confiesa al fin—.

Ella me vio a mí y… no se apartó, tío. No se cubrió ni nada.

Desde ese día… la cosa ha ido a más y más.

Nos miramos a través de la ventana. Nos tocamos.

Nos masturbamos mirando el uno al otro. Y tengo miedo, Nick.

Tengo miedo porque me estoy ilusionando.

Y las ilusiones siempre me han traído consecuencias desastrosas.

No hace falta que añada nada más. Los dos sabemos lo que significa ilusionarse cuando has crecido convencido de que todo lo bueno acaba rompiéndose. Lo miro. Mi mejor amigo. El cabrón más duro que conozco. Y por primera vez en mucho tiempo, parece vulnerable. Le palmeo la espalda con fuerza.

—Joder, Knox… por fin vas a poder mojar el churro en esa raja —digo con mi tono socarrón habitual—. Estoy orgulloso de ti —Ryder sacude la cabeza, pero no puede evitar esconder una risa.

—Eres un puto animal.

—Lo sé —respondo riéndome—. Pero en serio…

no hay nada malo en ti. Deja de creer a todo el puto pueblo porque no son más que ratas idiotizadas por la flauta de los clasistas y los moralistas.

Los que más presumen son los que más tienen que callar.

¡Mírame a mí! Vengo de follarme a una mujer casada que me mantiene porque su matrimonio es tan aburrido y soso que no sabe qué hacer con su vida.

¡Hasta me he tenido que poner sus bragas rosas y salir pitando antes de que llegara el marido cuando llamó que venía por sorpresa!

—digo y me bajo un poco los pantalones, enseñándole las bragas rosa que todavía llevo puestas debajo. Ryder estalla en carcajadas.

—Eres un jodido desastre, Stone.

—Lo sé —digo, subiéndome los pantalones otra vez—.

Y tú también lo eres. Pero al menos tú eres un desastre libre.

Ojalá yo fuera libre como tú para poder tener una relación bonita y duradera.

Al contrario de lo que todos piensan, nada me gustaría más que enamorarme y poder vivir eso con alguien especial.

Pero no puedo. Estoy pillado por los huevos por esa mujer porque es el único jodido dinero que entra en mi casa.

Emma es todavía muy pequeña y no puedo fallarle.

Así que, mientras tenga que entregar mi cuerpo a esa depravada de Claire, no pienso tener una relación seria ni estable, porque no soportaría ser como ella y tener que engañar a nadie que me quiera y quiera cuidarme. Pero no me queda más remedio…

—No es justo que lleves todo ese peso en los hombros —dice Ryder con mirada muy seria. Sonrío, encogiéndome de hombros.

—Lo sé. Pero a nosotros no nos ha tocado la parte justa, ¿verdad?

Así que disfruta de tu virgencita, haz que deje de serlo y que conozca de verdad todo lo que se ha perdido por no fijarse antes en Ryder Knox.

Y no me refiero solo a tu artefacto masculino.

Sino a que nadie amará a esa chica ni una mísera parte de lo que lo haces tú.

Ryder se queda callado un rato, mirando el fuego.

Yo bebo de mi cerveza y pienso en lo jodidamente irónico que es todo.

Yo, que me tiro a quien quiero cuando quiero, pero estoy atado de pies y manos y soy el menos libre de los cuatro.

Y él, que ha esperado años por una sola chica, tiene miedo de tocarla.

La vida es una puta broma pesada. Pero al menos, esta noche, tenemos cerveza, fuego y un amigo que entiende lo que es cargar con mierda que no te pertenece.