Tiempos oscuros (La senda de los dragones 9) Capítulo 41
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Capítulo 41

Nahia aguardaba el regreso de Logan. Sabía que les llevaría un buen rato, sería un interrogatorio similar al que ella ya había pasado. Aquello la hizo pensar. La escuadra de las mazmorras no estaría fuera en el pasillo, sino custodiando a Logan en la plaza y esto le daba una oportunidad magnífica.

No se lo pensó dos veces y cogió la ganzúa que le habían hecho llegar.

La limpió lo mejor que pudo y se acercó a la puerta.

No descorrió el visor e intentó utilizar la ganzúa a tientas.

Conocía bien el agujero de la llave, pues lo había palpado infinidad de veces.

Le parecía además de una maldad retorcida.

Al otro lado habían dispuesto una tapa metálica que cubría la entrada de la llave, de forma que no pasara nunca luz al interior de las celdas y desde dentro tampoco pudieran mirar a través del agujero.

Introdujo la ganzúa y comenzó a manipularla despacio.

Intentaba no hacer ruido. Ya se imaginaba que no sería fácil abrir la cerradura, así que se lo tomó con calma.

Trabajaba con el oído. Giraba muy despacio la ganzúa en el orificio mientras se preguntaba por qué no le habrían pasado la llave de la celda.

Los Tergnomus deberían poder conseguirla y tendría que haber una copia en algún lado por si los carceleros la perdían.

La cerradura se movía con pequeños ruidos metálicos.

Click… Click… Click…

Tal y como suponía no era una labor sencilla.

Ella no era ninguna ladrona experta ni había recibido formación en ganzúas y cerraduras, pero no se desanimó.

Tenía una oportunidad increíble y no la pensaba dejar pasar.

Iba a abrir aquella cerradura como fuera.

Lo intentó durante lo que le parecieron horas, aunque quizá fueron solo unos largos momentos.

Al final la ganzúa hizo clac en lugar de click, y la cerradura se abrió.

Nahia no podía creer que lo hubiera conseguido.

Abrió un poco la puerta con cuidado y una ranura de luz entró por el poco espacio abierto.

La alegría casi la hizo gritar. Miró por la rendija y no vio a nadie fuera.

Escuchó. Tampoco le llegó ningún sonido sospechoso, así que decidió a arriesgarse.

Abrió más la puerta y la luz entró con fuerza en la celda. Le costó un momento ajustar la vista.

Abrió la puerta lo suficiente para poder pasar y sacó la cabeza al exterior. Miró a ambos lados del pasillo y no vio a nadie. Era su oportunidad. Salió de la celda y volvió a cerrarla sin llave, solo para que tuviera la apariencia de estar cerrada. Comenzó a avanzar pasillo abajo.

No podía creerse que estuviera fuera, le dio la impresión de que flotaba.

Sabía muy bien a dónde debía ir y allí se dirigió con rapidez.

Enseguida comprendió por qué no le habían pasado la llave de la celda: los barrotes que separaban aquel pasillo del siguiente también tenían una puerta con llave.

Aquella herramienta no solo habría puertas de mazmorra, sino también las rejas de los pasillos.

Se puso a trabajar con renovada confianza.

Ahora tenía la experiencia de haber abierto su celda y la seguridad de que abriría la puerta de barrotes que le impedía seguir.

Le llevó otro largo momento, pero consiguió pasar. Entró en el siguiente pasillo y se dirigió a buscar a Egil. Sabía que estaba en el otro extremo del primer subnivel, así que tenía un buen trecho de pasillos y celdas por delante.

Continuó avanzando con muchísimo cuidado de no hacer ruido.

La escuadra de las mazmorras no estaría patrullando, pero eso no quería decir que no hubiera Tergnomus trabajando en la limpieza, el reparto de comida y otras labores.

Aunque aquello no era lo que más le preocupaba, lo que más temía era encontrarse con uno de los repugnantes Serpetuss que patrullaban las mazmorras.

Aquellos seres siempre le habían puesto los pelos de punta.

Infinidad de noches había soñado que le mordían el cuello hasta matarla. Probablemente eran venenosos.

Avanzó con rapidez hasta encontrarse con una nueva barrera de barrotes.

Se puso a abrir la puerta con mayor rapidez todavía que las anteriores.

Iba cogiéndole el tranquillo a aquella herramienta maravillosa que abría todas las puertas que se encontraba.

Miró hacia el nuevo pasillo al que iba a entrar y se quedó petrificada.

