37
—¡Mía! ¡Mía! ¡Contesta, por el amor de Dios!
Golpeo con rabia el lateral de mi monitor central.
La pantalla escupe una línea de píxeles muertos, pero la estática del canal de radio no cesa.
El Skoda Octavia clonado se ha metido de lleno en el sector ciego del Carmel.
El mapa topográfico de Barcelona muestra ese cuadrante en un gris opaco, una zona muerta de telecomunicaciones donde el Proyecto Barcino ha derribado los repetidores municipales.
Estoy completamente a oscuras. He perdido el control de sus semáforos, de sus cámaras de seguridad y de su voz.
—Piensa, Marc, piensa —me muerdo el labio inferior hasta saborear el hierro de la sangre, aporreando las teclas del terminal secundario.
Intento forzar el sistema de posicionamiento del vehículo. Si consigo inyectar una orden de administrador desde el nodo de la central de tráfico, quizá pueda tomar el control del sistema de navegación o forzar una detención de emergencia.
SYS_ADMIN//OVERRIDE_VEHICLE_ID_9821LMX...
EXECUTING PING...
COMMAND BLOCKED: FIREWALL_BARCINO_v4.0
Un cartel rojo gigante inunda mi pantalla.
El cortafuegos corporativo del 22@, el distrito tecnológico de Barcelona, rechaza mi comando de entrada con una velocidad insultante.
Vuelven a rebotar mis códigos. Los ingenieros informáticos de la empresa están monitorizando mis movimientos desde su central; se están burlando de mí en mis propias pantallas.
Me quedo quieto en la silla, sintiendo el peso de la impotencia aplastándome el pecho. Mía está en mitad de la noche, herida, desconfiando de mí por culpa de las mentiras de ese limpiador, y yo me acabo de quedar completamente ciego. No hay nada que pueda hacer para avisarla.