Tiempo bordado en hilos de espolín Capítulo 18
38%

Capítulo 18

Eloy

Nita no dejaba de hablar, haciendo conjeturas sobre lo que podría encontrar dentro de la caja, sobre mi relación con Quique y sobre su abuelo y Carmela.

Su voz era constante, un hilo que acompañaba el paso del tiempo, mientras Quique le seguía la corriente y, entre cafés, se nos iba pasando la tarde.

De reojo, Nita miraba la caja que había permanecido a mi lado toda la tarde. Sentía cada gramo de su peso parecía que me llamara en su silencio, era perfectamente consciente de su presencia, pero aun así…

Esta tercera caja era diferente, sobre todo después de lo ocurrido aquel día.

Eloy… El nombre estaba escrito en la tapa con la caligrafía perfecta de mi yaya, negra sobre pétalos azules y ramitas verdes.

No era una caja solo para mí. Eloy era tanto mi tío como lo era de Quique y de Nita. No podía dejarlos al margen.

Y, aun así, seguía sin abrirla. Un escalofrío recorría mi espalda cada vez que pensaba en lo que podría contener; miedo ante lo desconocido, ante la certeza de que todo podía cambiar.

¿Había sabido Carmela que Enrique era el abuelo de Nita y por eso le dejó la caja?

¿Para que ellos descubrieran también a su tío?

¿O simplemente el destino había decidido que todo coincidiera ahora?

Solo éramos piezas de una dramática partida de ajedrez.

—Marina cariño, ¿vas a abrir esa caja pronto? ¿O la abro yo misma?

Se me erizó el vello y sentí la boca seca. Miré la caja. Nita y Quique me observaban, expectantes, esperando mi reacción.

—Tranquila, Marina —dijo Quique, tomando mi mano y girándome la cara para que le mirara a los ojos—. No hay prisa. Puedes abrirla cuando quieras; es tuya. Nosotros te ayudaremos en lo que necesites. ¿Verdad, Nita?

Sus ojos pardos, fijos en los míos, transmitían seguridad y calma.

Entonces lo comprendí. El príncipe Edward renacía en Quique, y yo era ahora el hada Margarita. Sangre de la sangre de los que amaron antes que nosotros, con un amor heredado, inscrito en nuestros genes, predestinado o quizá llamado a renacer de nuevo.

—La abriré con vosotros. Ahora sois parte de esta historia; os pertenece tanto como a mí. Eloy es vuestro tío tanto como mío, y parece que esta caja está dedicada a él.

—Buena decisión, niña —dijo Enrique, apareciendo en el salón tras su siesta, con el pelo revuelto y la bata de cuadros atada a la cintura—. ¿Me permites a mí también estar presente? Al fin y al cabo, es mi hijo.

Abrí la caja despacio. El silencio se había vuelto denso, casi palpable, envolviéndonos y uniendo nuestras miradas en un mismo objetivo: conocer a Eloy.

Pegada a la tapa estaba la sempiterna carta de Carmela; la aparté con cuidado. Había un sobre con fotos que aún no quise abrir, un parte médico —¿qué pasaría con su salud?— y una tarjeta de una tienda de animales en color verde que parecía estar totalmente fuera de lugar.

Nita cogió la tarjeta y leyó:

Koko

Tienda y peluquería de animales.

Todo para tu mascota: piensos, premios, correas y complementos.

Calle de Ernesto Anastasio, 15

El Cabanyal, Valencia

Tlf. 9637558705

—¿Qué se supone que es esto?

La tarjeta era antigua, con las marcas blancas de los pliegues acumulados a lo largo del tiempo.

—No sé, Nita. Quizá fuera su negocio.

—No lo creo —dijo Quique, sosteniendo el informe—. Parece que está enfermo.

Nos acercamos los cuatro al papel que Quique dejó sobre la mesa. Él comenzó a leer en voz alta:

INFORME CLÍNICO

Servicio de Hematología y Hemoterapia

Hospital Clínico Universitario de Valencia

Paciente: Alberto Pérez Navas y Vivons

Edad: 61 años

Sexo: Masculino

N.º de Historia Clínica: 24.587/HPV

Fecha de emisión: 12/09/2025

Motivo de consulta

Valoración de candidato para trasplante de progenitores hematopoyéticos alogénicos por leucemia mieloide aguda en recaída.

Antecedentes personales relevantes

Hipertensión arterial esencial (diagnosticada 2015), en tratamiento con enalapril.

Hipercolesterolemia leve, en seguimiento.

Exfumador (índice acumulado 20 paquetes/año).

No alergias medicamentosas conocidas.

Antecedentes familiares

Padre desconocido

Madre biológica viva, desconocida para el paciente (adopción al nacer).

Historia de la enfermedad actual

Paciente diagnosticado en febrero de 2022 de leucemia mieloide aguda (LMA, subtipo M2 según FAB). Se realizó tratamiento de inducción con quimioterapia y dos ciclos de consolidación. En mayo de 2024 se documenta recaída hematológica. Actualmente presenta enfermedad refractaria.

Exploración física

Estado general conservado. Palidez cutáneo mucosa. No adenopatías palpables. Esplenomegalia de 3 cm bajo reborde costal.

Pruebas complementarias

Hemograma: Hb 7,8 g/dL, leucocitos 32.500/µL (65 % blastos), plaquetas 42.000/µL. Médula ósea hipercelular, 70 % blastos. Cariotipo: alteración compleja. PCR: mutación FLT3-ITD positiva.

Diagnóstico

Leucemia mieloide aguda en recaída/refractaria. Indicación de trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos.

