Capítulo 58 #2
Muy por encima, Zuri-Txar-Bekoa y Lehen-Gorri-On seguían enfrascados en una pelea mortal. Se soltaban zarpazos tremendos al rostro y al cuello. Lehen-Gorri-On consiguió arrancarle un ojo y Zuri-Txar-Bekoa rugió de dolor. No por ello dejó de pelear.
«Voy a acabar contigo y me comeré tus entrañas» le envió Lehen-Gorri-On.
Zuri-Txar-Bekoa lanzó un golpe de garra mientras sacudía las alas para mantenerse en el aire.
Su rival era mejor luchador y lo esquivó.
Contraatacó al instante. Impulsó sus alas hacia delante y de un terrible zarpazo le desgarró un cacho de carne del cuello.
Allí ya tenía las heridas de varios zarpazos anteriores.
El capitán gruñó de dolor. La sangre le brotaba de la herida y le caía por el torso. Los zarpazos del cuello y la cara sangraban sin parar. Esta última herida podía ser mortal. Decidió escapar. Perdió altura deprisa y huyó raseando.
«Escapa, cobarde».
Lehen-Gorri-On fue a seguirlo, pero lo pensó mejor. Giró en el aire y volvió a ayudar a sus compañeros de fuga.
Aroa giró de nuevo, esta vez hacia la derecha.
El dragón azul volvió a golpearse contra el lateral de la caverna.
Era enorme pero torpe y no pudo girar lo bastante rápido.
Esta vez el golpe fue tan fuerte que no logró equilibrarse.
Cayó al suelo y la inercia lo arrastró al interior de una de las cuevas mazmorra.
Aroa se elevó deprisa. El dragón marrón era más cauto.
Tomaba las curvas mucho más despacio y giraba sin perder la posición.
Volaban ya por una zona más estrecha. Aroa aceleró a máxima velocidad para perderlo.
Nahia lanzó una nueva bola de fuego contra el dragón blanco justo cuando este ponía ya las garras por delante para caer sobre ella. La explosión lo envolvió en llamas por completo. El dragón cayó ardiendo sobre Nahia.
Al otro lado, Logan lanzó dos bolas de rayos enormes contra el dragón rojo que se le venía encima.
Luego saltó a un lado. No tuvo tiempo suficiente.
El dragón lo golpeó en el costado con alguna parte de su cuerpo.
Logan salió despedido hacia la cueva de Garran-Zilar-Denbo y quedó tendido delante de la entrada.
El dragón negro descendió a matar a Nahia, que yacía en el suelo medio inconsciente por el batacazo del dragón blanco.
Lehen-Gorri-On le llegó por la espalda sin que se percatara.
Le clavó las dos garras en la nuca cuando este ya volaba a muy baja altura.
Empujó la cabeza contra el suelo de roca con toda la fuerza y el peso de su cuerpo.
Se la estampó y lo arrastró hasta que perdió toda la inercia.
Quedó sobre el dragón negro como si fuera un enorme grypho que le fuera a romper el cráneo.
Solo que no hizo falta. El dragón negro estaba sin sentido, con la cabeza incrustada en la roca.
Lehen-Gorri-On se volvió. Tanto el dragón blanco como el rojo estaban en dificultades. Uno ardía como una bola de fuego y el otro estaba rodeado de rayos como si una tormenta lo envolviera.
A cuatro patas, Nahia y Logan comenzaban a recuperarse.
El gran dragón rojo dio un salto, agitó las alas y se plantó frente a la cueva de Garran-Zilar-Denbo. Metió la cabeza. Eki y Garran-Zilar-Denbo seguían intentando crear el portal.
«Voy a rescatar a los nuestros».
Garran-Zilar-Denbo asintió.
Lehen-Gorri-On se dio la vuelta. Egil se asomaba desde la cueva de Aroa y observaba cuanto sucedía.
«Tú, mente pensante. Ven aquí, rápido».
Egil corrió hasta el dragón.
«Dame la diadema. La necesito para rescatar a los míos».
—De acuerdo. Pero recuerda que no podrás usar tu poder con ella —Egil sacó la bolsa y extrajo la diadema.
«Me arriesgaré».
Lehen-Gorri-On la cogió con una de sus garras y echó a volar.
—¡Protégete, Egil! —Nahia ya estaba de pie y se sujetaba el brazo derecho dolorido.
Egil corrió a meterse en la cueva con Eki y Garran-Zilar-Denbo.
Logan también se levantó, aunque cojeaba. Los dos vieron a Lehen-Gorri-On descender en una cueva lejana del fondo del subnivel. Allí rugía un dragón.
Entonces Nahia vio que el dragón blanco se había levantado del suelo.
Había remontado el vuelo y giraba en el aire, envuelto en llamas.
Quería volver a atacar. Era de locos. Estaba ardiendo.
Esta vez el fuego ya le alcanzaba escamas y carne.
