Tiempo Límite 64
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De repente, un destello violento de luces de xenón me corta la respiración por el espejo retrovisor izquierdo.

Un todoterreno negro de Barcino emerge de la nada por la calle Balmes, saltándose el cruce a oscuras de forma temeraria.

No intenta cerrarme el paso de forma sutil; el conductor busca la destrucción física de la moto.

El morro del vehículo impacta con un golpe brutal contra el eje trasero de mi BMW GS. ¡CLANG!

El latigazo lateral es espantoso. La rueda trasera de la moto pierde tracción, levantándose del suelo unos centímetros mientras el chasis empieza a zigzaguear en un violento efecto de vibración que amenaza con lanzarme por encima del manillar a más de cien kilómetros por hora.

Aplico doctrina de conducción evasiva extrema: no toco el freno delantero, clavo las botas contra las estriberas para bajar el centro de gravedad y mantengo el puño del gas abierto a tope para forzar a la rueda trasera a recuperar la tracción por pura fuerza del motor.

La BMW ruge, el neumático trasero muerde el asfalto de nuevo levantando una cortina de humo negro y logro estabilizar la máquina sobre dos ruedas a escasos centímetros del bordillo de la acera peatonal. El todoterreno vuelve a acelerar, pegándose a mi parachoques para el segundo impacto.