Tiempos oscuros (La senda de los dragones 9) Capítulo 54
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Capítulo 54

Lasgol bajó la pendiente embarrada con cuidado de no caer y se apresuró a ver cómo estaba Astrid. Ella se incorporaba con el pelo empapado.

—Estoy bien. No te preocupes por mí, hay que ver qué le ha ocurrido a Gerd.

—Voy —Lasgol corrió hasta donde Gerd yacía y examinó sus heridas.

El grandullón estaba tendido sobre la hierba mojada sobre el costado bueno. El agua de lluvia le lavaba la sangre de la herida.

—Es solo un rasguño —Gerd puso cara de dolor.

—Es algo más que un rasguño, pero no es grave, por fortuna. Déjame que aplique un poco de mi sanación de guardabosques. Luego tendremos que coser esa herida, te va a quedar una cicatriz de lo más vistosa.

—Un buen guardabosques norghano debe tener buenas cicatrices —bromeó Gerd.

—Así se habla, grandullón —Astrid se arrodilló a su lado y sonrió. Luego le guiñó un ojo.

Lasgol invocó su habilidad de curación y puso las manos sobre la herida.

Se las fue pasando de arriba abajo primero y de abajo arriba después.

Infundía su energía para que no se infectase y fuera sanando con un resplandor verde que le cubría las manos.

Gerd cerraba los ojos y dejó escapar un suspiro de alivio.

Kayti se ocupó de los caballeros y soldados de la hermandad que estaban heridos.

Iba de uno a otro y los ayudaba. Mientras, Hartz fue a rematar a los otros dos dragones por si acaso, pues no se fiaba de que las bestias estuvieran muertas.

Alzó la espada Ilenia a dos manos y descargó el tajo sobre el cuello del primero.

Necesitó tres golpes para cercenarlo. La lluvia lavaba la sangre de la hoja entre golpe y golpe. Repitió la faena con el segundo dragón.

Volvió triunfal.

—Hoy ha sido un gran día. Mi espada ha bebido sangre de dragón. Eso le dará fortaleza durante mucho tiempo —proclamó.

—Ayúdame con los heridos —pidió Kayti.

Hartz se puso la espada a la espalda y fue a ayudar a Kayti y a sus compañeros.

Camu fue con Ona y Argi a ver cómo estaban Nilsa e Ingrid. La pantera sacudía el agua del pelaje, mientras las dos guardabosques ya se levantaban doloridas.

«¿Vosotras bien?» preguntó Camu.

Nilsa se quejaba de la cabeza e Ingrid de las costillas.

—Sí, no creo que tengamos nada roto. Son solo contusiones —respondió Ingrid.

«Yo sentir. Golpe hacerme perder concentración».

—No te preocupes, has estado muy bien. Las batallas son impredecibles —contestó Nilsa.

—¿Dónde está mi merluzo? —preguntó Ingrid.

«Merluzo rodar colina abajo».

Ingrid no tuvo que escuchar nada más. El dolor de las costillas se le pasó casi de inmediato. Bajó la colina como pudo hasta llegar a Viggo. Las botas se le hundían en el barro a cada zancada.

Le puso las manos en el rostro.

—Más vale que no te hayas muerto.

Viggo abrió los ojos y vio el rostro preocupado de Ingrid.

—Por supuesto que no me he muerto. Todavía tengo que ser duque de Norghana. Me queda disfrutar de mi título, nobleza y riquezas.

—Creo que te has vuelto a golpear en la cabeza.

—Me he golpeado en todos lados. Me duele todo. Pero no se lo digas a nadie.

Ingrid rio.

—Tranquilo. Tu secreto está a salvo conmigo.

—Yo siempre estoy a salvo contigo —Viggo le guiñó un ojo.

—Ya veo que no te encuentras tan mal.

—Solo quiero hacer una petición. ¿Puede dejar de llover ya de una vez en esta maldita tierra?

—Mírale el lado positivo. La lluvia te ha limpiado el barro de la cara.

Nilsa llegó en ese momento e intervino.

—Eso no es una mejora. Estás mucho mejor cubierto de barro y tierra. Cuanto menos se te vea, mejor.

—Yo también me alegro de que estés bien —replicó Viggo. Con ayuda de Ingrid se puso en pie.

Le costó un rato subir la colina hasta donde el resto de sus compañeros aguardaba.

«¿Tú estar bien?» se interesó Camu.

—Por supuesto que estoy bien, bicho. Yo soy indestructible e inmortal. Soy el mejor asesino de todos los tiempos y una leyenda andante. Sobre todo ahora que mato dragones día sí y día no.

«Tú mucho exagerado. Mejor si no saltar de cabeza de dragones».

—Como ya he dicho soy el mejor asesino de todos los tiempos. ¿Quién si no iba a matar al dragón?

