Capítulo 51
Kayti se puso en marcha en dirección sur junto a Hartz seguidos por medio centenar de soldados y caballeros de la hermandad y media docena que abrían camino delante del grupo.
Las botas machacaban el musgo y levantaban un olor espeso a tierra húmeda.
Las armaduras pesadas tintineaban bajo las capas.
Nadie hablaba en voz alta dentro del bosque.
—Los druidas nos dejarán paso, ¿verdad? —preguntó Lasgol.
—Sí, tenemos permiso de paso siempre y cuando no hagamos daño a la naturaleza. Tampoco podemos atacar a uno de los druidas, por supuesto.
—Entendido. Paso la voz —Lasgol retrocedió por la columna hasta las Panteras.
Continuaron por los bosques de los druidas media mañana.
El suelo era una alfombra de hojas que se hundía bajo las botas.
De las ramas colgaba musgo y el aire iba cargado del olor dulzón de la madera húmeda.
Las copas eran tan tupidas que la lluvia llegaba abajo convertida en un goteo lento.
Los pájaros callaban al paso de la columna y volvían a cantar a su espalda.
Y de pronto, los bosques terminaron.
—Vaya. Pensaba que estos bosques no tenían final —Lasgol se detuvo ante la explanada que se abría frente a sus ojos.
—Estamos al sur de los bosques, aquí finalizan. Nuestro destino está algo más al sur —indicó Kayti.
—Aquí hay que tener cuidado. Esas bestias aladas suelen patrullar esta zona —Hartz señaló los cielos con el mentón.
Viggo estiró la mano para comprobar cómo las gotas de agua caían sobre sus guantes de cuero curtido. Masculló improperios y negó con la cabeza.
Avanzaron con rapidez cruzando la planicie. Los ojos de todos se desviaban una vez tras otra hacia los cielos encapotados. La fina lluvia que caía no era suficiente para empaparlos, aunque sí para recordarles por qué aquellos parajes eran tan bellos y estaban siempre verdes.
La columna avanzaba con Kayti, Hartz y las Panteras de las Nieves en cabeza de los soldados de la hermandad.
Detrás, no muy lejos, los seguían Camu, Argi y Ona.
Los vigías que se habían adelantado eran discernibles debido a lo plano del terreno.
La hierba verde alta les llegaba a la cintura y les mojaba a cada paso.
Al atardecer Kayti marcó rumbo hacia el este. La siguieron un buen rato hasta que divisaron una colina a menos de una legua. La luz caía sobre el pasto y lo teñía de un verde brillante.
Kayti levantó el puño y todos se detuvieron. La líder se agazapó entre la hierba y el resto la imitaron. El viento del oeste traía un frescor que se colaba por los cuellos de las capas. Un rato más tarde regresó uno de los vigías adelantados.
El soldado de la orden habló con Kayti en el idioma de Irinel. Lasgol no pudo saber qué comentaban.
Kayti le indicó algunas instrucciones al soldado y este partió a la carrera.
—Ese es el lugar, esa colina —dijo a Lasgol y señaló con el dedo.
Las Panteras observaron.
Lasgol utilizó su habilidad Ojo de Halcón y divisó tres dragones.
—Los objetos de poder de la hermandad están escondidos en las cuevas subterráneas, en las profundidades de esa colina —explicó Kayti.
—Distingo tres dragones —observó Lasgol.
—¿Qué colores? —preguntó la líder.
—Uno rojo, otro azul y el último es blanco. Son jóvenes, su tamaño no es muy grande. Deben estar intentando llegar a los objetos de poder.
—Pues les va a costar bastante. Tendrán que desenterrar media montaña.
—¿Tan profundo están?
—Sí, muy profundo.
—No nos va a resultar sencillo llegar hasta las armas doradas —comentó Lasgol algo desanimado.
—En eso estamos de acuerdo.
—Lo mejor será esperar a la noche. La hierba alta nos proporciona cierta cobertura, aunque me temo que no será suficiente una vez estemos cerca —expuso Lasgol.
—Mis vigías están a medio camino. No pueden acercarse más sin ser vistos.
—Es momento de preparar una estrategia —Lasgol se volvió hacia las Panteras de las Nieves.
Por un largo rato Lasgol y el resto de las Panteras estuvieron discutiendo un plan. Si querían llegar hasta las armas debían enfrentarse a tres dragones y aquello era muy peligroso, quizá era más de lo que podían gestionar.
Descartaron de inmediato el plan de Viggo, que consistía en cargar de frente, y buscaron alternativas hasta que Astrid ideó el plan final. Todos estuvieron de acuerdo. Iban a necesitar a Camu, Ona y Argi, así que Lasgol fue a buscarlos.
