Tiempo Límite 62
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Barcelona se está muriendo de verdad a mi paso.

El caos circulatorio estalla en mitad de la madrugada.

En el cruce con el Paseo de San Juan, un camión de reparto de pescado frena a la desesperada al encontrarse con una intersección a oscuras, patina de lado y se empotra lateralmente contra una furgoneta de panadería en un estruendo brutal de metal retorcido y cristales rotos.

Las alarmas de los comercios y las sucursales bancarias de la zona empiezan a saltar al unísono, activadas por la caída súbita de la red eléctrica, conformando un coro ensordecedor de sirenas de alta frecuencia que retumba en las fachadas de los edificios modernistas.

Es el colapso total de una metrópolis. Cruzo entre los coches cruzados y los conductores que bajan gritando a la calzada, usando la agilidad de la BMW para saltar sobre las aceras peatonales y esquivar los atascos nocturnos que empiezan a taponar la calle.