—Bueno, yo he ayudado un poco —matizó Astrid—. Y creo que Gerd también, el pobre ha salido mal parado.

—¿Qué le ha pasado a ese torpe grandullón?

—Herida de garra. No es profunda por suerte.

—¿Está lisiado otra vez?

—Por fortuna no. Pero un poco más profunda la herida y sí que quedaría tocado de por vida.

—Es que es un torpón. Siempre se lo digo.

Lasgol tuvo trabajo durante un buen rato.

Había varios soldados y caballeros heridos aparte de sus compañeros.

Los lamentos se mezclaban con el ruido de la lluvia sobre las armaduras.

Hizo cuanto pudo por aliviar su sufrimiento e incluso intentó salvar a un par de soldados sin lograrlo, pues sus heridas eran demasiado graves para que su poder pudiera curarlas.

Era el precio a pagar por enfrentarse a los dragones.

Una vez terminaron, Lasgol se sentó en el suelo cansado no del combate sino de tanto usar su poder.

Kayti y Hartz se acercaron.

—Lo hemos conseguido. Si os soy sincera no pensaba que lo lograríamos —reconoció Kayti a las Panteras.

—Nosotros contamos con medios que no están al alcance de todos —respondió Lasgol.

—Sí, vuestro amigo Camu es un aliado muy poderoso —Kayti se quedó mirándolo.

«Yo decir. Yo mucho poderoso. Yo Drakoniano Superior. Mucho mejor que dragón».

—Eso no hace falta que lo jures. Si no llega a ser por ti y tu magia hoy no tendría la satisfacción de haber logrado un hito para los norriel como es decapitar a un dragón. Por eso te lo agradezco, tu ayuda ha sido estupenda —Hartz se inclinó ante Camu.

«Tú mucho bueno guerrero. Un poco loco con espada, pero gran guerrero».

Hartz soltó una carcajada.

—Me alegro de que nos entendamos. El próximo dragón ya decidimos quién de los dos se lo carga.

«Yo dejar a ti matar. Tú mucho bueno con espada Ilenia».

—Cada vez me caes mejor. Llevaré gloria al pueblo norriel matando a cuantos dragones pueda.

—No harás tal cosa —intervino Kayti—. Ahora eres de la Hermandad de la Custodia, te debes a ella y no a los norriel.

El norriel miró a Kayti.

—Ahí tiene razón. A veces se me olvida, ya lo sabes, son viejas costumbres.

—A veces me pregunto si en esa cabezota tuya hay algo más que no sean enseñanzas norriel de lo más brutas.

Hartz soltó otra carcajada.

—Las enseñanzas norriel no son brutas. Son lo que tienen que ser para formar a los guerreros más temidos de todo el oeste de Tremia, y visto lo visto en mis andanzas diría que de todo el este también.

—No seré yo quien te discuta lo brutos y buenos guerreros que sois los norriel —concedió Kayti—, pero has jurado lealtad a la Hermandad de la Custodia. Te has convertido en un caballero. Por lo tanto, debes defender primero la hermandad y luego todo lo demás.

—Sabes que eso lo he hecho por ti, pero cumpliré mi promesa. Un norriel es un hombre de honor.

—Serás todo lo buen guerrero que tú quieras —terció Viggo, que ya se encontraba mejor—. Pero a mí no me has vencido. Yo sigo siendo el mejor asesino de Tremia.

Hartz se giró hacia Viggo.

—Después de ver lo que le has hecho a ese dragón y cómo aguantaste el combate conmigo no te voy a quitar tus honores. Sin duda debes serlo.

—Así me gusta, que nos entendamos bien —respondió Viggo.

—Tú también me caes muy bien. No tendremos problemas.

Viggo le hizo un gesto de aceptación con la cabeza.

—Perfecto, siempre es oportuno tener amigos que también saben luchar. Y el siguiente dragón será para mí.

—Ya has tenido bastante dragón por una temporada —advirtió Ingrid—. Será mejor que te recuperes del batacazo, antes de nada.

—Esto no es nada. Se me pasará en un abrir y cerrar de ojos —Viggo se hizo el fuerte. No se daba cuenta de que apretaba la mandíbula para aguantar el dolor que sentía por todo el cuerpo y que por mucho que intentara disimular no lo estaba consiguiendo.

Descansaron por un largo rato y la lluvia cesó por fin. Un poco antes del amanecer ya estaban todos algo más recuperados. Lasgol fue a hablar con Kayti, que estaba sentada con los suyos formando un círculo.

—Creo que será mejor que vayamos a ver si los tesoros de la hermandad siguen donde los dejasteis.

Kayti lo miró y asintió.

—Iremos en busca de vuestras armas doradas. Os lo prometí y os lo debo.

Lasgol hizo un gesto afirmativo con la cabeza.