Tiempo Límite 06
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Tengo los ojos inyectados en sangre. El brillo de las treinta pantallas gigantes del Centro de Control de Tráfico de la calle Mallorca me está quemando las retinas, pero no puedo parpadear. Si parpadeo, ella muere.

Frente a mí, el mapa digital de Barcelona parpadea, y una alarma roja inunda mi monitor secundario: el nodo de comunicaciones del Hotel W se acaba de caer. Alguien ha cortado los cables repetidores desde dentro. Los hilos del Proyecto Barcino, otra vez.

Mi contacto ya está muerto, lo sé, pero antes del apagón, las cámaras de la suite me habían mostrado algo que no entraba en mis planes: una chica con una chaqueta reflectante rígida de reparto está dentro de la habitación, con el maletín de titanio metido en la mochila.

Es una civil. Una maldita repartidora que ha entrado por azar en mitad de mi guerra de venganza.

Los trajes negros están a tres metros de la suite. Van a entrar a matar, y no pienso cargar con otra muerte en mi conciencia. No después de lo de mi hermana.

Tumbo los protocolos de seguridad de la red de telefonía local, localizo el terminal de la chica y fuerzo la apertura de su altavoz a distancia. Me acerco el micrófono de diadema a los labios. Me tiembla la voz, pero le grito con toda la autoridad que me queda:

—Soy el único que te puede sacar viva de ahí. ¡Al suelo ahora mismo si quieres conservar la cabeza!