Capítulo 53
Si, no, tal vez …
Tardaba. Tardaba demasiado.
Me debatía entre sacar la placa y entrar o llamarla por teléfono. No. Tenía que darle su tiempo.
Tardaba.
Pensaba que la había menospreciado… y no era así; solo intentaba protegerla de una información que carecía de relevancia.
¿Y qué importaba? La había herido igual. Le había ocultado algo importante… y no me lo perdonaría.
Siempre había sido así con ella. Querer protegerla… y terminar enfadándola. Como si el instinto de mantenerla a salvo y el de no perderla estuvieran condenados a chocar una y otra vez.
No podía apartar la mirada de aquella escalinata blanca, esperando verla aparecer en cualquier momento.
Tardaba.
La gente pasaba a mi alrededor sin detenerse: compras, turismo, estudiantes de Erasmus… vidas enteras sucediendo cerca. Todo seguía su curso. Menos mi tiempo.
Me di cuenta de que estaba contando los segundos sin querer. Midiendo la espera como si cada minuto sin verla fuera una pequeña derrota.
Habíamos llegado juntos hasta aquí… y ahora lo había estropeado. Me sentí estúpido. Impotente. Incapaz de hacer lo único que de verdad deseaba: entrar ahí dentro y acompañarla, solo eso.
Porque, si algo tenía claro, era que no sabía cómo iba a terminar todo esto… pero sí sabía una cosa con absoluta certeza: no pensaba dejar que lo afrontara sola.
Apreté los puños dentro de los bolsillos del abrigo.
Sal ya, Marina. Por favor.