Capítulo 58
—Es una escuadra completa. Seis dragones —Nahia señaló hacia lo alto de la caverna.
—Nosotros solo somos cuatro —Logan miró a Aroa y a Lehen-Gorri-On.
«Vosotros dos no sé qué valor tendréis. Eso lo descubriremos ahora. Pero yo valgo más que tres de ellos» envió Lehen-Gorri-On y rugió con fuerza.
Aroa plegó las alas. «Yo soy una dragona rauda y joven. No puedo compararme en combate con un dragón adulto».
Los dragones de la escuadra bajaron en picado desde las alturas a atacarlos con sus alientos elementales.
«Es hora de luchar y matar» rugió Lehen-Gorri-On. Con un potente salto se lanzó al aire sacudiendo sus alas.
Aroa miró a Logan. Por el vínculo que ya se había restablecido, Logan percibió que le preguntaba si quería subirse a ella.
Logan bajó la vista hacia su cuerpo. Los rayos de la tormenta salían de él en todas direcciones en un área de alrededor de un paso.
Rebotaban y volvían al no encontrar nada que golpear.
Si hacían contacto con algo, lo destruirían.
Negó con la cabeza. Ni Nahia ni él podían montar en estado de llama y tormenta.
Lo más probable era que sus estados afectaran al dragón que montaran, por mucho que ellos no quisieran.
No lo sabían con certeza, pero no era aquel momento para descubrirlo.
«Ve tú» le envió Logan.
Aroa lo entendió y siguió de inmediato al gran dragón rojo. Dio un gran salto y se elevó batiendo las alas con rapidez.
Todos los dragones de la escuadra de vigilancia atacaron con sus alientos elementales. Su capitán Zuri-Txar-Bekoa envió su caudal de tormenta contra Lehen-Gorri-On mientras este ascendía. El gran dragón rojo le respondió con su aliento de fuego sin dejar de ganar altura.
Un dragón azul y otro marrón fueron a por Aroa en pleno ascenso. Le enviaron sus caudales gélido y de rocas. Pero Aroa tenía una enorme maniobrabilidad y rapidez. Esquivó ambos alientos con un quiebro y ganó las alturas de la caverna.
Los otros tres dragones cayeron sobre Nahia y Logan, que seguían en el suelo. Eran uno blanco, otro negro y un rojo. Los tres eran grandes veteranos.
—Separémonos. No seamos un blanco fácil —Nahia se apartó de Logan de un salto.
—De acuerdo —Logan echó a correr en dirección contraria.
El aliento de fuego del dragón rojo pasó por encima de su cabeza.
En un principio no lo alcanzó, ya que se movía.
Pero el dragón corrigió la dirección de su aliento y le dio de pleno.
Logan se detuvo en seco y apretó los puños.
Nunca se había enfrentado a aquella situación.
Un dragón le atacaba con su aliento elemental y él estaba en forma de tormenta.
No sabía si aguantaría el ataque, y mucho menos si podría defenderse.
Al golpear sus rayos, el aliento de fuego murió. No consiguió penetrar. Los rayos lo destruyeron. No solo eso. Ni siquiera tuvo que enviar energía interna para alimentar su estado. La propia tormenta cogía la energía que necesitaba para seguir viva y para defenderlo. Logan abrió mucho los ojos.
Nahia conocía bien las virtudes del estado de llama.
El dragón blanco pasó sobre ella con su caudal de tormenta y la alcanzó de pleno.
Sus llamas detuvieron el ataque y no dejaron que los rayos penetraran.
Acto seguido, Nahia envió contra el dragón una bola de su propio fuego.
Lo alcanzó en pleno torso y la explosión consumió parte de sus defensas.
El dragón negro utilizó una táctica que no sorprendió en absoluto a Nahia. Le envió su aliento elemental oscuro. La oscuridad no pudo entrar en las llamas y las rodeó. En lugar de intentar llegar hasta ella, formó un área de negrura que la envolvió. Ahora no podía ver nada.
En la siguiente pasada, el dragón rojo volvió a atacar a Logan.
La tormenta resistió de nuevo sin apenas gastar energía interna.
Todos aquellos rayos que zigzagueaban crepitando a su alrededor debían de consumir muchísima.
Pero no era así, sino al contrario. Logan irguió la espalda.
Estaba casi seguro de que no empleaba ni una parte de la energía mágica que el dragón rojo gastaba para atacarlo.
Podría defenderse de él hasta que se quedara sin energía.
Por desgracia, no tenían tiempo para ello.
La alarma ya habría sonado por todas las mazmorras y pronto llegarían más dragones.
Tenían que acabar con aquella escuadra y salir de allí cuanto antes.
No necesitó razonar más. Levantó la mano.
El dragón se acercaba en una nueva pasada con su aliento de fuego por delante.
Logan le apuntó y le envió los rayos de su cuerpo.
De su brazo surgió un caudal de rayos que alcanzó la cabeza del dragón.
Las defensas innatas antimagia de la bestia actuaron.
No lo había herido, pero sí lo había molestado.
El dragón cortó su aliento de fuego y sacudió la cabeza.
