Tiempo bordado en hilos de espolín Capítulo 49
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Capítulo 49

El olor del miedo

En la casa familiar de los Pérez Navas algo se estaba rompiendo. Se podía sentir, se oía e incluso se olía.

Nita y Olivia observaban ocultas desde la habitación entreabierta.

En el pasillo el ir y venir era constante: papeles, maletas, carpetas abiertas, cajones volcados.

La voz de don Jesús estallaba a gritos.

Celia daba órdenes sin pausa.

Jesús junior respondía con palabras malsonantes que rebotaban contra las paredes.

Nadie hablaba en voz baja.

Nadie parecía tener tiempo para pensar.

La chimenea encendida escupía incandescentes pavesas que volaban por el salón y se depositaban sobre el frío mármol, restos de lo que habían sido papeles que delataban sus delitos.

El humo ascendía por el hueco de la escalera en remolinos grisáceos. El aire, de un aroma picante y resinoso, llegaba hasta Nita y Olivia, que en silencio eran testigos de la desesperación y el miedo.

No se atrevían siquiera a hablar. Solo sus miradas lo decían todo.

Los Pérez Navas preparaban su huida. La caja fuerte había sido violada y la caja de Pandora estaba abierta. Olivia temblaba de miedo. Los gritos e improperios llegaban altos y claros.

—¿Cómo se ha atrevido? Tenía que haberla echado de casa cuando se acostó con el desgraciado de mi primo.

—Papá, eso ya no importa.

La voz de Celia se impuso con fuerza.

—Ahora lo que importa es salir de esta. Tenemos que largarnos echando mistos.

—¿Dónde cojones están los pasaportes?

—¡Jesús, ya te he dicho que en algún cajón del tocador del cuarto de matrimonio!

—¡No! Joder… no están.

—¡Vuelve a buscar! Eres un inútil. No encontrarías la cabeza en tu cuerpo.

—¡La muy zorra! ¿Cómo se ha atrevido?

—Ya está bien, papá. Tenemos que coger lo justo e irnos a Panamá.

—Mierda, Jesús, encuentra los pasaportes. ¡Ya!

Nita abrazaba a Olivia, que se tapaba la boca con la mano para no gritar. No eran capaces ni de moverse para no delatarse. Ni siquiera podían acercarse a los móviles para alertar a Quique y Marina.

¿Qué podría pasar si las descubrían?

Nadie sabía que estaban allí. Nadie las vio entrar. Pero cualquier movimiento…

—¡Los pasaportes no están, joder!

—¡Busca en todos lados, inútil!

—No puedo creer lo que está pasando… Menuda zorra.