Tiempos oscuros (La senda de los dragones 9) Capítulo 40
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Capítulo 40

—¿Te encuentras bien? —preguntó Logan a través de la puerta.

Acababan de traer a Nahia del interrogatorio. Había llegado arrastrando los pies, lo cual era muy mal síntoma. Logan no había podido saber más, aunque había oído los insultos y desprecios de la escuadra de las mazmorras al tirarla al interior.

—Estoy bien… No te preocupes…

La voz de Nahia llegó apagada. Aquello le preocupó todavía más.

—¿Qué te han hecho? ¿Necesitas ayuda?

—Dame un momento… para que me recupere… Te lo explicaré todo.

Logan aguardó con la angustia trepándole por la garganta.

Sentía una impotencia y una frustración enormes.

No podía ayudar a Nahia y aquello lo estaba matando por dentro.

Aquellos cobardes la habían torturado y él no había hecho nada.

Agarró la mirilla con las dos manos e intentó arrancarla, pero por mucha rabia y fuerza que empleó no lo consiguió, pues los barrotes eran demasiado fuertes.

Tuvo que aguantar las ganas de llamar a la escuadra de las mazmorras para responder a golpes. No conseguiría nada más que una paliza, pero al menos se sentiría bien.

—Ya estoy mejor…

—Tu voz te delata. Me preocupas.

—Los golpes de la escuadra de las mazmorras no me han afectado más de lo normal. Ha sido el interrogatorio… el que me ha dejado la cabeza bastante tocada.

—¿Qué te han hecho?

La preocupación se le coló en su voz. Apoyó la frente contra los barrotes de la mirilla. Necesitaba verle la cara y no podía. Se obligó a aguantar en silencio.

—Tienen un dragón negro… Lo han traído para interrogar. Debe de ser su especialidad. Sus ataques mentales son terribles, no solo inducen dolor, también una oscuridad que se apodera de tu mente. Creo que a través de esa oscuridad consiguen sacarte todo aquello que no quieres confesar.

—Entiendo. Ese dragón negro va a intentar sonsacarnos con su poder los secretos que guardamos.

—Eso es.

—¿Has conseguido soportarlo? —el temor le tiñó la voz.

—No puedo asegurarlo, pero creo que sí. Desde luego no les he dicho nada. Espero que no haya podido encontrar nada en mi mente. Ha atacado sin piedad.

—¡Maldito!

Logan golpeó la puerta con el puño. El dolor de los nudillos no le sirvió de nada. Se tragó la rabia y volvió a pegarse a la mirilla.

—Ha ocurrido algo muy interesante. Creo que he frustrado los intentos del dragón por hacerse con mi mente.

—¿Sí? ¿Qué ha sido?

—Mi llama interior se ha encendido. Ya en sí es extraño, puesto que llevo este collar de plata al cuello, pero creo que no se da cuenta de que mi llama interior se activa.

—Eso es muy interesante y podría ayudarnos.

Se agarró a los barrotes con las dos manos. La cabeza le iba a toda velocidad buscando la forma de aprovechar aquello.

—De hecho, ya lo ha hecho. Al encenderse la llama ha iluminado y destruido la negrura que el dragón negro producía en mi mente.

—Eso sí que es sorprendente e interesante.

Recorrió la celda de un lado a otro sin dejar de escuchar. Por primera vez en muchos días tenía algo positivo.

—Por eso creo que no ha conseguido sacarme nada.

—Eso es muy bueno e importante.

—Debe ser que el collar solo ve la magia que ejecutamos, no la que está en nuestro interior. Es lo único que se me ocurre. ¿Tengo razón o no, Logan?

—Sí, puede que sea eso.

—En cualquier caso, tienes que practicar —pidió Nahia.

—¿Qué quieres que practique?

—Tu tormenta interna, tienes que conseguir llamarla. De la misma forma que mi llama ha destruido la negrura, que lo haga tu tormenta. Los rayos iluminarán tu mente y te defenderán contra el ataque del dragón negro.

—Eso es mucho pedir. Ya sabes que no controlo en absoluto mi tormenta. Estoy muy por detrás de ti a la hora de activar ese poder que tenemos.

—Lo sé, por eso te digo que tienes que practicar de inmediato. Si han venido a interrogarme a mí, vendrán a interrogarte a ti también.

—Entiendo. Me pongo ahora mismo a intentar despertar la tormenta.

—Si te sirve de ayuda piensa en todos los golpes que me han dado hoy. Piensa en el dolor y la tortura.

—Eso me ayudará, y mucho. Ya siento la rabia morderme el estómago por dentro.

—Pues tira de ese sentimiento. Hazlo más grande, más intenso. Llama a tu tormenta.

—Me pongo a ello.

Nahia no interrumpió a Logan en toda la noche.

Lo dejó practicar mientras ella se recuperaba del castigo físico y mental que había recibido.

