Capítulo 14 #2
Mientras caminábamos, mi mirada se perdía en la luz que se filtraba por los ventanales, dibujando patrones sobre el suelo.
Sentí un escalofrío: aquel lugar contenía historias, secretos y memoria, y yo estaba a punto de descubrir uno que me pertenecía.
Claudia caminaba a mi lado, absorta en sus propios pensamientos, y el murmullo de nuestros pasos parecía romper apenas el silencio respetuoso de los pasillos.
Cuando finalmente llegamos al archivo, la sala era grande y espaciosa con el peculiar aroma a madera recién lustrada y papel añejo.
Filas de estanterías se extendían hasta el techo, repletas de carpetas, cajas y legajos cuidadosamente etiquetados.
La encargada, una hermana de mediana edad con gafas de cristales gruesos y montura de pasta, colgadas al cuello, nos saludó con una sonrisa discreta.
—Buenos días —dijo—. Me han comunicado su visita. Díganme, ¿en qué puedo ayudarles?
Nos miró un instante, sin apenas levantar la cabeza del legajo que estaba leyendo.
—Buenos días, hermana. Yo soy Marina y esta es mi amiga Claudia.
Vengo en busca de un legado de mi yaya Carmela que, en 1964, ingresó en Fraisoro para pasar su embarazo.
Allí dejó a su hijo y un traje de valenciana de seda de gran valor, que donó para la manutención de su hijo, si fuera necesario.
Pero una hermana de la orden creyó que no lo era y lo custodió durante décadas, por si él lo necesitaba.
Sabemos que el centro casa cuna de Fraisoro pasó a manos laicas en 1980 y creemos que en esas fechas fue trasladado aquí, a la Casa de la Caridad.
—Jesús, María y José —dijo persignándose—.
¿Por qué iba a hacer eso una hermana? Semejante desobediencia le podría haber causado muchos problemas.
¡Ay, Señor! En fin, señoritas, podemos intentarlo.
Veo que es importante para ustedes, pero no prometo nada.
Quizá nunca llegó a la Casa o, con el tiempo, se perdió.
Si estuvo aquí, ha de quedar constancia: todas las donaciones importantes están archivadas por año y origen.
Podemos empezar por el año. ¿Saben el mes aproximado?
—No, hermana… —dije.
—Hermana Gloria del Señor, podéis llamarme hermana —dijo, sonriendo—. ¡Ja, ja, ja!
.
Buscamos y buceamos por archivos en el ordenador, pero no constaba una entrada en 1980 desde Gipuzkoa, Fraisoro. Decidimos pelearnos con el papel escrito, como se hacía antaño.
En la estantería de metal se apuntaban cajas polvorientas que, aunque cuidadas, acusaban el paso de los años.
Observé cajas de siglos pasados al principio del pasillo y, a medida que avanzábamos, las fechas corrían hacia el presente, como un viaje en el tiempo a través de la luz amarilla que iluminaba la sala.
Llegamos a una estantería donde el primer año fechado era 1970. Busqué más adelante, instintivamente, y vi una carpeta de anillas color tierra con el año 1980 pintado con rotulador negro en el lomo.
—¡Aquí! —exclamé.
La hermana Gloria, que andaba con dificultad unos pasos atrás, se puso a mi altura, alargó su corto brazo y, poniéndose de puntillas, sacó el archivador, provocando una pequeña nube de polvo que le hizo toser.
Volvimos a la primera sala, donde una mesa redonda llena de papeles e historia nos esperaba.
La hermana Gloria abrió el archivador por 1980: enero… febrero… marzo… abril…
—Aquí. —Se ajustó las gafas, puso el dedo sobre el papel y leyó—: Registro n.º 125 – Espolín de seda Valencia, fabricado por la casa Garín.
Donante: María Ferriols. 1. Recepción inicial – 11 de abril de 1980.
En Madrid, a las 10 horas del día 11 de abril de 1980, se hace constar que doña María Ferriols, residente en Valencia, entrega a esta Casa de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl un espolín tipo Valencia, fondo blanco con flores centrales en tonos rosa cereza y fresa, lirios anaranjados y flores azules, fabricado por la casa Garín.
El objeto se recibe en buen estado y se deposita en el almacén destinado a textiles donados.
Se deja constancia de su registro en el libro de donaciones, conforme a la normativa vigente.
Responsable de recepción: Hermana Isabel.
—Hermana Gloria, debe haber un error. El espolín no fue donado por una tal María, fue donado por la superiora de Fraisoro.
—Lo siento, hija, pero eso es lo que consta aquí y es lo que hay —dijo, levantando el archivo, y de él cayeron dos fotografías: una de mi yaya luciendo el traje con mantilla, un ramo de flores en la mano y una gran sonrisa que dirigía a la cámara.
No había duda: era el espolín que buscaba.
—Pero hay más… Qué interesante —dijo la hermana, acercando su cabeza al amarillento papel escrito a máquina—. Miren.
Nos acercamos, las tres cabezas formando un trébol, intrigadas y entusiasmadas con el hallazgo.
—Aquí, 1982. Identificación para futura donación papal – 1982. Se identifica el espolín como posible ofrenda ceremonial para la visita de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a Valencia. Responsable de inventario: Hermana Isabel.
—¿Fue donado al Papa? —pregunté en voz alta.
—Eso parece, hija, eso parece.
—Pero entonces… ufff, ¿qué hago ahora?
—Espera —me dijo la hermana—, hay otra anotación: 5 de octubre de 1982 – Traslado a la Casa de la Caridad de Valencia.
El espolín se traslada a la Casa de la Caridad de Valencia, en Paseo de la Pechina, 9, como futura donación al Papa Juan Pablo II.
Responsable del traslado: Hermana Isabel de Paul.
Recepción: Hermana Desamparados María de la Caridad.
—Valencia —exclamé—. La visita del Papa, claro.
—Entrega al Papa Juan Pablo II – 8 de noviembre de 1982. El espolín se entrega como ofrenda ceremonial. Responsable de la entrega: Hermana Desamparados María de la Caridad.
Antes de salir, me detuve frente a la capilla al final del pasillo. Su puerta entreabierta dejaba escapar un hilo de luz cálida y suave, proveniente de dos ventanas laterales en forma ojival con vidrieras sencillas.
Me arrodillé frente al altar. Las velas encendidas lanzaban reflejos temblorosos sobre los vitrales. Respiré profundo y, por un instante, sentí que estaba suspendida en el tiempo.
—Señor, gracias por ayudarme a encontrar lo que buscaba —susurré—. Ayúdame a seguir con mi legado, a entender lo que debo hacer en cada reto, a saber buscar dónde no se ve y a respetar siempre la memoria de quienes nos precedieron. Amén.