Capítulo 54
Solo me importas tú
Solo veía sus ojos, rogándome, reclamando mi presencia.
Su cuerpo en guardia, como si esperara que un ejército se interpusiera en mi camino. Lo haría. Sé que lo haría. Se interpondría ante cualquier peligro que me acechara.
Y ahora era yo quien le traía el peligro. Una advertencia que le rompería. Dudé… dudé en contárselo.
Nita, su única hermana, el pilar al que se aferraba cuando la flaqueza la invadía. No lo creería. No lo iba a aceptar hasta tener pruebas.
Si se lo ocultaba… estaría mintiendo. Para protegerle.
Exactamente lo mismo que él había hecho conmigo al ocultarme la información sobre Celia
Me sonreía apenas desde los pies de la escalinata y yo no quise tener prisa. Me aferré a la barandilla dorada con fuerza. No… no era el momento.
Pero tampoco sabía seguir sosteniendo aquel silencio.
Me acerqué a él con urgencia, apoyando mi cabeza sobre su fuerte pecho. Sus brazos me recogieron y su boca besó mi pelo.
—Estoy aquí, Marina. Siempre.
Le entregué todos los papeles, el portátil, el USB… pero la nota de Julián continuó en mi bolsillo, paciente, pero no olvidada.
Quique llamó a Javier, que en segundos estuvo a las puertas del banco, alarmando con la sirena.
—Vamos, entra.
Quique se sentó a mi lado en el asiento de atrás. No abrió ninguna carpeta, no miró ningún papel, solo me abrazó durante el trayecto hasta la comisaría.
Bajó del coche sin dejar de mirarme.
—No te preocupes, Marina. Javier te llevará a casa del abuelo. Yo iré cuando todo esto se clarifique.
La puerta se cerró y Quique desapareció tras ella; la nota seguía en mi bolsillo.