Plan terapéutico

Ingreso programado, búsqueda de donante HLA idéntico, profilaxis antiinfecciosa, transfusiones según necesidad.

Médico responsable: Dr. José Javier S. Lluch

—Está enfermo —afirmé, con la voz apenas audible—. Tiene leucemia, por Dios.

Un reloj imaginario comenzó a marcar cada segundo en mi cabeza, como una cuenta atrás silenciosa.

—¿Qué nombre has dicho?

Enrique estaba pálido. Su piel había perdido todo color; un tono verdoso se apoderó de él, y se llevó las manos a la cabeza. Sus ojos entrecerrados buscaban sostén en la realidad.

—Abuelo, ¿estás bien? ¿Qué ocurre?

—Repite el nombre —pidió, tembloroso, mientras Quique le acercaba el informe.

—Aquí —dijo Quique—: Alberto Pérez Navas y Vivons.

Enrique se levantó del sillón y comenzó a caminar sin rumbo por el comedor. Sus movimientos eran torpes y desordenados; parecía contrariado y desolado. Los tres lo mirábamos, en silencio, atentos a cada gesto, esperando una explicación que no llegaba.

—Todo este tiempo y no lo vi… no es posible. ¿Qué juego es este, Carmela?

Hablaba solo, buscando respuestas que nadie podía darle. Pero ¿a qué?

Se sentó de repente y tomó el sobre con las fotografías. Las pasó con rapidez, y las lágrimas pudieron más que su voluntad. Repetía una y otra vez:

—Todo este tiempo y no lo vi.

—¿No viste el qué, abuelo? —preguntó Nita, ansiosa por una respuesta.

Quique cogió las fotografías y señaló con el dedo:

—Este, ¿no es mi padre?

—Sí, lo es, hijo. Y este, el de al lado, es Alberto, mi otro hijo… vuestro tío.

Enrique nos contó cómo había conocido a Alberto desde que era un bebé, pero que nunca supo que era su hijo biológico; cómo había visto a ese niño crecer sin poder abrazarlo y gritarle que él era su padre.

Estaba atribulado; su confusión se tornó en pena, y esta en rabia hacia el tiempo perdido, el destino cruel y en resentimiento hacia Carmela.

—Tiene unos buenos padres, hemos sido buenos amigos toda la vida; ellos ya no viven.

Una luz se encendió de pronto en su cabeza y se reflejó en su rostro, devolviéndole su color original.

—Pero estoy yo. Tenéis que buscarlo; si necesita sangre o médula o lo que sea, estoy yo, su padre.

—Abuelo —dijo Quique—, no te preocupes, lo encontraremos. Llamaré a mis compañeros, nos ponemos manos a la obra inmediatamente.

—¡María!

Exclamó mientras las lágrimas corrían por sus mejillas

—Ella tuvo que saberlo, cuando Alberto ya era un hombre siempre me decía: «Este niño se parece tanto a ti».

Nunca entendí por qué lo decía, pensé que era una manía que le había entrado, pero cuando ya estaba muy mala, en su lecho de muerte me dijo: «Alberto eres tú».

No entendí nada y pensé que era la medicación y la fase previa a la muerte que le hacía ver y oír cosas que solo los que están cruzando el camino pueden oír y ver.

Pero no, quería decírmelo… demasiado tarde.

5.María

Querida hermana:

Cómo pasa el tiempo, ¿recuerdas cuándo me encargaste que cuidara del bienestar de Alberto?

Pues el tiempo ha volado, se ha instalado en nuestros huesos y ha hecho crecer a nuestros niños hasta que se han convertido en adultos.

Hoy mismo hemos ido a la Graduación de Alberto en la universidad, es un chico muy listo y a partir de ahora empezará a trabajar con su padre en la empresa.

Hace unos meses Alberto vino a comer a casa con Enrique y un amigo de ambos que se llama Luis; estaba sentado en la mesa junto a mi hijo y me quedé sorprendida del parecido entre ambos. No me pareció una coincidencia, era demasiado real como para no tenerlo en cuenta.

Unos días más tarde hablé con la madre de Alberto para sonsacarle información sobre los padres biológicos del chico. Ella solo sabía que su madre se llamaba Carmela y que vivía en la calle Salamanca, tenía esa información guardada en secreto en el fondo de su mente por si alguna vez hiciera falta.

Me puse a investigar, fui al barrio, pregunté y me contaron de que cuando era muy joven fue fallera mayor en la falla del barrio.

Volví a casa y busqué en ausencia de Enrique entre las fotos de los años previos al nacimiento del niño y ¡Ay, hermana!

, no te lo puedes imaginar, no solo encontré fotos de su madre, sino las cartas de amor que mi marido le escribió, incluso las de cuando estuvo ella embarazada y dejó al niño en adopción.

No tengo ninguna duda, pero tú puedes confirmármelo, aunque supongo que tú nada sabrás sobre el padre del niño. ¿Qué hago ahora, hermana? No quiero decírselo a Enrique; creo que sería perjudicial para ambas familias y el chico tiene mucho que heredar y gestionar, no seré yo quien se lo niegue.

Te mando una foto en la que el parecido es más que evidente pese al pelo rubio de Alberto.

Un abrazo muy grande de tus sobrinos, recuerdos de mi marido y un beso de mi parte.

Reza por mí, reza por mí omisión y para que el señor me guíe en este silencio.

Tú hermana que te quiere

María.

Mientras Quique intentaba consolar a su abuelo y Nita seguía con sus averiguaciones telefónicas, yo me quedé sola con las fotografías.