Tiempo Límite 13
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—Te tengo otra vez, Mía —la voz de Marc suena aliviada por primera vez en varios minutos—. He recuperado la señal de las cámaras de tráfico de la zona. Estás en la acera del hospital, ¿verdad?

—Sí, y no va a durar —respondo, sin aliento, buscando un hueco entre las baldosas para volver al asfalto—. El todoterreno sigue detrás.

—Escúchame bien —el tecleo de Marc suena distinto, más rápido, casi frenético—.

El Proyecto Barcino no solo controlaba las cámaras y los cierres del hotel.

Tiene acceso al sistema de navegación asistida de los vehículos de la zona: GPS, asistente de carril, frenada de emergencia.

Todo. Si tu perseguidor lleva un modelo con conectividad, Barcino sabe exactamente dónde está en cada momento, igual que yo sé dónde estás tú.

—Genial. Entonces estamos jodidos.

—No necesariamente —algo en su voz cambia, se afila—. Si ellos pueden usar la red contra ti, yo puedo usarla contra ellos. Sal a la calzada. Necesito que estés en línea recta durante cinco segundos.

—¿Qué vas a hacer?

—Confía en mí.

Salto de nuevo el bordillo, de vuelta al asfalto, justo cuando el todoterreno reaparece por mi flanco derecho, ganando velocidad para embestirme de lleno esta vez.

El paseo se abre ancho y recto ante mí, flanqueado por los bolardos retráctiles que separan el carril de los veleros amarrados en el puerto.

—¡Ahora, Mía, agárrate fuerte!

Un chasquido hidráulico, grave y mecánico, retumba en el asfalto, y los bolardos de acero que bordean el paseo emergen del suelo en una fracción de segundo, uno tras otro, como una hilera de dientes metálicos que rompe la superficie lisa de la calzada.

El todoterreno no tiene tiempo de reaccionar: el primero de los postes impacta contra el lateral del capó con un estruendo de metal retorcido, el radiador revienta en una nube de vapor blanco y el vehículo se empotra contra el siguiente bolardo, quedando encajado entre dos postes como un animal atrapado en una trampa.

Acelero sin mirar atrás, con el corazón todavía disparado.

—Uno fuera —dice Marc, y por primera vez detecto algo parecido a una sonrisa en su voz—. Pero solo era el primero, Mía. El segundo todoterreno sigue detrás de ti, y ese no va a caer en el mismo truco dos veces.