Capítulo 25
Pese a que no lo conseguía, Eki no se daba por vencido y continuaba intentando utilizar su magia en el exterior de la cueva, ya que dentro se sentía oprimido.
Necesitaba respirar un poquito de aire, aunque fuera el de aquel mundo subterráneo.
De cuando en cuando llegaba el eco lejano de algún carro de reparto.
Eki había perdido la cuenta de los días que llevaban ya encerrados.
Allí abajo no amanecía, solo existían la roca y el terrible collar que no les permitía huir.
Pensaba en Nahia. La habían apartado de él al encerrarlos. No saber cómo estaba le llenaba de preocupación. El vínculo que los unía le transmitía que estaba viva, pero nada más. Era una sensación muy extraña e incompleta. Lo había hablado con Aroa y ella tenía la misma sensación con Logan.
Intentó usar su aliento elemental, pero no funcionó. El collar de plata emitía un destello y anulaba su magia. El destello se apagó y la oscuridad regresó. Lo había intentado varias veces dejando tiempo entre intentos. Era un objeto de lo más terrible y casi se diría que tenía inteligencia.
Aroa lo veía empeñado en lograr algo que no creía que se pudiera conseguir. Ella lo entendía bien. Deseaba salir de aquel lugar tanto como él y estaba muy preocupada por Logan. Se acercó lo que pudo hasta Eki.
«¿Por qué no intentas un ataque mental sobre mí? Quizás eso funcione» envió, aunque estaba casi convencida de que no funcionaría.
«No sé yo si es buena idea».
«No te preocupes por causarme daño. Puedo aguantarlo».
«Puedo intentarlo con uno de muy poca intensidad».
«Adelante, hazlo».
Eki se centró en el aura mental de Aroa, que tan bien conocía y que distinguió de inmediato.
Con mucho cuidado cogió un poco de energía interna e intentó enviar un ataque mental de intensidad mínima, era algo que para los dragones era casi instintivo, no tenía ni que pensarlo.
La energía en su interior se consumió y cuando el ataque fue a salir, el destello plateado de su cuello le indicó que el collar lo había anulado.
«No me ha llegado» envió Aroa.
El raudo plateado resopló y pisó con fuerza el suelo, frustrado.
Una presencia enorme se movió entre las sombras. Garran-Zilar-Denbo los observaba desde la entrada de su cueva.
«Veo que sigues intentando usar tu magia.
Así no lo lograrás, el collar lo han mejorado, para nuestra desgracia.
No permitirá que hagas magia hacia afuera y si te lo intentas quitar o sales del área de tu prisión, te estrangulará.
También te asfixiará si intentas usar tu magia repetidamente.
Y, además, inhabilita tus defensas mágicas» explicó con tono de advertencia.
«No quiero rendirme y la única forma de salir de aquí es mediante magia».
«Me alegro de que tengas espíritu luchador. Eso es importante y una gran cualidad».
«Más bien no quiero que pasemos el resto de nuestros días aquí».
Eki miró a Aroa.
«Y tienes un corazón noble que quiere ayudar a los demás. Esa es una buena cualidad, aunque en la mayoría de los casos conduce a la muerte».
Eki suspiró.
«Yo soy como soy. Prefiero seguir siendo así antes que convertirme en alguien frío y calculador».
«Tú nunca podrías ser frío y calculador» envió Aroa con mucho cariño. «Inteligente, mucho. Egoísta, nunca».
«Es desesperante no poder utilizar nuestra magia y ver los días pasar aquí abajo» se quejó Eki.
«Lo es, pero creo que estáis interpretando mal cómo funciona el poder del collar que llevamos al cuello».
Eki y Aroa alzaron la cabeza y lo miraron.
«¿Qué no estamos entendiendo?» preguntó Eki.
«Estáis bajo la impresión de que el collar anula toda nuestra magia y en realidad no es así».
«¿No lo es?» se sorprendió Aroa.
El gran dragón plateado negó con la cabeza.
«Es poderoso, pero no tanto. El collar niega toda la magia que un dragón produce hacia el exterior. Por ejemplo, cualquier ataque elemental de aliento o mental, incluida la magia defensiva que tenemos. Anula cualquier magia de dragón que se proyecte hacia el exterior».
«No veo la diferencia».
Aroa ladeó la cabeza.
«Pero la hay. Es pequeña, pero muy importante. Yo puedo usar parte de mi poder pese a llevar el collar, solo que esa parte es mi poder interno. Como soy un dragón plateado de magia temporal puedo tener visiones sobre lo que sucederá en el futuro siempre y cuando no las lleve hacia el exterior».
«No sé si lo entiendo del todo» reconoció Eki.
«Yo tampoco» admitió Aroa.
«Podéis usar vuestra magia hacia el interior, hacia vuestros seres. El collar no podrá anularla. Ahora, si la magia se conduce hacia el exterior entonces el collar actúa».
Les dio un instante para asimilarlo.
«El collar no anula la magia al completo.
Vuestro poder, vuestra magia, sigue estando en vuestro interior, seguimos pudiendo usarla.
De hecho, vosotros seguís sintiendo vuestro poder.
Por eso es tan frustrante. Lo que ocurre es que la gran mayoría de los dragones la usa siempre hacia el exterior.
Solo unos pocos la usamos hacia el interior».
Eki se quedó pensativo.
«Creo que lo entiendo. Una visión es algo interior y por eso el collar no la anula».
«Eso es».
