Tiempo bordado en hilos de espolín Capítulo 51
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Capítulo 51

Todo lo oculto sale a la luz.

Mis manos sujetaban con fuerza la fría caja de metal mientras mi mente trataba de centrarse.

Estaba enfadada… muy enfadada con Quique. ¿Qué creía ese hombre, que era una muñequita de porcelana? ¿Que no podía asimilar los hechos? ¿Quién le había dado derecho a decidir por mí qué podía saber y qué no?

Traté de apartar la inesperada confesión y relegarla, al menos hasta volver a hablar con Quique.

Al fin y al cabo, aquello era mi legado, mi destino… y ahora… tenía que enfrentarme de golpe a lo que podía ser la detención de mi propia madre.

Todo lo demás podía esperar.

Suspiré sonoramente, y aunque mi mente quería averiguar la verdad, mi cuerpo estaba paralizado.

La llave giró entre mis dedos con un clic suave que resonó en mi cuerpo como un tambor. Clic. Y la caja se abrió.

Papeles, carpetas, un USB, un portátil.

Hojeé algún papel que otro, los pasé rápido buscando un solo nombre: el de mi madre…

Pero una nota cayó al suelo. Era un recorte de libreta y la letra… sí, conocía esa letra. Era de Julián.

Desdoblé aquella nota escrita a bolígrafo, con el peso del recuerdo del fallecido sobre mis hombros:

«Cuidado con la hermana de tu novio, Elena, está pasando información a los Pérez Navas».

Leí y volví a leer.

No. No. No.

Ya no quise saber más.

Un nudo incómodo, una lágrima rodando por mi mejilla, un peso que me impedía respirar.

No. No. No.

Recogí todo y salí, buscando a la única persona que me podía dar seguridad: Quique.