Tiempo bordado en hilos de espolín Capítulo 46
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Capítulo 46

La extraña tienda de animales

Me desperté descansada, con la extraña sensación de que todo a mi alrededor ocupaba el lugar preciso.

Me giré y Quique estaba a mi lado, dormido sobre la colcha.

Parecía relajado, pero una pequeña arruga entre sus ojos delataba que no dejaba de estar en alerta, como si el peligro pudiera acechar en algún rincón de la noche profunda.

Su brazo sobre mi cintura, protegiéndome, guardándome durante el sueño, convirtió mi despertar en una felicidad serena, completa.

Me acerqué a su boca y lo besé suavemente.

Solo un instante.

Un roce leve, liviano.

Él se movió despacio, aún a medio camino entre el sueño y la vigilia, y respondió al beso con una lentitud cargada de intención. Sus labios buscaron los míos con más firmeza.

Apartó la colcha y se giró hacia mí, atrayéndome. Su calor me envolvió de inmediato.

Sus manos recorrieron mi espalda con una mezcla de cuidado y deseo que me hizo contener la respiración.

Sus besos sobre mi piel despertaron el resto.

Su urgencia me hizo sentir única.

Su cuerpo dentro del mío, fuerte y profundo, me hizo estallar en mil maneras.

Me sentí poderosa.

Dueña y señora de aquel cuerpo que respondía al mío sin reservas.

Y tomé las riendas.

Cabalgué sobre su cintura, marcando el ritmo, hasta que su cuerpo terminó rindiéndose al mío, mientras le pedía que me llamara por mi nombre.

—Marina.