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Meto la llave de acero inoxidable en el contacto de la potente motocicleta.
La pantalla TFT del cuadro de mandos se enciende al instante con un destello azul de alta resolución, reflejando el estado óptimo de los sistemas del motor.
El propulsor ruge con un bramido grave, profundo y lleno de caballos de potencia que hace temblar las chapas verdes de la cochera desierta.
Justo cuando voy a pasar la pierna por encima del asiento de cuero, el teléfono móvil blindado de Quim que llevo en el bolsillo del chaleco empieza a vibrar con una intensidad salvaje.
Acerco el teléfono a la oreja izquierda en absoluto silencio, conteniendo la respiración mientras mantengo la moto al ralentí en la cochera del Poblenou. No emito una sola palabra.
— Santos, responde —la voz que entra por el auricular es la de un hombre joven, precisa, cargada de una frialdad y una soberbia corporativa insoportables—.
Nuestros ingenieros informáticos acaban de aislar las últimas subestaciones de la calle Mallorca.
El puente digital de Sants está comprometido.
Cerrad el perímetro completo del Poblenou de inmediato.
Iniciamos la fase final del Protocolo de Apagón masivo en los servidores centrales de transporte en exactamente quince minutos.
El receptor emite un pitido de confirmación robótico y la línea se corta con un chasquido sordo de la red.
Miro fijamente la pantalla parpadeante de mi propio terminal, acoplado de nuevo junto a mi pecho.
Entre mis piernas, el marcador digital del maletín de titanio destella en un tono naranja radiactivo que entra en su recta final más agónica.
Los números fijan la cuenta atrás de forma implacable, marcando la frontera psicológica de la hora cero: 025:00.
El reloj entra en sus últimos veinticinco minutos de juego. El líder informático del Proyecto Barcino va a estrellar los trenes de la madrugada si no cruzo la ciudad a la velocidad de la luz.
Pego un pisotón a la palanca de cambios, metiendo primera. La BMW GS muerde el asfalto del pasaje del Poblenou con un derrape salvaje y salgo disparada hacia la calle Llacuna, iniciando la carrera definitiva cruzando el reverso oscuro de Barcelona.