Tiempos oscuros (La senda de los dragones 9) Capítulo 11
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Capítulo 11

Las Panteras se reunieron con Gustanson, el comandante al mando del refugio en las Montañas Inalcanzables, aunque Gerd se quedó en la entrada con Camu, Ona y Argi.

El capitán les había recomendado que se quedaran allí porque, de entrar, sobre todo Camu, crearía una situación de terror entre los refugiados.

Camu lo entendió y Gerd se ofreció a quedarse con ellos.

—Gracias por vuestra ayuda en la defensa de la entrada este. Erelsen ya me ha contado todo lo sucedido —saludó Gustanson, un veterano militar del oeste, fuerte, de barba y pelos canosos y ojos claros y experimentados.

—Somos guardabosques norghanos, siempre estamos dispuestos a defender nuestra tierra de todo enemigo —respondió Ingrid.

El comandante asintió.

—El enemigo del que tenemos que defendernos es terrible y nos ha condenado a la oscuridad, como podéis apreciar —Gustanson señaló a su alrededor.

Estaban en una caverna muy profunda en el interior de las montañas y solo un par de antorchas la iluminaba. Junto con el comandante había varios oficiales, todos de aspecto curtido y con marcas en rostro y manos.

—Son tiempos sombríos —añadió uno de sus oficiales—, como los que en Norghana no se han vivido en mucho tiempo.

—Muy cierto —convino Ingrid.

—Habéis venido en misión oficial, por lo que me ha dicho el capitán.

—Nuestra líder, Sigrid, nos ha enviado a recabar información sobre el estado de los refugios en el norte.

El comandante se quedó pensativo un momento, con expresión muy grave.

—La situación, como habéis podido comprobar, es grave. Vivimos condenados a la reclusión y ya no somos el pueblo de las nieves, sino un pueblo que se esconde en el interior de las rocas de sus grandes montañas para no ser devorado. Aun así, aguantamos, y eso creo que es una victoria en sí misma.

—Aguantaremos. Somos soldados del oeste y no dejaremos que nuestras gentes mueran —aseguró otro de los oficiales.

—¿Del oeste? —preguntó Lasgol.

Gustanson asintió.

—La mayoría de los soldados y refugiados que hay en las dos cordilleras del norte proceden del oeste del reino. Las gentes del sur y el este se refugiaron en la cordillera del este, en las Montañas de Naciente.

—Una división no demasiado equitativa —apuntó Viggo con ironía en el tono—. La cordillera del este está más cerca y es más accesible.

Los oficiales miraron a Viggo con ojos que intentaban dilucidar si estaba siendo irónico o se mofaba de ellos.

—Los hombres del oeste siempre hemos tenido que vivir y luchar en desventaja.

—Eso lo sabemos bien —intervino Lasgol antes de que Viggo dijera alguna cosa que enfadara a los oficiales del oeste.

—¿Lo sabéis? Sois guardabosques… —se extrañó otro de los oficiales.

—Somos guardabosques y amigos de Egil Olafstone.

—¿Sois amigos del rey verdadero? —se sorprendió el comandante.

—Lo somos —le aseguró Lasgol.

—Hemos luchado junto a él —añadió Ingrid.

—Se dice que sigue vivo. Hay rumores de que está lejos de aquí, en el mundo de los dragones —confió Gustanson.

—Y así es —confirmó Lasgol.

—Entonces… vive.

—Vive, y un día regresará para reinar —aseguró Lasgol.

—Si es así, debéis hablar con los nobles del oeste que se refugian aquí. Estoy seguro de que estarán muy interesados en conocer esta verdad.

—Hablaremos con ellos —aceptó Lasgol.

—Contadnos primero cuál es la situación del refugio —pidió Ingrid.

—Al igual que nuestros compañeros en las montañas más al sur, andamos muy justos de provisiones, pero nos las arreglamos. Tenemos caza, tenemos pesca y la ayuda de los pueblos del Continente Helado.

Aquello interesó a Lasgol.

—¿Tenéis ayuda de Asrael?

—Así es, nos traen víveres, sobre todo pescado ahumado y congelado. Sus salvajes son tan fuertes que pueden transportar grandes cantidades de forma rápida. Tenemos establecidas unas rutas de aprovisionamiento con ellos.

—¿Cruzan en barcos? —se extrañó Ingrid.

—Tenemos dos rutas de abastecimiento primarias: una desde el norte, desde los territorios helados, y otra, en efecto, cruzando el Mar de Hielo desde el Continente Helado.

—Vaya, esas son muy buenas noticias —se alegró Nilsa.

—Lo son. Es curioso que durante tantos años hayamos sido enemigos y ahora que hay un enemigo más poderoso, nos unamos para hacerle frente porque es común.

—Así suele ser. La necesidad empuja a alianzas —reflexionó Astrid.

—¿Los dragones no han descubierto esas rutas? —preguntó Ingrid.

—De momento no, aunque envían patrullas de forma constante. Por fortuna, los Arcanos de los Glaciares tienen una magia que, si bien no afecta a los dragones en sí, sirve muy bien para ocultar los convoyes de aprovisionamiento.

—¿Qué magia es esa? —quiso saber Nilsa.

—Una especie de neblina que al principio era de color azulado y ahora han transformado en color hielo. Cubre por completo a las expediciones y los convoyes, con lo que los dragones que sobrevuelan la zona no los pueden ver.

—El viejo Asrael es muy zorro —comentó Viggo.

—El líder de los pueblos del Continente Helado es sabio y bueno —afirmó Lasgol—, y tenerlo como aliado es una ventaja enorme. ¿Se sabe si la hueste los está atacando a ellos también?