«¿Y por qué no anula toda la magia?» preguntó Aroa.
«No tengo la respuesta exacta, puesto que no fui yo quien ideó estos collares malditos, pero entiendo que su función siempre ha sido evitar que los prisioneros escapen de esta prisión.
Para escapar deben utilizar su magia hacia fuera.
Así debieron de ser creados, para anular ese poder si salía de nosotros.
Y luego hay una segunda razón más poderosa».
Entonces Aroa se dio cuenta de lo que Garran-Zilar-Denbo iba a decir.
«Nosotros somos seres de magia. Si se anula nuestra magia interna, moriríamos».
«Los collares evitan que escapemos de esta cárcel subterránea, pero no están hechos para matarnos negando toda nuestra magia.
Es más bien una herramienta de tortura para mantenernos aquí abajo frustrados y encarcelados para siempre.
Recordad que si intentáis alejaros de vuestras mazmorras os asfixiará y ahí sí os matará.
Lo hemos visto suceder muchas veces. Hay quien no aguanta más este encierro y decide huir.
El collar se activa y lo asfixia hasta la muerte».
Eki sintió el frío de la plata en el cuello. Aún no se había acostumbrado a llevarlo.
«Sí, desde luego es una herramienta terrible» se lamentó.
«Tú no tienes opción de usar tu magia de forma interna, dragona blanca».
«Sí, eso estaba pensando. No se me ocurre cómo usar mi magia elemental de tormenta de forma interior».
«Pero ese no es tu caso, joven dragón de plata. Eres un dragón plateado como yo. Tú tienes magia espacial. Es más, quizás tengas también magia temporal, aunque eso es muy raro».
«¿Quieres decir que puedo usar mi magia interior de alguna forma?».
«Yo tengo la fortuna de poder ver pequeños fragmentos del futuro, más bien hilos de posibles futuros en el tiempo.
Puede que tengas ese mismo poder u otro de la magia de espacio de los dragones plateados.
Te recomiendo que te esfuerces en identificar si tienes ese poder y en aprender a usarlo.
Te será muy útil aquí dentro, al menos para mantenerte centrado y con un propósito».
«Agradezco la sabiduría y los consejos de alguien tan poderoso».
«Veamos qué puedes hacer. El sacrificio y la persistencia son aliados del éxito».
«Gracias, lo recordaré».
«Si puedes ver el futuro o partes del futuro incluso aquí adentro… ¿has podido ver si algún día serás libre?» preguntó Aroa con respeto. Puso cuidado en que no sonara a que no le creía.
«Por desgracia mi poder es limitado. No soy tan poderoso como el Gran Oráculo y por lo tanto no puedo ver mi propio futuro con tanta claridad. No he podido ver si algún día seré libre, pero lo sigo intentando, como imagino que harías tú si tuvieras mi poder».
«Sí, desde luego lo intentaría todos los días» aseguró Aroa.
«Si lo intentaras todos los días terminarías perdiendo la cabeza.
El poder de ver hilos del futuro es muy especial, pero también ha llevado a muchos dragones plateados a la locura en su intento de lograr metas inalcanzables.
Conocer el futuro es muy tentador, pero peligroso.
Recordad que todo poder es limitado, por mucho que queramos que no sea así.
Yo asumo que puede que jamás vea esclarecidos los hilos de mi propio futuro y eso me ayuda a mantener la cordura».
El gran dragón plateado saludó con la cabeza y se volvió a su cueva. La caverna quedó en silencio y Eki rumió sus palabras. Aroa seguía a su lado, todo lo cerca que el collar le permitía. Compartir el encierro con ella hacía soportable aquel lugar.
«Tú nunca has tenido visiones, ¿verdad?» quiso saber Aroa.
«No, nunca. No creo que mi poder esté relacionado con la magia de tiempo. Estoy casi convencido de que es de magia de espacio. Al menos eso es lo que creo después de los extraños sucesos que he experimentado».
«¿A qué te refieres con extraños sucesos? ¿A lo que te ocurrió cuando estabas muy enfermo?».
«Sí, a ese momento en concreto. Pero también a otros que han ocurrido con anterioridad. Hubo una situación cuando luchábamos contra los gryphos en la que sucedió algo raro. Acorté espacio de una forma que no debería de ser posible».
«Acortar espacio es posible usando un portal».
«Y ahí está justo el problema. Que yo no utilicé uno».
«Te entiendo…».
«Voy a seguir el consejo de Garran-Zilar-Denbo y trabajar en mi poder interno. Al menos me da algo que hacer aquí abajo».
«Me parece una gran idea. Si necesitas mi ayuda para lo que sea, aquí estoy. Ya sabes que siempre estoy de tu parte y lista para ayudarte».
«Gracias, Aroa. Que estés siempre a mi lado apoyándome es una auténtica fortuna».
«La afortunada soy yo de estar con alguien tan especial».
Aroa sonrió.
Eki no se sentía para nada especial y se volcó de inmediato en su magia interior. Cerró los ojos y buscó su energía. La sintió latir en su interior como un pulso de plata. Seguía allí, intacta.
Garran-Zilar-Denbo tenía razón. El collar no anulaba su poder por completo, solo evitaba que se ejecutara hacia el exterior.
Trabajaría cada día en aquella magia interior.
Una idea se iba formando en su mente. Cuanto más pensaba en sus extraños incidentes mágicos, más fuerza cogía la idea.
Quizás su poder pudiera servir para algo después de todo.