Tiempos oscuros (La senda de los dragones 9) Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

En el centro, Hartz atacó lanzando tajos a izquierda y derecha con su descomunal espadón.

Viggo se desplazaba al lado opuesto de cada golpe para esquivarlo, pero la velocidad con la que los ejecutaba el norriel le ponía en serias dificultades.

Intentó bloquear uno de los golpes utilizando solo uno de sus cuchillos y estuvo a punto de perderlo.

Un dolor intensísimo le subió desde la mano por todo el brazo hasta el hombro.

Hartz soltó otro golpe descomunal mientras bramaba en el lenguaje norriel y Viggo tuvo que rodar por el suelo para que el espadón no le alcanzara y lo partiera en dos.

Hartz clavó la mirada en él y levantó el espadón a dos manos.

—¡La victoria será mía! ¡Así me lo dice mi espada! ¡Necesitamos de tu sangre para que mi espada pueda vivir y darme la victoria siempre que se la pida! —exclamó a pleno pulmón.

En sus ojos se apreciaba un destello casi dorado que sin duda procedía de la espada y que hizo pensar a Viggo que el arma poseía al guerrero que la empuñaba. Rodó otra vez y se puso en pie de un salto. Observó a su contrincante y tomó aire.

—Es la primera vez que lucho contra alguien poseído, pero nunca me ha derrotado nadie y no vas a ser el primero, poseído o no.

Hartz no le entendió, pero tampoco escuchaba. La espada le ordenaba lo que tenía que hacer y él seguía los designios de su arma.

Algo más retrasados continuaban el combate Kayti y Astrid.

La asesina y espía tenía algo más de fortuna que Viggo.

Su rival era muy buena, pero Astrid estaba consiguiendo entrar en su guardia a base de ataques fulminantes.

El problema era que la armadura pesada que vestía la protegía de pies a cabeza.

Ya la había alcanzado con varios tajos y cuchilladas y no le había hecho ni un arañazo.

Además, cuando Kayti atacaba con su espada la ponía en dificultades y Astrid se veía obligada a retirarse y salir del alcance del arma.

Bloqueó con su cuchillo el tajo de Kayti y le dio una fuerte patada al brazo para intentar desarmarla.

La líder de la hermandad no pudo evitar que su brazo se abriera, pero no perdió el arma.

La aferraba con tal fuerza que la patada de Astrid no consiguió su objetivo.

Al ver el brazo abierto Astrid continuó el ataque con una cuchillada al hombro de Kayti.

Las juntas de la armadura deberían estar ahí pero su cuchillo salió rebotado al golpear el durísimo material del que estaba construida aquella armadura blanca como la nieve.

Gerd bloqueó una estocada del caballero a su estómago y decidió utilizar una estrategia muy poco fina pero que podría funcionar.

En lugar de lanzar un hachazo o una cuchillada que ya sabía que el caballero defendería con su escudo decidió cargar contra él.

Tomó dos pasos de carrerilla y se lanzó con todas sus fuerzas contra el escudo.

Esta vez el caballero no pudo mantener el equilibrio como lo había hecho hasta entonces, pues el ímpetu que puso en el embate fue tremendo.

El caballero se desequilibró y Gerd aprovechó para tirarse encima de él con todo el peso de su cuerpo y derribarlo al suelo.

Cayó encima del escudo del caballero, que se protegió con él incluso cayendo de espaldas.

Gerd se apresuró a soltar sus armas y sujetar el brazo de la espada con su mano izquierda contra el suelo y presionar para que no pudiera utilizarlo.

Luego comenzó a golpearle el yelmo con el puño hasta que el caballero quedó indefenso.

Lasgol lo vio y se animó. Su compañero había utilizado una técnica muy poco ortodoxa y bastante bruta, pero había funcionado. Quizás era eso lo que necesitaban hacer, nada de combate tradicional sino pelea de guerrilla.

El caballero de la hermandad al que se enfrentaba miró a su compañero caído y Lasgol aprovechó ese instante para rodar con rapidez hacia él.