En la parte final había un Serpetuss. Algo había oído, porque se estaba dando la vuelta.

Nahia cerró la puerta sin hacer un solo ruido y se escondió en el pasillo del que procedía, en un ángulo en el que la criatura no pudiera verla.

Tenía la espalda contra la pared. No se movió, apenas se atrevía a respirar. Aguardó, pues sabía que si echaba a correr aquel ser escucharía sus pasos e iría tras ella. No había tenido suerte, tenía que encontrarse con un Serpetuss. Sintió un escalofrío y se le puso la carne de gallina.

Se mantuvo quieta, sin mover un solo músculo.

Escuchó el siseo de la criatura justo al otro lado de la barrera de metal y se preparó para lo peor.

Si cruzaba, estaba acabada. Aun así, no se movió y se mantuvo con entereza.

La criatura no cruzó. Durante un rato Nahia se quedó como estaba, hasta que se convenció de que aquel ser no iba a pasar a su lado.

Con mucho valor sacó la cabeza un instante para mirar hacia el pasillo y vio cómo la criatura lo abandonaba por el otro extremo.

Resopló aliviada y dejó salir una gran bocanada.

Se armó de valor, porque tenía que continuar.

Accedió al pasillo en el que el Serpetuss había estado y lo cruzó en silencio.

Al llegar a los siguientes barrotes, aguardó.

Aquel ser debía estar allí o ya al final del siguiente pasillo.

Volvió a sacar la cabeza con rapidez para mirar y vio cómo el Serpetuss se acercaba al final del pasillo.

Ir detrás de aquella criatura la estaba poniendo nerviosísima, pero no podía hacer otra cosa.

Si regresaba a su celda no tendría otra oportunidad, así que se decidió y continuó, arriesgando demasiado.

Recorrió el pasillo hasta la esquina. Ya solo quedaba uno más, el que albergaba a Egil. Sacó la cabeza para mirar, el Serpetuss ya lo abandonaba por el otro lado.

Nahia llegó hasta la mitad del pasillo y pensó en cómo llamar a Egil sin atraer la atención.

Veía las puertas de las mazmorras a ambos lados.

No sabía quién estaba encerrado allí, si es que había alguien, pero él tenía que estar allí.

Se acercó a una de las puertas y fue a correr el visor de la mirilla para echar un ojo dentro cuando una voz llegó hasta ella.

—Nahia. Aquí, dos puertas más abajo.

Miró hacia la procedencia de la voz. En una celda el visor estaba abierto y salía luz del interior de la celda, una luz más fuerte que la de las antorchas que alumbraban el largo pasillo.

Fue hasta la mirilla con cuidado, llena de incertidumbre y miró al interior. Egil la observaba con la horrible máscara que le habían puesto.

—Egil. ¿Eres tú?

—Hola, Nahia. Te he estado esperando.

Nahia se pegó a la mirilla para poder hablar con él.

—¡Egil, qué alegría verte con vida! No puedo creer que estemos hablando y menos de esta manera.

—A mí también me sorprende, aunque no tanto como a ti. Este encuentro lo he planeado yo, como ya imaginas.

—Los mensajes en la comida me los mandaste tú, ¿verdad?

—Así es. Y también la ganzúa.

—Gracias. Necesitaba hablar contigo, aunque esto es muy arriesgado.

—Son unos riesgos acotados que debemos correr si queremos salir de aquí.

—¿Puedes quitarnos estos collares? —Nahia se llevó la mano al aro de plata que le ceñía el cuello.

—Por desgracia no.

—No podemos hacer magia con ellos, nos anula y asfixia.

—Al menos podéis moveros, el de los dragones no se lo permite, es más restrictivo. No pueden abandonar sus mazmorras. Si lo intentan, los ahoga —explicó Egil.

—Supongo que a nosotros no nos consideran tan peligrosos como a un dragón.

—Eso parece.

—Entonces Eki y Aroa están atrapados ahí abajo —se dio cuenta Nahia.

—Lo tengo muy presente. Tranquila, no los dejaremos atrás.

Nahia se agarró al borde de la mirilla con las dos manos.

—¿Vamos a salir de aquí?

—Por supuesto que vamos a salir de aquí. Llevo mucho tiempo planeándolo, pero me faltaba un componente clave.

—No te referirás a mí, ¿verdad?

Egil dejó escapar una risa queda tras la máscara.

