Tiempos oscuros (La senda de los dragones 9) Capítulo 35
63%

Capítulo 35

Kayti y Hartz observaron a las seis Panteras de las Nieves frente a ellos.

—Aún tenéis la posibilidad de retiraros y no se habrá hecho ningún mal —ofreció la líder de la hermandad.

Lasgol miró a sus compañeros y todos asintieron. Estaban decididos, no se iban a retirar.

—Hemos venido a por las armas doradas. No podemos irnos sin ellas. Si para ello tenemos que luchar, lucharemos.

—¡Así se habla, Lasgol! ¡Que no se diga que los guardabosques norghanos son unos petimetres! —tronó Hartz.

Aidan estaba traduciendo a las espaldas de las Panteras y suavizó este último comentario.

—Muy bien. Si un duelo de la verdad y la justicia es lo que pedís, es lo que tendréis —afirmó Kayti.

—¿Cómo será la lucha? ¿Uno contra uno? —preguntó Lasgol.

—Si solo hubiera un combatiente así sería. Como sois seis será múltiple hasta que solo quede un vencedor.

—Ese seré yo y que nadie piense lo contrario —pronosticó Hartz a pleno pulmón golpeándose el pecho.

—Si luchamos todos contra todos puede ser caótico —Lasgol lo intentó otra vez—. Mejor si lo hacemos por turnos entre dos combatientes.

Kayti clavó la mirada en Lasgol.

—Este será de seis contra seis. La Hermandad de la Custodia luchará de forma conjunta, como debe ser ante una petición de un grupo y no de una única persona.

Lasgol se quedó mirando a los ojos de Kayti e interpretó que aquello era estrategia, una excusa que la líder utilizaba porque sabía que uno a uno tenía pocas posibilidades.

En cambio, sus soldados estaban entrenados para luchar como una fuerza conjunta y tendrían más opciones.

Lasgol la conocía, era muy inteligente en el aspecto militar y en el táctico era brillante.

Conociendo su carácter decidido y duro, también supo que no iba a cambiar de opinión ni darles ventaja a ellos.

Para Kayti la hermandad era lo primero y por lo tanto la antepondría a su amistad con él.

Ya la había antepuesto a la amistad con Komir y casi a su amor por Hartz, así que no había mucho más que discutir.

—Tú eres la líder de la Hermandad de la Custodia y seguiremos tus normas —claudicó Lasgol.

Kayti miró alrededor, a los soldados que observaban. Eran los que habían sobrevivido de la orden. Estaban ahora todos allí, rodeándolos. Se habían congregado para ser testigos de lo que iba a suceder.

Se dirigió a ellos.

—Este es un duelo de la verdad y la justicia. No debéis intervenir, ocurra lo que ocurra y caiga quien caiga. Nosotros lucharemos con la fuerza que el espíritu de nuestra señora nos infundirá y respetaremos el resultado, pues así lo hubiese querido Zuline.

Los soldados de todos los rangos bajaron la cabeza y se llevaron el puño al pecho.

Lasgol sabía que obedecerían las órdenes de su líder y no serían un problema. Pese a tener una forma de ver la vida que él no compartía, eran hombres y mujeres de honor, como Kayti.

—Preparaos para el duelo —Kayti levantó la mano.

Las Panteras desenvainaron sus armas: cuchillo y hacha corta los que no eran asesinos y cuchillos los que lo eran. Se situaron en una línea con las armas en las manos y adoptaron una pose de combate.

Por su lado, Kayti y su grupo también formaron una línea, pero más cerrada que la de las Panteras. Ella estaba en el centro y Hartz a su lado. Los cuatro caballeros situaron los escudos frente a sus cuerpos y desenvainaron sus largas espadas de empuñadura en cruceta.

—Que comience el duelo —Kayti desenvainó su espada.

—¡Es hora de romper cráneos! —bramó Hartz y levantó su enorme espadón, que sujetó a dos manos.

Por un momento ninguno se decidió a atacar.

—¡Veréis el poder de un norriel empuñando una espada de un rey Ilenio! —provocó Hartz—. ¡Seréis derrotados! ¡Nadie puede vencerme! —soltó una mano del espadón y les mostró la palma ensangrentada—. Mi espada bebe de mi sangre norriel y me asegura la victoria en batalla. ¡Venid a comprobarlo!

—Yo me encargo del grandullón bocazas, que nadie me moleste —Viggo comenzó a avanzar hacia Hartz.

—Todos a una —indicó Ingrid al resto y siguieron a Viggo.

Los caballeros levantaron el escudo al frente y cerraron filas tocando hombro con hombro. Solo Hartz permaneció en el centro con su espadón sujetado a dos manos e inclinado hacia delante.

Astrid se dirigió a atacar a Kayti por el centro junto a Viggo. Ingrid y Nilsa atacaron a los dos caballeros a la derecha de Hartz y Lasgol y Gerd atacaron a los dos de la izquierda de Kayti.

—Que venzan aquellos que tienen la verdad y la justicia —pronunció Kayti.

Y las Panteras se lanzaron sobre ellos.