Antes de hacerlo avisó a Kayti.
—Con nosotros viaja una criatura muy especial con poder mágico. Se asemeja a un dragón sin alas, pero no es un dragón y es amigo. También viajan una pantera de las nieves y un lobo gigante blanco. Necesito que se acerquen. Avisa a tus soldados de que no se pongan nerviosos.
—He de decir que vuestro grupo es casi tan extraño como los Portadores.
—Quiero conocer a esos tres. Suena a que son espectaculares —dijo el gran norriel.
—Lo son, ahora te los presento.
Kayti hizo correr la voz mientras Lasgol avanzaba hacia la retaguardia. Hizo señas a Camu para que se acercaran.
«¿Poder ir? ¿Todo bien?» preguntó Camu con un mensaje mental.
«Todo bien. Acercaos, tenemos que concretar un plan».
«Armas estar en esa montaña con dragones, ¿verdad?».
«Así es».
«Yo imaginar. Yo mucho listo».
«Eso no te lo voy a negar» sonrió Lasgol.
Hartz vio a Camu, Argi y Ona y sus ojos se abrieron como si le hubieran dado un mordisco en el trasero.
—Pero ¡qué guapos que son estos animales vuestros! —se acercó a acariciar a Ona y a Argi como si los conociera de toda la vida.
Ambos gruñeron y mostraron los colmillos al gran norriel. Hartz retiró la mano sin prisa.
—Vaya, vaya con estas fieras. Veo que tienen alma de guerreros. Eso me gusta —se volvió hacia Camu y lo observó de arriba abajo—. Tú eres una criatura impresionante. Nunca he visto nada igual, a no ser uno de esos monstruos alados. Deben de ser tus primos. A ti te faltan alas.
«Yo ser Drakoniano Superior. Mucho más poderoso que dragones. Más guapo también. Yo no tener alas, pero poder volar. Tener mucha magia poderosa».
Hartz levantó las manos ante el mensaje mental, pero al ver la tranquilidad de todos no se amilanó.
—Mucha magia poderosa. Uy, uy, uy, eso ya me gusta menos. Pensaba que serías como estos dos. Todo colmillos y garras.
«Yo no tener colmillos y garras, pero tener magia poderosa».
—Entendido. Me mantendré a una distancia prudente en ese caso. La magia no es algo que me guste demasiado.
«Tú decir eso, pero llevar una espada con magia en la espalda. Yo sentir poder».
—Vaya, además es hábil la criatura mágica esta.
«Yo mucho hábil y mucho inteligente».
Los soldados de la hermandad miraban a Camu de reojo desde sus puestos, ninguno se acercó. Ona se sentó junto a la pierna de Lasgol sin apartar los ojos del norriel.
Hartz soltó una carcajada que hizo volver la cabeza a los soldados más cercanos.
—Me cae bien este Drakoniano Superior.
«Yo ser Camu».
—Y yo Hartz, guerrero norriel y también caballero de la Hermandad de la Custodia. Pero entre tú y yo, sobre todo soy guerrero.
«Tú buen guerrero. A mí gustar».
—Gracias. Te agradezco los cumplidos.
Kayti observaba a Camu, Ona y Argi con ojos entrecerrados. Estaba pensativa.
Lasgol se acercó a ella.
—¿Os uniréis a nosotros en esta acción?
—Di que sí, no puedo esperar para cargarme un dragón —pidió Hartz.
—Veamos ese plan que tenéis. No quiero sacrificar a mis hermanos y hermanas de la orden. Si el plan es bueno puede que acceda, si es demasiado arriesgado y veo que vamos a morir todos, no arriesgaré las vidas de los míos.
—Me parece lo correcto —asintió Lasgol.
Tras las presentaciones las Panteras al completo repasaron el plan.
Informaron a Camu, Ona y Argi de lo que tenían que hacer. Era un plan muy arriesgado, pero no había otra opción dada la situación en la que se encontraban.
El viento arreció sobre la hierba alta y la peinó hacia el este. La luz se apagaba deprisa sobre la llanura, pero sobre la colina los tres dragones seguían allí. Ninguno se movió.
—Kayti, ¿qué opinas?
—Muy arriesgado.
—Pero actuaremos, ¿verdad? —insistió Hartz.
—No podemos dejar los objetos bajo tutela de los dragones. Nos ha llevado varias centurias conseguirlos. Tanto esfuerzo… Todavía no han logrado llegar a ellos, pero tarde o temprano lo harán, de eso no tengo duda. Así que sí, actuaremos.
—Gracias, Kayti. Lo conseguiremos —aseguró Lasgol.
—Esperemos que sí.