—Tú eres parte indispensable de la gran fuga, como la he denominado. Pero no, no eres el componente clave, aunque te prometo que será espectacular.

—No sé si sentirme aliviada o algo decepcionada.

—El destino nos depara a todos diferentes papeles en diferentes momentos de nuestra vida. Lo que puedo decirte es que sin ti no habrá fuga posible, así que sí eres un elemento crítico.

—¿Me contarás qué plan tienes y cómo vamos a escapar?

—Me gustaría hacerlo, pero es muy arriesgado. Mejor si de momento no conoces todo el plan.

—Lo dices por si me hace hablar ese dragón negro que nos interroga, ¿verdad?

—Más bien por si su negrura envuelve tu mente y te roba tus secretos.

—¿Entonces sabes de la existencia de ese dragón negro?

—Tengo información de casi todo lo que ocurre en la academia.

La red ha sufrido altibajos, cambios inesperados y muchas dificultades, pero los hemos superado todos y seguimos funcionando.

La información me llega tanto de la academia como de Tremia, aunque no con la rapidez que me gustaría.

No voy a quejarme, los mensajes van y vienen.

Lo importante es que seguimos actuando pese a todo.

Nahia lanzó una mirada a un extremo del pasillo y luego al otro.

—Me da que en cualquier momento va a aparecer alguien.

—Tranquila, tenemos un momento más.

—¿Cómo lo sabes?

—Cuando llevas tanto tiempo como yo aquí eres capaz de captar el ritmo de todo lo que sucede. Todavía no es momento para que pase nadie. El siguiente en pasar será un Serpetuss, el que has estado siguiendo. Volverá a hacer el recorrido contrario. Siempre lo hace.

—Entonces no tenemos mucho tiempo. Dime qué tengo que hacer. ¿Cómo te ayudo para que salgamos de aquí? ¿Podremos salir? ¿Tienes un plan que pueda funcionar?

—Esas son muchas preguntas. Tendrás que esperar a que te llame y cuando lo haga nos pondremos en movimiento. Debes estar preparada. Hasta ese momento debes evitar que el dragón oscuro sepa de nosotros o del plan de fuga. Si logra sonsacarlo, estaremos perdidos.

—¿Cuándo será?

—Faltan un par de detalles, pero ten paciencia, ya casi estamos listos. En cuanto esos dos pequeños detalles estén solucionados saldremos de aquí.

—No sé por qué me da la sensación de que lo que tú llamas pequeños detalles no lo son tanto, ¿verdad?

—La magnitud de las dificultades es siempre difícil de establecer. En este caso prefiero pensar que no son más que dos pequeños obstáculos, aunque a priori parezcan enormes.

—Es decir, que estamos fastidiados.

Egil inclinó la cabeza y sus ojos brillaron divertidos.

—Un poco fastidiados estamos, pero la situación se enderezará.

Nahia resopló.

—Perdona, ni te he preguntado cómo estás.

—Estoy bien. Más fuerte que nunca, tanto en lo físico como en lo mental. Así que no te preocupes por mí.

—Me alegra de verdad saberlo.

Nahia observó el interior de la celda.

—Veo que tienes luz. ¿Cómo?

—Sí, tengo varias mejoras que he ido consiguiendo con el tiempo —se llevó las manos a la máscara y con un movimiento giratorio y un sonido metálico, la máscara se abrió.

Egil se la quitó y sonrió a Nahia.

—¡Eres tú! ¡Te reconozco! Tuve una visión, es el mismo rostro. Llevabas una gran lanza dorada ensangrentada.

—Debe de ser de cuando maté al dragón inmortal, antes de caer en el portal y llegar a este mundo.

—No sabes cómo me alegro de que pueda ver tu rostro. Tienes buen aspecto.

—Gracias. No he envejecido demasiado pese a todo, aunque eso serán mis amigos quienes puedan decirlo cuando me vuelva a reunir con ellos.

—Te veo convencido de que lo vamos a lograr.

—Quiero ser optimista, aunque me baso siempre en la preparación. Ahora ve y estate preparada para actuar, pronto llegará el momento. Y recuerda, el dragón negro no debe saber que hay un plan de fuga.

—No lo sabrá. Te lo prometo.

Egil volvió la cabeza hacia el fondo del pasillo.

—Ahora vete, ya viene el Serpetuss.

—De acuerdo. Me ha alegrado el alma verte, Egil.

—Más me la has alegrado tú a mí.

Nahia asintió y echó a correr de vuelta a su celda.