Viggo llegó hasta la punta de la espada, se detuvo y sonrió al gran norriel antes de lanzarle un beso.

Hartz bramó y golpeó con su espadón Ilenio buscando decapitar a Viggo de un gran tajo lateral.

Viggo lo vio y se agachó, lo que no esperaba era la tremenda rapidez y fuerza con la que había golpeado el norriel.

La espada le cortó un par de cabellos de la cabeza.

Había pasado demasiado cerca. No debería de ser así, por muy fuerte que fuera aquel bruto de las tierras altas del oeste no debería poder manejar semejante espadón con tanta velocidad.

Hartz golpeó en dirección contraria y Viggo tuvo que dar un brinco hacia atrás para salir del área de alcance del arma.

La punta del espadón le hizo un corte en el peto y casi llegó a la carne.

Viggo miró su pecho. El golpe había sido rapidísimo.

No era el norriel el que era tan rápido sino la espada, que le estaba dando una fuerza y una velocidad mucho mayores que las naturales.

—¡Ya casi ha bebido de tu sangre! ¡La desea, me lo dice! ¡Quiere saborearla! ¡Quiere tu sangre y hacerme invencible!

El asesino no entendía ni una palabra de lo que el norriel gritaba, pero tampoco le importaba.

Lo que había deducido ya era que aquella espada era un problema grave.

Para asegurarse lanzó varios tajos fulminantes con deslizamientos laterales para intentar cortar al gigantón, pero no lo logró.

El norriel bloqueó todos sus ataques con el espadón como si no supusiera peso alguno.

El arma le había imbuido del espíritu de un maestro de la espada. Viggo tomó aire.

Hartz avanzó soltando grandes molinillos sobre la cabeza y hacia delante. Viggo no tuvo más remedio que retrasarse lo más rápido que pudo, que fue lo justo para salvarse, pero por muy poco.

A la izquierda de Viggo Astrid luchaba con Kayti y descubrió que la advertencia de Lasgol se quedaba corta ante la habilidad en el manejo de la espada de la líder de la hermandad.

Astrid atacaba con velocidad, agilidad y pericia, mientras Kayti lo defendía todo con la espada y cuando se encontraba en desventaja utilizaba su escudo, que le cubría casi todo el cuerpo.

El otro gran problema para Astrid era la armadura pesada que portaba Kayti, de un blanco níveo que irradiaba una especie de poder.

Astrid intentó un ataque con engaño realizando una finta.

Atacó primero el rostro y luego golpeó para alcanzar el brazo de su rival.

Kayti no cayó en el engaño y bloqueó para contraatacar con una rápida estocada al torso de Astrid.

El golpe lo ejecutó con tanta precisión que Astrid tuvo que girarse por completo para evadirlo y quedó expuesta.

Kayti le soltó un revés con el escudo. Lasgol sintió que el corazón se le estrujaba al ver a Astrid lanzada hacia atrás.

En el lado derecho, Ingrid y Nilsa atacaban cada una a uno de los caballeros.

Ambos se protegían con sus escudos manteniéndose muy juntos para no dejar ningún ángulo de ataque a las guardabosques.

Ellas soltaban tajos, pero solo alcanzaban los escudos.

Los caballeros contraatacaban con rápidas estocadas que luego ellas tenían dificultades para bloquear.

Atacar con cuchillo y hacha a un caballero blindado que sabía manejar una espada larga no era la mejor de las situaciones, pero era en la que se encontraban y no tenían más remedio que buscar la forma de penetrar sus defensas para vencerlos.

Al otro lado Gerd y Lasgol se empleaban a fondo contra dos de los caballeros, que repelían sus ataques apoyándose el uno en el otro.

Ellos atacaban por separado intentando romper la férrea defensa.

Lasgol había invocado su tabla de habilidades antes del combate y esto le permitía esquivar las estocadas del caballero al que se enfrentaba con movimientos rápidos.

Se sentía mal por su rival de la hermandad que no tenía el don, pero Hartz estaba usando su gran espada Ilenia, por lo que él podía usar sus habilidades.

Ambas partes tenían magia. Era lo justo.

Gerd dio una terrible patada hacia delante contra el caballero.

Cualquier otro hubiera perdido el escudo o se hubiera desequilibrado, pero aguantó la fuerza del impacto y se retrasó dos pasos sin perder la posición defensiva.

Gerd arrugó la frente. Aquel luchador era duro.

Lasgol vio la oportunidad de atacar el costado del otro caballero al haberse retrasado su compañero y no desaprovechó la ocasión.

Se desplazó como un guepardo y soltó un fuerte golpe con su hacha corta sobre el arma del caballero.

Sin embargo, se aferró a su arma, aunque la punta de la espada bajó hacia el suelo.

Lasgol intentó atacar con su cuchillo, pero el caballero se defendió empujándolo con su escudo.

El golpe no fue fuerte y Lasgol se retrasó por la inercia.

Aquellos caballeros de la orden sabían luchar, derrotarlos no iba a ser tan fácil como Viggo anticipaba.