En las alturas, el combate entre Zuri-Txar-Bekoa y Lehen-Gorri-On era impresionante.
Los dos dragones eran enormes, veteranos y muy poderosos.
Habían empezado con alientos elementales y ataques mentales.
Pronto cambiaron a garras y colmillos. Sabían que la magia no les servía.
Sus defensas innatas eran tan fuertes que detenían cualquier ataque mágico.
Así que pasaron a intentar arrancarse los ojos a zarpazos y mordiscos.
Sus rugidos terroríficos rebotaban en las paredes y el techo de la gran caverna.
Desde sus cuevas, los prisioneros de la facción de Garran-Zilar-Denbo respondían con rugidos. Exigían que los liberaran para unirse a la lucha. Pero no había tiempo para sacarlos. Al menos, no mientras la escuadra de vigilancia siguiera atacándolos.
Aroa optó por una estrategia evasiva. Su velocidad de vuelo era muy superior a la de los dos dragones que la perseguían.
El azul intentaba alcanzarla con su caudal gélido, mientras que el marrón ya buscaba atraparla con las garras.
Los dos eran mucho más grandes que ella y más poderosos, tanto en lo físico como en lo mágico.
Pero Aroa era mucho más rápida y ágil. Eso era lo que iba a aprovechar.
Esquivó los ataques del dragón azul y voló directa hacia una zona a la izquierda de sus compañeros.
Entró en ella con un quiebro brusco. El azul era más torpe y no pudo girar tan rápido.
Chocó contra la pared de la caverna que se abría hacia el oeste.
Cachos de roca saltaron por los aires. El dragón rugió de dolor y rectificó para no caer al suelo.
El marrón vio la jugada. Frenó y tomó la curva mucho más despacio, lo que permitió a Aroa poner distancia.
Decidió volar por el laberinto de cuevas y cavernas que conformaban aquel subnivel.
Dudaba mucho que sus perseguidores la alcanzaran.
Esperaba perderlos en algún rincón de aquellas inmensas profundidades.
En el interior de la cueva de Garran-Zilar-Denbo, las cosas no iban bien.
Eki intentaba crear el portal que necesitaban para escapar, pero no lo conseguía.
Garran-Zilar-Denbo le enviaba toda su energía para que el joven dragón plateado pudiera utilizarla.
Aun así, Eki fracasaba una y otra vez. Frente a él surgió un destello plateado que murió al instante.
«No lo consigo» el mensaje de Eki llegó cargado de desesperación.
Garran-Zilar-Denbo lo miró con calma. «No lo estás haciendo como debes.
Intentas crear un portal frente a ti. Es lógico, porque siempre los has conocido así.
Pero aquí no necesitas crear un portal, sino ser tú el propio portal.
Es tu poder. Es tu habilidad espacial la que necesitamos.
No crees un portal. Debes convertirte en un portal en tu interior».
Eki ladeó la cabeza. «¿Estás seguro? Suena muy extraño».
«Cuando yo tengo una visión, no se produce de forma externa. Nace en mi interior. Estoy en ella aunque no forme parte de ella. Sé que es difícil de comprender y que quizás mi explicación no sea la más clara. Pero quédate con esto. Es un poder interno el que tenemos y debes crear el portal en ti».
«De acuerdo. Lo intentaré, aunque me resulta muy extraño».
Fuera, Nahia luchaba contra el dragón negro y el blanco.
La atacaban con magia, pero no conseguían atravesar las defensas de su estado de llama.
Se movía de derecha a izquierda para esquivar los alientos elementales.
También lo hacía para quemar con sus llamas la negrura que el dragón negro había creado a su alrededor.
Si no la quemaba, no podía verlos. Y si no los veía, no podía atacarlos.
En cuanto recuperaba algo de visibilidad, les enviaba rayos y bolas de fuego nacidos de su propia llama viva.
Algo más allá, Logan hacía lo propio con el dragón rojo. Tampoco este lograba derrotarlo, más bien al contrario.
—¡Dales con todo! —gritó Logan al ver que el dragón rojo empezaba a tener dificultades para defenderse de sus rayos.
—¡Ahora mismo!
Nahia concentró una gran cantidad de energía interna. Con una mano creó una bola de fuego tremenda y la lanzó contra el dragón blanco. Con la otra lanzó una segunda contra el dragón negro.
La explosión envolvió a los dos dragones y fue quemando sus defensas mágicas. Tuvieron que gastar más energía para reponerlas. Nahia lo sabía bien. Cuanto más daño les hiciera, más energía consumirían para protegerse. Pronto se quedarían sin nada.
El problema fue que los dragones también se dieron cuenta y cambiaron de táctica. En la siguiente pasada dejaron los alientos elementales. Los tres atacaron con las garras a Nahia y a Logan.
Nahia se tiró a un lado y rodó por el suelo. Logan hizo lo propio hacia el lado contrario. Las garras golpearon el suelo de la caverna levantando roca, tierra y piedras. Fallaron por muy poco.
Los dos se pusieron de pie. Se prepararon para el siguiente ataque, que sin duda sería físico.