CAPÍTULO 2 ERES UN PELIGRO
ERES UN PELIGRO
Kassy
Me miro en el espejo del baño mientras me aplico el brillo de labios.
Giro un poco la cabeza para comprobar que el eyeliner me ha quedado simétrico.
Perfecto. Me gusta lo que veo. Aunque siempre hay algo que mejorar.
Un poco más de contorno en los pómulos, quizá.
Estoy a punto de coger la brocha cuando escucho un fuerte alboroto en la calle.
Primero oigo un portazo. Después un grito.
Luego otro. Frunzo el ceño mientras dejo el rímel sobre el escritorio y levanto la cabeza hacia la ventana de mi habitación.
—¿Qué narices...?
Corro la cortina a un lado y me asomo justo a tiempo para presenciar la escena más surrealista que he visto en mi vida. Un chico está saliendo por la ventana de la casa de la vecina de enfrente… completamente desnudo.
Se me escapa un jadeo y me tapo la boca con las dos manos, escandalizada.
Corre por el tejadillo del porche con la ropa hecha un ovillo en la mano, saltando con una agilidad que me deja sin aliento.
Es alto, atlético, con la espalda ancha y los músculos marcados por el entrenamiento.
Y su culo… Dios, tiene un culito firme y bien puesto.
Se me calientan las mejillas. Debería apartar la mirada. Pero no lo hago.
—¡Madre mía...!
Parpadeo varias veces, convencida de que sigo dormida. Pero no. El chico continúa corriendo como alma que lleva el diablo calle abajo. Tardo apenas un par de segundos en reconocerlo.
Nicholas Stone. El mismo Nicholas Stone al que expulsaron hace unos días por acostarse con una animadora en las duchas del instituto.
No puedo evitar seguirlo con la mirada mientras desaparece por la calle.
Es ridículo. Absolutamente ridículo. Va descalzo, sujetando las zapatillas con una mano y la camiseta con la otra, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
Y, por desgracia para mi dignidad, también es imposible no darme cuenta de que el chico está exageradamente bien hecho.
Una cosa hay que admitir, está como un queso.
Los años jugando al fútbol americano le han esculpido la espalda y los hombros hasta convertirlos casi en una caricatura de anuncio deportivo.
Incluso corriendo como un delincuente sorprendido en pleno robo mantiene esa seguridad insultante de quien parece no avergonzarse nunca de nada.
Y sí... como ya he dicho… Tiene un culo increíble.
Aprieto los labios con fuerza. Qué horror de pensamiento.
Justo cuando estoy a punto de apartarme de la ventana, los gritos vuelven a escucharse dentro de la casa. Esta vez son mucho más fuertes. Después llega un golpe seco. Luego otro. El estómago se me encoge de inmediato. Eso ya no tiene ninguna gracia.
—¡Mamá! —grito mientras salgo corriendo de mi habitación. Bajo las escaleras de dos en dos y encuentro a mi madre en el salón, móvil en mano, con el rostro completamente serio.
—Ya estoy llamando a la policía —dice antes incluso de que pueda abrir la boca.
Los dos nos quedamos mirando por la ventana del salón. Los gritos continúan varios minutos más. Algunos vecinos empiezan a salir de sus casas sin atreverse a acercarse demasiado. El ambiente se vuelve irrespirable hasta que, por fin, varias patrullas doblan la esquina con las luces encendidas.
Los agentes entran en la vivienda a toda prisa.
Poco después, un hombre corpulento, el marido de mi vecina, sale esposado entre dos policías mientras no deja de gritar insultos.
Mi vecina aparece detrás de ellos completamente descompuesta y con una bata de seda que cubre su seguramente desnudez.
Una agente la abraza mientras otra la acompaña hasta una ambulancia.
—Pobrecilla... —murmura mi madre con un hilo de voz. Yo asiento sin apartar la vista de la escena.
Después de unos minutos, todo empieza a calmarse. Los curiosos regresan poco a poco a sus casas y las sirenas terminan perdiéndose al final de la calle. Resoplo despacio.
—Menudo espectáculo ha montado ese tal Stone...
—No sé exactamente qué habrá pasado ahí dentro, pero ese chico siempre termina metido en algún lío —añade mamá.
No puedo evitar darle la razón. Nicholas Stone parece un imán para los problemas.
Y eso es precisamente lo que más desconfianza me produce.
Porque los chicos peligrosos nunca tienen cara de peligrosos.
Tienen ojos bonitos. Sonrisas descaradas.
Un encanto capaz de hacer que medio instituto les ría las gracias, aunque acumulen más sanciones que aprobados.
Las chicas, sobre todo. Los chicos parecen mantenerse siempre a una prudente distancia de él.
Mi madre lleva diciéndomelo desde que tengo memoria.
«De los hombres demasiado encantadores y sin recursos económicos hay que desconfiar el doble.
» Y Nicholas Stone parece el ejemplo perfecto.
Solo atrae problemas. Por muy guapo que sea.
Por muy bien que se le marque el cuerpo después de entrenar.
Por muy traviesa que sea esa sonrisa que tiene siempre, como si el mundo fuera un chiste y él el que mejor se lo sabe.
Precisamente por eso es peligroso. Es exactamente el tipo de chico del que mi madre siempre me ha advertido: guapo, carismático, sin miedo a nada y con una reputación que precede a su nombre.
El tipo de chico que te sonríe, te hace sentir especial y luego te destroza la vida sin siquiera proponérselo.
Subo otra vez a mi habitación convencida de que no volveré a pensar en él.
Sin embargo, mientras intento terminar de maquillarme frente al espejo, la imagen de ese idiota huyendo calle abajo con la ropa bajo el brazo y con un culo y una espalda escultural vuelve a cruzarse por mi cabeza sin pedir permiso.
Y, antes de poder evitarlo, una sonrisa traicionera se dibuja en mis labios.
Niego despacio conmigo misma. Estás fatal, Kassandra...
Sacudo la cabeza, obligándome a concentrarme en el maquillaje.
No pienso convertirme en otra más de las que caen rendidas ante Nicholas Stone.
Jamás. Al fin y al cabo, si todas terminan tropezando con la misma piedra...
alguien tendrá que ser lo bastante lista como para rodearla.
¿Qué tiene Nicholas Stone para que las chicas dejen de pensar en el peligro que supone y acaben sucumbiendo a su encanto?
Sacudo la cabeza. A mí eso no me va a pasar.
Jamás. Aunque… por un segundo, solo un segundo, me permito imaginar cómo sería que esa sonrisa traviesa me la dedicara a mí.
Y luego cierro esa puerta con llave en mi mente.
Porque chicas como yo no se fijan en chicos como Nick Stone.