—Por lo que nos han dicho, así es, tienen problemas. Pero, a diferencia de nosotros, como ellos viven en el interior de glaciares y bajo la tierra helada, soportan mucho mejor el asedio al que estamos sometidos todos.

—Cierto, los pueblos del Continente Helado siempre han vivido refugiados en el hielo para sobrevivir a las terribles temperaturas de su tierra —comentó Lasgol—. Además, imagino que los dragones no están muy contentos con las inclemencias del tiempo en ese continente.

—A los dragones no les gusta el frío, ni siquiera el de estas montañas. Los ataques que hacen son bestiales pero cortos —explicó.

—Bueno es saberlo, una ventaja que debemos explotar —señaló Ingrid.

—Y lo hacemos. El problema es que tarde o temprano conseguirán entrar por una de las bocas o crear una nueva. Necesitamos más sustancia dorada para poder rechazarlos una vez entren. Ese es quizá el problema más crítico que nos amenaza ahora mismo.

—Entiendo. Si entran las trampas de fuego o roca solo conseguirán retrasarlos. Al final os matarán —dedujo Lasgol.

—Transmitiremos tu preocupación y la situación que aquí se vive a nuestra líder —prometió Ingrid.

—Gracias. Esperemos que se encuentre alguna solución.

Conversaron un rato más sobre la situación del refugio y los miles de norghanos que allí sobrevivían escondidos.

El comandante los acompañó para que lo vieran.

Este era mucho mayor que el de las Montañas Eternas y también tenía más refugiados.

Al igual que en el otro, todos trataban de trabajar en lo que fuera, aportando su grano de arena para sobrevivir.

Gustanson comentó que trabajaban en su mayoría en conseguir alimento, poniendo en riesgo sus vidas, sobre todo las partidas de cazadores.

Las partidas no contaban con la neblina que cubría los convoyes ni con ningún Mago de Hielo que les diera soporte, así que arriesgaban más.

—Somos amigos de Asrael. Podemos pedirle que ceda algunos Arcanos de los Glaciares para que os ayuden a camuflar las partidas de caza y pesca —propuso Lasgol.

El comandante se detuvo y lo miró a los ojos.

—Si consigues que nos cedan unos magos que nos cubran sería importantísimo, tanto para nosotros como para el refugio de las Montañas Eternas, donde solo hay un Mago de Hielo.

Lasgol asintió.

—Hablaremos con Asrael y le pediré ayuda.

—Todo este refugio te lo agradecerá.

Lasgol miró a todos los civiles amontonados en las cavernas, buenos norghanos, mujeres, niños y hombres que no merecían aquella mala fortuna y que no sobrevivirían si no conseguían ayuda. Se prometió a sí mismo que no dejaría que aquellas buenas gentes murieran.

El comandante los llevó a ver a los nobles del oeste que estaban en el refugio. Lasgol reconoció de inmediato al conde Malason y al duque Erikson, que salieron a recibirlo.

—Lasgol, ¿cómo estás? Me alegro mucho de verte —Malason lo sujetó de los hombros y lo miró de arriba abajo.

—Sigo de una pieza —Lasgol sonrió.

—Las famosas Panteras de las Nieves, aliadas del oeste —reconoció el duque Erikson.

—Por supuesto, el rey del Oeste es una Pantera de las Nieves —recordó Astrid.

—El rey del Oeste y el rey de toda Norghana —amplió el duque Erikson.

—Así lo es y así lo sentimos todos —afirmó Ingrid.

—Bueno, yo no estoy del todo convencido de que el sabiondo regrese a reclamar su reino —dejó caer Viggo con su habitual acidez.

—Por supuesto que regresará y por supuesto que será rey de Norghana, porque es su derecho y, sobre todo, porque se lo merece por todo lo que ha pasado —replicó Nilsa muy enfadada.

—Eso deseamos todos —se unió el conde Malason.

—Y para que eso suceda trabajamos todos —añadió el duque Erikson.

—¿Habéis sido contactados por Egil, por su red? —preguntó Lasgol.

—Somos parte de la red de Egil —confesó el conde Malason—, y estamos al corriente de su situación. Intentamos ayudarle.

—La comunicación es escasa, pero cuando llega con instrucciones nos ponemos a trabajar —explicó Erikson.

—¿Qué es lo último que sabéis? —quiso saber Lasgol.

—Hemos recibido noticias recientes —contó Malason—. Algo ha sucedido, algo ha cambiado. Egil nos pide que estemos preparados.

—Esas son buenas noticias —se animó Nilsa.

—Bueno, también podría ser que lo fueran a ejecutar —comentó Viggo.

—No lo van a ejecutar, merluzo —corrigió Ingrid.

—Lo único que sabemos es que algo sucede, que algo ha cambiado. Estamos esperando instrucciones —explicó Malason.

—La red está atenta y en cuanto tengamos cualquier petición nos pondremos manos a la obra. Que estemos aquí no quiere decir que nuestros agentes no estén ahí fuera —matizó el duque Erikson.

—Me alegra saber que la red sigue intacta —reconoció Lasgol.

—Egil eligió muy buenos agentes y espías. Ni siquiera los dragones han sido capaces de eliminarlos. Están ahí fuera o aquí dentro, en nuestro caso, listos para liberar al rey —afirmó Erikson—. Y cuando llegue el día le devolveremos la corona.

—Ese día llegará —sentenció Ingrid convencida.

Descansaron un día entero en el descomunal refugio y al día siguiente partieron de regreso al campamento. Tenían mucho de lo que informar y debían pensar en su siguiente plan de acción.