Este se dio cuenta y lanzó un tajo hacia abajo casi de forma instintiva.

Lasgol ya lo esperaba y desvió el golpe con sus cuchillos.

Terminó de rodar y le dio una patada al lateral de la pierna derecha del caballero.

El impacto hizo que el caballero perdiera ese pie de apoyo y se elevó un palmo por la fuerza de la patada.

Lasgol miró hacia arriba y vio que el caballero, pese a estar desequilibrado, iba a golpear hacia abajo con su espada.

Soltó sus armas, agarró con las dos manos la parte inferior del escudo de su oponente y golpeó con fuerza hacia arriba.

La parte superior del escudo le dio de lleno al caballero en la parte inferior del yelmo que cubría su barbilla.

La cabeza se le fue hacia atrás y no pudo terminar el golpe con la espada.

Era momento para un barrido. Lasgol le dio otra patada al otro pie y el caballero cayó al suelo.

Sin perder un instante Lasgol cogió uno de sus cuchillos del suelo y se lanzó sobre el caballero como si fuera la propia Ona.

En lugar de clavarle las fauces en el cuello le puso el cuchillo bajo el yelmo y apretó con fuerza hasta encajarlo entre el yelmo y la parte superior de la cota de malla que cubría el torso.

Una vez el filo encajó, supo que había vencido.

Ingrid lanzó un hachazo contra el escudo del caballero al que se enfrentaba.

Este dio un paso atrás debido a la fuerza del impacto e intentó contraatacar antes de que la rubia norghana volviera a golpearle.

Lanzó una rápida estocada a la cara de Ingrid y ella la desvió con su cuchillo.

Continuó con un movimiento rotativo hacia el caballero, que se vio sorprendido.

Ingrid lo hizo hacia el lado de la espada para evitar que el caballero le diera un revés con el escudo, cosa que ya había hecho un par de veces.

Al terminar el movimiento quedó al costado de su contrincante y le soltó un tremendo hachazo al lateral del yelmo. El metal sonó con un eco hueco y vibró.

El golpe lo dejó aturdido y por un momento no movió ninguno de sus brazos para atacar ni para defenderse.

Ingrid no perdió la oportunidad y volvió a golpear con el reverso del hacha en la parte posterior del yelmo y hacia abajo con la intención de llegar hasta su nuca.

El sonido no fue hueco, pero sí hizo vibrar el yelmo de nuevo.

El caballero dio un paso incierto a un lado y luego otro hacia atrás, como si estuviera mareado.

Antes de que diera el tercero Ingrid le dio otro hachazo contra el frontal del yelmo y lo derribó.

La guardabosques observó al caballero caído y vio que no se movía, debía de estar inconsciente pero no podía apreciarlo.

Decidió no correr riesgos. Le quitó la espada y el escudo con sendas patadas.

Más atrás Nilsa utilizaba una técnica un tanto singular que consistía en correr alrededor del caballero y lanzar tajos y cuchilladas antes de que este pudiera cubrirse.

Resultaba cómico ver cómo el caballero daba vueltas sobre sí mismo como una peonza mientras Nilsa se desplazaba con rapidez a su alrededor como si estuviera corriendo en círculos.

El caballero no podía dejar su costado o espalda descubiertos, puesto que ella los atacaba y se veía forzado a girar sobre sí mismo.

Nilsa empezó a entender que le costaba seguir su ritmo, así que fue todavía más rápida.

El caballero se quedó quieto, o al menos lo intentó, pero perdió pie y dio un par de pasos extraños como si estuviera borracho.

Ella se situó a su espalda y dedujo que estaba mareado de tanto dar vueltas.

Como había visto la técnica que estaba utilizando Ingrid la replicó y le soltó dos hachazos con el reverso del arma a la nuca cubierta por el yelmo.

El caballero aguantó los dos e intentó girarse, pero le dio un tercer golpe que terminó por derribarlo.

En el centro las cosas no iban nada bien.