¿Por qué no se daba por vencido? El dragón rugió y descendió de nuevo a matarla.
Nahia sentía un dolor tremendo por el golpe recibido. Aun así, se rehízo. De cada una de sus manos envió un Rayo de Fuego directo a la cabeza del dragón, que bajaba a por ella. La bestia se había quedado sin energía y no pudo defenderse. Los dos rayos penetraron.
El dragón murió con las garras levantadas para atacar. Nahia se apartó como pudo de su trayectoria. El cuerpo se estrelló contra el suelo, rebotó y se deslizó por delante de la cueva de Garran-Zilar-Denbo.
En cambio, el dragón rojo optó por huir. La tormenta que lo envolvía le descargaba rayos sin cesar. Le quemaban y le penetraban en el cuerpo. Voló hacia el extremo de la caverna y desapareció.
Dentro de la cueva de Garran-Zilar-Denbo, Eki no se rendía.
Continuaba intentando crear el portal. La vida de todos sus amigos estaba ahora en sus manos y esa responsabilidad le estaba pudiendo.
Decidió apartar esa carga de su mente y enfocar aquello como lo que era, un experimento.
Se concentró en su energía interna, luego en sí mismo.
Después pensó en el lugar en el que quería aparecer.
Pero lo pensó más como una visión que como un desplazamiento de sí mismo.
De pronto empezó a destellar. De su cuerpo emanó una energía que formó una esfera traslúcida a su alrededor.
La esfera lo envolvía por completo. Entonces sucedió algo aún más extraño.
Eki comenzó a desaparecer. Se volvió traslúcido, como si no estuviera allí.
Pero sí estaba. Seguía en el interior de la oscura cueva, iluminada solo por los destellos de plata de la esfera.
Y al mismo tiempo no estaba, porque contemplaba una plaza desierta.
Era una plaza que conocía. Veía el cielo estrellado sobre su cabeza y sentía el viento.
Por un momento la cueva desapareció y se encontró en medio de la plaza.
No sabía si en realidad estaba allí o si era solo un espejismo.
Quizás su mente le estaba jugando una mala pasada.
Y escuchó la voz de Garran-Zilar-Denbo.
«¡Todos adentro! ¡Ha abierto el portal!».
No, su mente no le engañaba. Estaba allí de verdad, en aquel lugar fuera de las mazmorras de la academia. Se concentró en la cueva. La plaza y el cielo estrellado desaparecieron. Volvió a ver la cueva de Garran-Zilar-Denbo. Nahia y Logan entraban en ella.
«¡Rápido! ¡Al portal!» les urgió Garran-Zilar-Denbo.
—¿Y los demás? —Nahia miró hacia la salida de la cueva.
«Yo me encargaré de que entren. Vosotros debéis escapar ya».
Nahia dudó un momento. Miró a Egil y a Logan. El dragón plateado tenía razón. Tenían que salir de allí.
—Salgamos —Egil le tocó el hombro.
Nahia asintió y entró en el portal. Logan la siguió de inmediato. Se produjeron dos destellos plateados.
—Te espero en el otro lado —Egil se volvió hacia Garran-Zilar-Denbo.
«Allí nos vemos».
Egil entró en el portal y un destello plateado lo siguió.
Un momento después, Aroa tomó tierra frente a la cueva.
«¡Ha abierto el portal! Sabía que lo haría» entró en la cueva a toda prisa.
«Debes pasar» le envió Garran-Zilar-Denbo.
«Yo no me voy sin él» Aroa clavó las garras en la roca.
«Él ya no está aquí. Está en el otro lado».
Aroa miró a Eki. Era traslúcido. Tenía los ojos cerrados, como en un trance. Se acercó y quiso tocarlo con la garra, pero Eki era inmaterial.
«Entra, por favor. No tenemos tiempo».
Aroa suspiró y entró. Un destello plateado marcó que había cruzado.
De pronto un enorme dragón marrón se posó frente a la cueva y entró.
«Mi señor. ¿Somos libres?».
«Lo somos. Entra en el portal».
El dragón de la Facción del Nuevo Amanecer obedeció a su líder y cruzó.
Llegaron más dragones de la facción. Tras ellos resonaban rugidos y ruido de combate.
Garran-Zilar-Denbo no tuvo que preguntar a los suyos qué sucedía. Ya lo había visto en una visión, una que le produjo mucho dolor porque iba a perder a alguien muy querido.
Fuera, Lehen-Gorri-On defendía la retirada con cuatro dragones de la facción. Frente a ellos, una docena de dragones intentaba impedir la fuga.
Garran-Zilar-Denbo hizo cruzar a su último dragón. Dejó de pasar energía a Eki y sacó la cabeza por la entrada de la cueva. Envió un último mensaje a Lehen-Gorri-On.
«Gracias, amigo».
«Yo los detendré, mi señor. Poneos a salvo».
Garran-Zilar-Denbo entró en el portal. Al cruzarlo, este se desvaneció.