Lo oía resoplar al otro lado de la puerta.

Cada poco le llegaba un gruñido de esfuerzo seguido de un silencio largo.

Luego volvía a empezar. En alguna ocasión golpeó la roca con el puño y soltó una maldición por lo bajo.

Nahia estuvo a punto de hablarle para animarlo, pero se contuvo.

Lo peor que podía hacer era interrumpir la concentración.

La tormenta tenía que responderle antes de que vinieran a por él.

Por alguna razón le dolía más la cabeza que los golpes del cuerpo. Era una sensación extraña. Aquel dragón negro era muy poderoso y sus ataques mentales dejaban una huella que no se borraba con facilidad. Pensó en Logan no consiguiendo despertar su tormenta y se desanimó por completo.

Al día siguiente llegó la hora de la comida. Nahia ya estaba un poco mejor, aunque necesitaba agua. No tenía hambre por los dolores. Además, le habían dado varios puñetazos en el estómago que tampoco ayudaban a abrirle el apetito.

Los dos Tergnomus de reparto de alimento se comportaron con la misma irascibilidad de siempre.

Nahia estaba convencida de que ambos eran muy conscientes de que al más mínimo error los despedazarían, pues no permitirían más fallos después de lo sucedido con la fuga del Rey grypho.

Le sirvieron la comida y cerraron la puerta.

De inmediato se llevó la jarra de agua a los labios y la vació.

Bebió como si llevara días perdida en el desierto.

Luego volcó la jarra para ver si había algún mensaje de Egil, pero no fue así.

Dejó el plato de la comida a un lado porque todavía no tenía hambre.

Esperó un buen rato a que los dolores de la tortura le fueran desapareciendo del cuerpo y la cabeza.

Cuando ya se sintió un poco mejor comenzó a comer el desagradable guiso que les habían dado aquel día.

Le costó bastante. Estaba asqueroso, como siempre.

De todas formas, se esforzó en comérselo todo, pues necesitaba recuperar sus fuerzas.

Cuando estaba terminando encontró algo en el interior del cuenco que la dejó de piedra.

Era una especie de llave, no… era una ganzúa, lo supo nada más palparla.

Para asegurarse escuchó por si había peligro al otro lado de la puerta y descorrió la mirilla para que entrara algo de luz.

No hubo duda, estaba en lo cierto. Se puso nerviosa. Aquello era una posibilidad de salir de la celda, de escapar. Supo de inmediato que solo una persona podía habérsela enviado.

La imagen de Ipotxon le vino a la cabeza al preguntarse quién habría fabricado semejante herramienta, pues aquello era obra de algún Tergnomus herrero. Ahora debía decidir qué hacer, si arriesgarse a usarla o no, y cuándo.

Mientras pensaba si debía intentar abrir la puerta de su celda escuchó llegar a la escuadra de las mazmorras.

A toda velocidad escondió la llave dentro del cubo de heces que tenían en una esquina y que muy pocas veces les cambiaban.

Dudaba mucho que alguien metiera la mano ahí.

Las voces llegaban ya por el pasillo. Se apartó del cubo para sentarse contra la pared y puso las manos sobre las rodillas para que no le temblaran.

El líder de la escuadra de las mazmorras se detuvo ante sus puertas. Esta vez Drakoz abrió la de Logan.

—Hoy te toca responder a ti, traidor.

—No voy a decir nada.

—Eso te crees tú. El poderoso dragón negro te sacará toda la información que quiera.

—Ya lo veremos.

—Te veo muy gallito. Para que vayas bajando los humos te vamos a dar un pequeño tratamiento.

Drakoz hizo una seña a los suyos. Los brujos de dragón entraron en la celda de Logan y comenzaron a golpearlo sin piedad.

Logan se cubrió lo que pudo y aguantó el castigo.

No le sacaron ni un solo gemido de dolor.

Cada golpe parecía llegarle a Nahia rebotado en la roca de las mazmorras.

Se mordió el labio hasta que dejó de oírlos.

La imposibilidad de ayudarlo la estaba matando por dentro.

—¡Logan, aguanta!

Nahia quería usar la llave para abrir la puerta y ayudarle, pero supo que si lo hacía perdería la única ventaja que tenía. Tampoco podría con los seis brujos de dragón, intentarlo no tenía demasiado sentido.

Se llevaron a Logan a rastras después de darle una buena paliza.

—Recuerda lo que te he dicho. La luz puede con la negrura —despidió Nahia.

—No te preocupes, no podrán conmigo.

Se lo llevaron. Nahia quedó sin saber qué hacer, muy preocupada por la suerte que iba a correr Logan si no conseguía encender su tormenta interior. Se quedó mirando la puerta cerrada de enfrente. La ganzúa seguía en el cubo, pero de nada le servía allí escondida.